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Sancet, feliz tras anotar tres goles en San Mamés. Pankra Nieto
Las leyes de la eficacia en el Athletic

Las leyes de la eficacia en el Athletic

Volveríamos a sorprendernos, si no estuviéramos ya muy avisados, por la manera tan regular que tiene el Athletic de ser irregular en las victorias y las derrotas

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Sábado, 4 de febrero 2023, 23:53

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l Cádiz vino a San Mamés a jugar bonito y se llevó una goleada, y no porque el Athletic fuera tan superior como indica el resultado sino porque Oihan Sancet recuperó su rol de jugador primordial. Volveríamos a sorprendernos, si no estuviéramos ya muy avisados, por la manera tan regular que tiene el Athletic de ser irregular en las victorias y las derrotas.

Tras sucesivos partidos en los que se desperdiciaron abundantes oportunidades de gol por mala suerte y sobre todo por desacierto, el equipo recuperó ante el Cádiz un alto grado de eficacia. Sus cuatro goles pudieron ser incluso más si el mismo Sancet acierta con otra dejada de Raúl García.

Estuvo bien Raúl, no solo combativo, participó decisivamente en dos goles y le puso otro a Sancet que sacó el portero. Los goles de Sancet fueron muy brillantes, ejecutados mediante remates secos, potentes y colocados. Es decir, fueron una nueva demostración de que, además de ser uno de los futbolistas del Athletic más capacitados para actuar por delante del pivote o de media punta, tiene muchos recursos para la suerte principal en el fútbol, que es el gol.

El Cádiz jugó bonito y tuvo más posesión, jugó valiente y se llevó cuatro goles. Se le dan bien al Athletic los equipos que juegan abiertos. No hizo uno de los mejores partidos, ni mucho menos. Para el minuto quince ya había cometido media docena de errores groseros no forzados, pases al contrario que afortunadamente no tuvieron consecuencia, motivados sin duda por la responsabilidad de enderezar el rumbo perdido en la Liga, y el nerviosismo consiguiente. Vivian, por ejemplo, está más acelerado, lo que no es conveniente para un central y le lleva a cometer errores. Yuri Berchiche tenía una injusta tarjeta amarilla cuando se lanzó al suelo con un plus innecesario de impulsividad que le hizo llevarse la segunda, seguramente discutible, pero no había que arriesgar. De Marcos tampoco jugó su partido mejor y Nico Williams se diría que ha perdido alguna confianza en sus muchos recursos.

Los aciertos de Sancet taparon las dudas. Y la parada de Unai Simón cuando el Cádiz podía aún meterse en el partido. Y el toque exacto de Muniain para el gol de Yeray. Son gestos técnicos que valen incomparablemente más que tantos recitales de dominio infructuoso, sobreabundancia de carreras extenuantes y centros cruzados. Vaya un descubrimiento, estará pensando el lector, pero no está tan comúnmente admitido que, con jugadores más técnicos, no solo voluntariosos, se juega mejor. Y el Athletic, un equipo históricamente admirable por su intensidad, dispone también de futbolistas con la clase necesaria para ser más eficaz.

Lo fue ante el Cádiz. Claro que no se puede generalizar, ni es imprescindible jugar siempre de la misma manera, ni siquiera con un once habitual. No es lo mismo jugar con el Cádiz que con otros equipos que nos ganan en pegada. Solo los estratosféricos son leales a un estilo, y ni siquiera ellos pueden permitírselo siempre. La eficacia es la resultante de una dosis variable de intensidad y clase, en función del rival.

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