Un mazo para atizar al rival en toda la cresta

Marcar seis goles a domicilio siempre es una gran noticia, aunque el domicilio esté dos pisos por debajo del propio

JUAN CARLOS LATXAGA

El Athletic acabó resolviendo con más comodidad de la esperada un partido que se había puesto un tanto áspero durante toda la primera parte. En realidad, no sería exagerado decir que los de Valverde necesitaron un puntito de fortuna para llegar al descanso con dos goles de ventaja. No había estado el partido para semejante marcador. De hecho, se habían podido escuchar hasta algunos 'olés' en la grada, sobre todo a raíz de un mano a mano entre Ortuño y Julen Agirrezabala sobre la media hora. Mal asunto para el visitante que el público local se venga arriba de esa manera, pero es que el Eldense estaba entonces sosteniendo la mirada a un Athletic que no se acababa de encontrar a gusto entre lo irregular del piso y una presión del rival al límite y en todo el campo.

Ya sabemos que estas eliminatorias a partido único son casi siempre un mal trago para el equipo de categoría superior. Es cierto que las sorpresas ya no son tan habituales, ni estallan bombazos de esos que pasan a la historia con un sobrenombre, 'maracanazos' de andar por casa que quedan grabados a fuego en el historial de los protagonistas. También el Athletic ha sufrido más de uno, mejor no recordarlos. Como ahora todo el mundo está avisado, a los grandes no se les caen los anillos por ponerse el buzo para imponer la lógica.

Al Athletic le tocó pasar unos minutos ingratos mientras el Eldense estuvo con las fuerzas intactas. Pero el mal rato apenas duró media hora y alcanzó su cénit en el ya comentado mano a mano en la portería rojiblanca. Vesga y Zarraga veían pasar la vida y el balón en la zona ancha, Yuri sufría más de la cuenta porque el rival cargaba siempre por su banda, mientras que arriba solo Nico Williams daba alguna señal de vida. El Athletic vivió entonces prácticamente de la solidez de sus dos centrales.

El gol que cambió el partido llegó en el momento más delicado, cuando el descanso se aproximaba con el marcador inmóvil. En este tipo de partidos para el equipo local cada minuto que permanece vivo es una inyección de moral y esperanza de entrar en la historia, mientras que para el visitante es una palada de arena en su engranaje. Afortunadamente para el Athletic una jugada aislada, un balón peleado por Raúl García en la banda, se prolongó en un gran centro y un rechace que Nico acertó a embocar. No fue precisamente una filigrana sino el producto del esfuerzo de los protagonistas. Cinco minutos después, Berenguer enmendó con un trallazo lejano una penoso saque de falta de Yuri, el Athletic pudo respirar y marcharse al vestuario con la convicción de que el trabajo estaba prácticamente hecho.

El guion terminó cumpliéndose en la segunda parte. El Eldense bajó los brazos y el Athletic convirtió el partido en un paseo en el que acabó gustándose y divirtiendo a propios y extraños, que de todo había en el graderío. Los de Valverde utilizaron la mejor herramienta para afrontar la que se conoce como competición del k.o.: un mazo para atizar al rival en toda la cresta. Los leones lucieron una pegada contundente que puso patas arriba a un Eldense que mientras le duraron las fuerzas y la ilusión exhibió buenas maneras y hasta consiguió un gol que premiaba su esfuerzo.

Marcar seis goles a domicilio siempre es una gran noticia, aunque el domicilio esté dos pisos por debajo del propio. Era más que previsible que el Athletic estuviera en el bombo de la próxima eliminatoria, pero los de Valverde llegan a la siguiente ronda con la confianza reforzada por una goleada y certificando que ya tienen la maquinaria a pleno rendimiento.