Larrazabal: «Creo firmemente que Lezama necesita un cambio»

Aitor Larrazabal posa el lunes en Lasesarre. /MAIKA SALGUERO
Aitor Larrazabal posa el lunes en Lasesarre. / MAIKA SALGUERO

«La marcha de Kepa es un torpedo en la línea de flotación del Athletic», asegura el ahora técnico del Barakaldo

Javier Ortiz de Lazcano
JAVIER ORTIZ DE LAZCANO

Aitor Larrazabal tiene como prioridad meter al Barakaldo en la lucha por el play-off de ascenso. Durante dos años, entre 2013 y 2015, pudo poner en práctica en Lezama sus teorías sobre el trabajo de cantera. Su salida cogió por sorpresa al club. El exlateral izquierdo pide desde Lasesarre un volantazo en la factoría rojiblanca. «Creo firmemente que Lezama necesita un cambio».

– La expresidenta del Amorebieta, María Eugenia Etxebarria, se quejó en su adiós de no haber recibido el cariño del Athletic. ¿Lo sienten en el Barakaldo?

– Depende de lo que sea cariño del Athletic.Si es tener dos cedidos que al club no le cuestan dinero, no hemos tenido ningún cariño. Pero porque yo no quiero dos cedidos que no tengan protagonismo.

– No tuvo cedidos ni la pasada campaña ni esta.

– Cuando estuve en el Amorebieta pedí a Iñigo Baqué. Este año he pedido de nuevo a Baqué y la respuesta fue que no, porque contaban con él para el Bilbao Athletic. Es el capitán y ha jugado los tres partidos. Pedimos también a Tascón, pero fue al Amorebieta porque se entiende que tenemos muchos delanteros (5) y no iba a tener minutos. Me parece incongruente porque damos minutos a los jóvenes. Cuando estuve en Lezama me reunía con presidentes y entrenadores de Segunda B.

– ¿Se ha reunido con José María Amorrortu, director deportivo, como técnico del Barakaldo?

– No. Aquí lo hace Iñaki Zurimendi, nuestro director deportivo.

– ¿Debería entrevistarse con los técnicos como usted lo hacía?

– Puede ser, pero no sé ni su pensamiento ni su manera de actuar. Sé lo que yo hice durante esos dos años. Por ejemplo, me entrevisté con todas las familias del fútbol base. Eran dos reuniones por campaña. Se me dijo que era una pérdida de tiempo.

– ¿Quién se lo dijo?

– Gente que llevaba tiempo en Lezama.

– ¿Amorrortu?

– No. Me aconsejaron que no lo hiciera, pero lo hice. Creía que lo mejor era comunicarme con sus padres.

– ¿Cómo ve Lezama ahora?

– Como un centro de alto rendimiento donde deben estar los mejores. Hay que acertar con el 95% de los jugadores, pero también veo poca paciencia con los chicos. En equipos de chicos de 11 años se producen cinco o seis salidas cuando solo han estado un año . Eso es un debe para la gente de Lezama porque no se ha escrutado lo suficiente.

– Hay una acusación extendida de que en Lezama los técnicos se colocan por amistad. ¿Es así?

– Hay técnicos con los que se puede tener más 'feeling'. Yo aposté por Imanol de la Sota y Jon Solaun, pero no por amistad, sino por un trabajo muy bueno. Además, daban un cariño especial a los jugadores, algo importantísimo. Los chicos que representan al Athletic tienen que ir contentos y alegres, pero hemos tenido una cultura asociada al pánico y la exigencia desmesurada. Hubo casos de chicos que no querían ir a Lezama porque sufrían mucho.

– ¿Fueron muchos?

– No muchos, pero unos cuantos casos sí hubo; jugadores que pidieron no seguir yendo a entrenar. Intenté eliminar esa cultura del pánico.

– ¿Y qué se encontró?

– Alguna traba, un sector que no estaba de acuerdo.

– ¿Quiénes lo formaban?

– Sin dar nombres.

– ¿Y con su salida ese sector se ha vuelto a imponer?

– Da la sensación de que todavía hay dos versiones de lo que queremos en el fútbol base. Unos fomentan la máxima exigencia y otros la máxima exigencia adherida a la ilusión.

– ¿Cómo se explica que haya dos sectores en Lezama?

– Difícil de comprender. Porque todos deberíamos tener la misma perspectiva. Sin embargo, cuando llevas una serie de años haciendo las cosas de una manera determinada a veces no quieres ver que hay otras opciones.

– ¿Lezama necesita un cambio?

– Sí. Necesita un cambio. Lo creo firmemente.

– ¿Habría que variar a mucha gente?

– Tendría que empezar por un cambio desde lo más alto. Hay que darse cuenta de que quizá lo que se está haciendo no sea lo mejor.

– ¿Lo mejor para el Athletic sería que Amorrortu dejara Lezama?

– No lo sé. Lo tendrá que ver quien llegue al club.

– Pero usted pide un cambio desde lo más alto.

– Cuando se llevan muchos años en ciertos cargos muchas veces lo mejor es que haya aire fresco.

– ¿Hacia dónde debe ir el nuevo Lezama?

– Hacia lo que sabemos que va a ser el Athletic en un futuro. Es un club que trabaja bien la cantera, pero ahora desgraciadamente se nos llevan jugadores. Ahora el que despunta se lo llevan a golpe de talonario. Debe haber un nivel muy alto de trabajo y sobre todo en la captación.

– ¿Estaría dispuesto a volver a Lezama si le llaman?

– Por supuesto que sí. Soy del Athletic y sería un paso importante.

– ¿Aunque eso suponga dejar de entrenar?

