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Una forma de ser
Opinión

Una forma de ser

«El Athletic, locura y necesidad, es uno de esos infalibles aceleradores de partículas, esa célula azul Bilbao que agita por dentro»

Guillermo Balbona

Periodista

Martes, 16 de abril 2024, 00:01

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El fútbol es el vestidor, la competición es la percha, el algoritmo y el atrezo. Los resultados, esa alianza accidental de luces y sombras. Hasta ahí el ecosistema. Lo que prima y subyace no es ADN, ni marca, ni nada que pueda sujetarse a una dimensión y unas medidas. El elogio de la diferencia reside en el reconocimiento colectivo de una identidad, en un sentimiento compartido que no admite desigualdades.

La vida se construye en asideros reconocibles, en la conciencia de que cuando vienen mal dadas buscamos referentes, un fragmento de piel y tierra que se torna y postula cobijo y lugar en el mundo. Y el Athletic, locura y necesidad, es uno de esos infalibles aceleradores de partículas, un átomo en rojo y blanco, esa célula azul Bilbao que agita por dentro, que zarandea el estado de la cosas y que resulta tan sensorial como cercana.

Al gu gara, al somos Athletic, se le podría aplicar cualquiera de aquellas dos sentencias de Hemingway; «Un hombre de carácter podrá ser derrotado, pero jamás destruido»; y esa otra: «El talento consiste en cómo vive uno la vida». Lo primero, lo demostramos con la persistencia emocional, con esa fidelidad hoy tan adulterada (cuarenta años no son nada, si solo una jornada se convierte en un largo viaje al fin de la luz); lo segundo, lo transparentamos con esa especie de orgullo existencial que canaliza la pasión como oxígeno inagotable.

«El olor del césped y el sonido, también el del viejo San Mamés, son partes indelebles de una manera intemporal de estar en el mundo»

El Athletic es una transfusión de soportable gravedad de ser, un relato que se construye en una comunión sin reglas, con esa libertaria sensación de que no habrá traiciones ni imposiciones. 'Made in todos'. San Mamés, el club, los mitos, los ritos y tradiciones están ahí. Perviven porque hacen que formemos parte de su crecimiento, de su inherente manera de estar en el fútbol. Ese 'referente de seriedad' al que suele aludir Alfredo Relaño.

Pero hay más. En unos tiempos de superficialidad e inmediatez insustancial la tormenta perfecta del Athletic no descarga en función del éxito o el fracaso, ni del triunfo o la derrota. El sentimiento frena la desazón. El estado emocional diluye la temperatura del posible desencanto. Más de uno, ajeno a lo athleticzale, envidia esa travesía inquebrantable de lo rojiblanco hasta cuando la gabarra esperaba expectante y varada como pecio de otro tiempo.

Vivimos rodeados de fechas de caducidad, empezando por la nuestra. El olor del césped y el sonido, también el del viejo San Mamés, son partes indelebles de una manera intemporal de estar en el mundo. Filosofía, religión, sentimiento. «Puedes acariciar a la gente con palabras», escribió Scott Fitzgerald. De todas ellas se desprende un toque de autenticidad Athletic. Y eso es una forma de ser.

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