La ley de la gravedad

Con sus méritos, Gaizka Garitano ha convertido su renovación en un acto inevitable, de estricta justicia

La ley de la gravedad
efe
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

No es que con sus méritos Gaizka Garitano se haya ganado la renovación sino que la ha convertido en un acto inevitable. En este tema podemos decir que se ha producido una aplicación estricta de la ley de la gravedad. La misma fuerza que hace caer la manzana del árbol renueva a los entrenadores del Athletic que suman 32 puntos en 16 partidos. Esto sucede siempre, en cualquier circunstancia, pero no digamos nada cuando el equipo viene de sumar 11 puntos en las 14 primeras jornadas y en los corrillos rojiblancos empieza a oler a azufre. En fin, que Garitano se ha ganado a pulso su continuidad. Y no sólo eso. Con los resultados que ha conseguido se ha ganado también un lugar eterno en esa parte del corazón que los aficionados reservan a la gratitud. Habrá un día en el que las cosas se torcerán y el propio fútbol que ahora le ha coronado le condenará al exilio, pero ese sentimiento de deuda siempre quedará ahí.

A Garitano hay que agradecerle también que haya renovado por una temporada. Qué quieren que les diga. Me gustan los técnicos que renuevan año a año. Me parecen los más honestos y sólo a ellos les creo cuando hablan de ir partido a partido. Porque digo yo: si en el fútbol sólo existe el presente, si no hay futuro más allá de tres o cuatro días, ¿no es incongruente firmar contratos de larga duración? ¿Cómo casa eso -pienso en Simeone, por ejemplo- de no poder hablar de un partido muy importante para el que faltan dos semanas, como si fuera un sacrilegio y una falta de respeto al rival modesto contra el que juegas al cabo de tres días y, en cambio, sea perfectamente lógico y legítimo asegurarse un pedazo contrato que no concluirá hasta que las ranas críen pelo?

Merecimientos y duraciones aparte, la noticia de la renovación del míster cayó muy bien en la plantilla. Y es que si hablamos del agradecimiento de los hinchas, ¿cómo no hacerlo del de unos jugadores a los que Garitano ha sacado de un cenagal que les estaba provocando pesadillas? Todos felicitaron ayer a su técnico en Lezama. Personalmente, me quedé con la imagen de Iturraspe abrazándole. Por supuesto, son cosas mías. Hay algo que me impide olvidar a este jugador y aceptar, resignado a lo inevitable, que esté viviendo sus últimos días en el Athletic. El miércoles me alegré viéndole salir al campo entre los aplausos de muchos aficionados que probablemente ya hayan dejado de confiar en él, pero nunca se quitarán de la cabeza su exhibición en Old Trafford. La verdad es que no dejo de pensar en que, si yo fuera Garitano, recuperar para la causa a Iturraspe me parecería un reto enormemente tentador. Me tomaría como algo personal no permitir que se pierda ese talento sin hacer al menos un último intento por conservarlo.

El buen rollo en el entrenamiento no dejó de ser el mejor síntoma de cara a la final del domingo. Sí, sí, final. Y tranquilos los jueces más estrictos y los puntillosos de guardia. Ya sé que estoy exagerando. Ya sé que calificar de final el duelo contra el Getafe es un exceso, una demasía que diría un antiguo, pero siendo como somos unos supervivientes déjennos rebozarnos un poco en este barrillo tan agradable de la retórica optimista. Pensemos, además, que tenemos un gran aliado de nuestra parte para sostener esta exageración: las matemáticas. En la peor de las circunstancias, es decir, imaginando victorias de los rivales que le superan en la tabla, una victoria en el Alfonso Pérez dejaría a los rojiblancos a tres puntos de la Champions a falta de siete partidos. No digo más.

La batalla será muy dura. Siempre lo es enfrentarse a la tropa de Bordalás, un equipo de piel durísima que está firmando una campaña sensacional. El Athletic sólo puede imponerse al Getafe de una manera: con sus mismas armas. Y lo cierto es que las tiene. También los de Garitano son un grupo de corteza dura que se siente fuerte y competitivo cuando juega con intensidad. Merecerá la pena ver este pulso. Seguro. De hecho, ya es un placer poder pensar en él con esta ilusión.