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La larga ausencia de Herrera y la impecable actuación de Yeray y Vivian

Miguel González San Martín
MIGUEL GONZÁLEZ SAN MARTÍN

El Athletic jugó con admirable intensidad, buscó la victoria de principio a fin, sin duda la mereció. Y, sin embargo, no fue capaz de marcar ni un gol a un Osasuna que buscó el empate a cero sin rubor, que no se metió con todo atrás, pero sembró su parcela, vamos a decir una tercera parte del campo, de empalizadas sucesivas que entorpecieron la llegada a su área con suficiente claridad.

Faltó suerte y acierto, pero son aspectos del juego imposibles de entrenar. Se diría más provechoso estudiar el equipo línea por línea, registrarlo de arriba abajo en busca del mecanismo para convertir en victoria un dominio abrumador.

El portero estuvo brillante en la única jugada de peligro. Salió con valentía y rapidez, tapó toda la portería. Los centrales estuvieron impecables, como casi siempre. Es admirable la contundencia y el empeño de Vivian y sobre todo parece de toda justicia elogiar el progreso de Yeray, quien, además de su probada eficacia en la colocación y en el corte, se está convirtiendo en una inestimable alternativa para sacar el balón jugado cuando se atasca el centro del campo. Ante el Osasuna realizó varios pases en largo, excelentes de visión de juego y precisión.

Los centrocampistas corrieron mucho, si bien no siempre con acierto. Vesga tocó y tocó, Zarraga entró mucho en juego, puede que fuera uno de sus mejores partidos, si bien todavía está a falta de asentarse. Sus tiros a portería –seguramente consigna del entrenador para rentabilizar su buen toque–, tan desviados, podrían ser un síntoma de la ansiedad por reivindicarse. Y aún no ha vuelto el mejor Sancet a la reanudación de la temporada.

En la delantera, Valverde volvió a apostar por Guruzeta y los Williams. El delantero centro entró poco en juego y, sin embargo, fue quien más cerca estuvo del gol en un remate a la media vuelta con esa tranquilidad suya tan peculiar. Nico se fue muchas veces de su marcador, pero no tuvo serenidad ni eligió las mejores opciones en los pases hacia atrás desde la línea de fondo. Casi todos eran centros cerradísimos, que fueron interceptados con relativa facilidad por el portero y los defensas rivales. Tiró dos veces a puerta, que fueron las otras dos oportunidades más claras del Athletic para conseguir la victoria. La primera en una rosca que se fue por muy poco y en la segunda, la más clamorosa, no tuvo la serenidad suficiente para dirigir mejor el gran pase de Muniain.

Si tuviéramos que simplificar, diríamos que el derroche de voluntad a lo largo de todo el partido no fue suficiente para hacerse con la victoria porque faltó claridad en el último pase y en el remate. Cada aficionado lleva en su interior un entrenador, como se sabe, al que puede sorprender que no fueran titulares los mejores del partido anterior, Muniain y Berenguer. Las oleadas en ataque fueron más intensas en la primera parte, pero si convenimos que la causa fundamental para no ganar fue la falta de imaginación en el último pase, esa cualidad la ha tenido siempre Muniain, y la tenía Ander Herrera, cuya larga ausencia llama la atención.