– Estoy quemando la etapa de entrenar, que es lo que quería. No sé cuál va a ser mi futuro. Sería sentarse y valorar los escenarios.

La fuga de jugadores

– ¿Por qué se da la fuga de jugadores?

– Tiene que ver con el sentimiento de pertenencia. Todos queremos crecer. Puedo respetar la marcha de Kepa, pero me cuesta creer que un chico de Ondarroa con un futuro tan prometedor se vaya ahora. Con Javi Martínez y Herrera, con un sentimiento de pertenencia no tan arraigado, es menos duro. Para el socio y el club, lo de Kepa es un golpe a la línea de flotación porque cuesta sacar jugadores de primera línea. Es duro aceptarlo, pero hay que invertir ese dinero en nuevas tecnologías y tener a los mejores en la cantera, independientemente de que sean más altos, más bajos o más fibrosos.

– Otra discrepancia en Lezama. Amorrortu defendía jugadores de mayor empaque físico y usted no.

– Es que creo que da igual. Se puede ser atleta con 1,70 o con 1,78. Yo tengo 1,73. Con ese criterio no hubiera llegado a Primera. Ese sufrimiento de trabajar en inferioridad de condiciones ayuda.

– ¿Y por qué se insiste con ese tipo de jugadores?

– Desde 2013 a 2015 teníamos un perfil de jugador en el que no solo se miraba el físico.

– Puntúe de 1 a 10 la gestión de Amorrortu

– No me compete darle una nota.

– ¿Ha vuelto a estar con Josu Urrutia tras su salida del club en 2015?

– No hemos vuelto a coincidir. Le di la explicación de por qué me iba.

– ¿Se debería presentar a la reelección?

– Si está fresco y cree que puede aportar, que lo haga, pero ha dicho muchas veces que el aire fresco es importante.

– ¿Y le ve fresco?

– No lo sé. Ya digo que no tengo relación con él.

Larrazabal, en el banquillo de su campo. MAIKA SALGUERO
Larrazabal, en el banquillo de su campo. MAIKA SALGUERO
«Quiero un equipo solidario y ambicioso»

-¿A qué aspira el Barakaldo?

– A tener una plantilla equilibrada, competitiva, que no es fácil porque tenemos 17 incorporaciones. La campaña pasada quedamos sextos. Fue una temporada buena. Hay que intentar estar en esas posiciones y cerca de play-off, aunque por presupuesto no deberíamos estar ahí. Históricamente, el Barakaldo aspira a estar en la parte alta, pero esto se complica cada vez más. Jugadores que antes podían venir a un equipo importante en la categoría como este se van al Burgos, Logroñés, Mirandés, Racing, que les pagan mucho más. Tenemos 400.000 euros para jugadores y hay que sumar los pisos que se pagan a los de fuera.

– Y a eso se añade el caso de los filiales. Con lo que cobran cuatro jugadores del Bilbao Athletic usted paga a toda su plantilla.

– Totalmente. No podemos entrar en ese mercado. Hemos traído jugadores con hambre, del Rayo B, del Cádiz B y veteranos como David de Paula. Para los jóvenes este club es atractivo. De los seis sub'23 de la pasada campaña, cuatro jugaron 30 partidos. Buenacasa y Babá se han ido al Mallorca. Jurgi Oteo ha vuelto al Bilbao Athletic.

– En Barakaldo hay muchos aficionados a los que estar en Segundas B les parece poco. ¿Cómo convive con esta presión?

– No es fácil. Hay cosas que no son de Segunda B, como el césped que no es acorde al estatus del Barakaldo. Hay socios que creen que debería estar en una categoría mayor, pero eso es difícil cuando vemos que la asistencia al campo no es muy alta y que el presupuesto no crece como los de otros.

– ¿Qué es lo que más le obsesiona como entrenador?

– Me gusta la solidaridad y que el equipo sea ambicioso. He sido defensa, pero prefiero ganar 3-2 que 1-0. Me gusta que haya alegría. Este año no tenemos la misma calidad para combinar, pero sí tenemos espíritu competitivo y solidaridad.

– ¿Por qué dejó la cómoda vida de Lezama para regresar a los banquillos?

– Por tener una edad para vivir una experiencia diferente de entrenar. A mí estar en los banquillos me atrae, aunque lo haya hecho en clubes modestos y sin grandes medios como Lemona y Amorebieta. Vengo de donde vengo. Cogía el autobús de línea para ir a entrenar a Lezama. Mis padres nunca me llevaron. Soy el quinto de cinco hermanos. Desde pequeño me tuve que buscar la vida y espabilar. Y en el fútbol igual. Al que algo quiere, algo le cuesta. Al dejar Lezama se interesó por mí el Altinordu de la Segunda turca. Hubiera ido, pero no cuajó. Tuve que estar casi un año esperando y regresé en el Marbella para salvar al equipo, aunque no seguí.

El barrizal de la 'Uni'

– ¿Y a dónde le gustaría llegar?

– Al máximo, a lo más alto, pero sin ninguna prisa y sabiendo que hay que hacer muchas cosas bien. El nombre no vale para tener un banquillo.

– ¿Qué entrenador le ha marcado más?

– He querido aprender de todos. Al que menos creí fue a Stepanovic. Me quiso hacer ver que era el que mejor driblaba y me puso algún día como extremo. Cuando no te lo crees es difícil que te salgan las cosas. No aprendimos mucho con él. Sin embargo, Heynckes fue algo novedoso, diferente a lo que habíamos tenido. Empezamos a elaborar. Nos costó al principio, pero me marcó. Y luego Iñaki Sáez, que confió en mí en Lezama, incluso cuando me mandaron cedido con 15 años al Deusto. Jugar en el barrizal de la 'Uni' me vino muy bien para aprender.

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