La venganza al cuadrado

Relato del partido ante el Barcelona en el que el Athletic de mister Pentland consiguió en San Mamés la que todavía es la mayor goleada de la historia de la Liga, un abrumador 12-1

Bata y Llorens se vieron las caras durante el partido./Archivo
Bata y Llorens se vieron las caras durante el partido. / Archivo
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Ahora que el Athletic necesita sobre todo serenidad se hace inevitable el recurso de la memoria. Puestos a escarbar en ella, hay un recuerdo que los aficionados más veteranos del club rescatan cuando necesitan atiborrarse de nostalgia. Es el recuerdo del día que se acabaron los goles en San Mamés, del partido en que el Athletic consiguió la que todavía es la mayor goleada de la historia de la Liga: el 12-1 al Barcelona en la campaña 1930-31.

Durante la semana había llovido, pero el domingo 8 de febrero de 1931 amaneció con un sol tibio que era como un presagio. Desde la mañana, en Bilbao comenzó a respirarse el ambiente de los partidos grandes. Nadie dudaba de que San Mamés, a partir de las tres y media, se llenaría hasta la bandera. Y eso que el Barça no andaba muy fino y había viajado sin Samitier, y que la ciudad ofrecía aquel día otros planes alternativos. En el teatro Trueba, por ejemplo, se proyectaba Camino de Santa Fe, un film sonoro de éxito indiscutible, según decían los anuncios, y con dos estrellas de relumbrón en el reparto: «la exquisita artista» Rosita Moreno y Richard Arlen, «arrogante, dinámico, varonil y audaz». Y no solo eso. En el Arriaga, a la misma hora del partido, se ponía en escena la ópera rusa Khovantchina.

Sin embargo, el tirón popular del Athletic de mister Pentland no admitía competencias. Y menos ante un Barcelona con el que había una cuenta pendiente. En la primera vuelta, el equipo culé había endosado a los rojiblancos un aparatoso 6-3; algo que, desde el orgullo de un campeón, únicamente podía interpretarse como una afrenta. El duelo, además, tenía su morbo en lo futbolístico. Sobre un césped en mal estado, beneficioso sin duda para los bilbaínos, se iban a enfrentar dos estilos antagónicos. El Barça representaba el fútbol elaborado, de apoyos cortos y demoras. Y el Athletic, el fútbol veloz y vertical, de pases largos y remates fulminantes. Eran el passing game contra el kick and rush.

Una máquina del gol

Por ver eso en directo merecía la pena pagar las 2,5 pesetas que costaba la entrada de general o incluso los dos duros que se pedían en taquilla por una tribuna. La hinchada rojiblanca así lo entendió y llenó el estadio, dejando una recaudación de 27.458 pesetas (algo más de 165 euros). Nunca un dinero por ver fútbol ha sido tan bien empleado. Lo que ocurrió fue muy sencillo: el Athletic jugó como nunca.

Todo fue como soñado desde el principio. Los pupilos de Pentland, una máquina del gol, lo bordaron. Para el minuto 8 ya iban 2-0, ambos goles de Bata, que comenzaba así la exhibición más grande de su vida. El ariete baracaldés acabaría logrando seis tantos, siete si se cuenta el que logró en compañía de Roberto, rematando ambos a la vez un córner sacado por Lafuente.

En realidad, el partido solo tuvo doce minutos de cierta emoción, los que transcurrieron desde que Goiburu hizo el 2-1 en el minuto 12 aprovechando un fallo de Ispizua, sustituto aquel día de Blasco en la portería bilbaína, y los que tardó el Athletic en marcar el tercero en ese remate simultáneo de Roberto y Bata. De ahí hasta el descanso, al que el Barça llegó con un hombre menos por la lesión de Portas, cayeron tres más, obra de Gorostiza, Lafuente y Bata.

En la segunda parte continuó la apoteosis. El empleado del marcador no daba abasto. Solo hubo nueve minutos de tregua. La rompió Pichi Garizurieta en el minuto 54, cuando clavó el 7-1 de un disparo lejano y certero. Luego todo vino rodado, a la velocidad de vértigo con la que jugaba aquel Athletic mortífero. Con Castellanos firme en defensa, Muguerza impecable en la recuperación y la histórica delantera haciendo de las suyas, el Barcelona sufrió una tromba de fútbol que se detuvo en el minuto 82, cuando Iraragorri aprovechó un despeje de Llorens para hacer el definitivo 12-1.

Dicen las crónicas que San Mamés despidió al Barcelona con una gran ovación por la «exquisita caballerosidad y deportivismo» con la que encajó la derrota. Solo Castillo, en quien los periodistas apreciaron «un inmoderado afán de pisar el tobillo a Lafuente e Iraragorri», fue afeado por su conducta. El resto se llevó el reconocimiento de La Catedral, especialmente Llorens, el portero, que se retiró llorando a los vestuarios, con la moral por los suelos y los nervios desechos.

Los muguercistas

Entre los jugadores bilbaínos, el más aplaudido fue Muguerza. Ni siquiera Bata, con su media docena de goles, se llevó tanto reconocimiento. Ocurría que el medio-centro rojiblanco era un jugador controvertido; tanto que los aficionados que apreciaban su trabajo oscuro en la medular, recuperando balones y cediéndolos con rapidez a sus compañeros de más talento, como si alguien como él no mereciera en ese equipo ni siquiera el honor de la posesión, se habían encuadrado en un curioso movimiento llamado muguercismo. Su ideario no era otro que alabar las virtudes destajistas de su ídolo. Pues bien, los muguercistas, al acabar el choque, improvisaron en su sede bilbaína una fiesta con música de gramola, gallardetes, farolillos y refrescos. Acudieron jugadores, directivos y hasta los miembros de la liga Nada como Bata, que también tenían lo suyo que celebrar.

El que no acudió fue el propio Muguerza. Prefirió irse a casa a descansar. Tampoco lo hizo Goiburu, el vasco del Barcelona, que no estaba con el ánimo para jaranas. Lo que sí hizo el goleador culé fue atender a la prensa. Sus palabras se cotizaban alto. Y es que el futbolista blaugrana era uno de esos hombres parcos en palabras cuyo grado máximo de elocuencia era el monosílabo. Vamos, que había que sacarle las declaraciones con tenazas. Una buena muestra es la entrevista que concedió a 'El Pueblo Vasco'.

- Goiburu, ¿qué te ha parecido el Athletic?

- Bien.

- ¿Castellanos?

- ¡Oh!

- ¿Bata?

- ¡Oh!

- ¿Ganarán la Liga?

- Pueden.

- ¿Y la Copa?

- Deben.

- ¿Rápidos, eh?

- Mucho.

- ¿Y chut?

- Fuerte.

Con su victoria, con su «venganza al cuadrado» como la definió un gacetillero, el Athletic se colocó segundo en la tabla, a un punto de la Real. Los rojiblancos llevaban 49 goles en diez partidos. Al final, harían el doblete. Pero esa ya es otra historia.