Muere el exjugador del Athletic Antón Arieta, el goleador de una alineación histórica

Los jugadores del Athletic portarán esta tarde brazaletes negros en su memoria en el encuentro ante el Valencia

JUAN CARLOS LATXAGA

Se ha ido Antón Arieta, Arieta II, como se nombraba entonces a los miembros de una saga. Su hermano Eneko la había iniciado formando parte de uno de los equipos históricos, nada menos que aquel de los 'once aldeanos', y la continuó Antón con no menos gloria, asumiendo el papel de ariete de otra de las alineaciones que han perdurado en la memoria de los aficionados.

A Antón Arieta (Durango, 6 de enero de 1946) le tocó vivir unos tiempos menos brillantes en el Athletic, los que se abrieron justo después de la famosa gesta de la final contra el Real Madrid en el Bernabéu en la que su hermano había sido uno de los protagonistas. Aquel episodio dejó paso a lo que entonces se consideró la década más oscura de la historia del Athletic, algo que con la perspectiva del tiempo hace mucho que dejó de tener sentido.

Sin embargo, los felices sesenta del desarrollismo, las primeras melenas masculinas y el mayo francés, fueron tiempos grises en el Athletic. Costó mucho, muchísimo, hacer la transición entre la alineación en la que el nueve era Eneko Arieta, hasta el equipo en el que su hermano Antón heredó la camiseta.

Entonces no hacía falta recurrir a la estadística para comprobar que el Athletic ganaba títulos con la regularidad de un metrónomo. No había década en la que las vitrinas rojiblancas no se hubieran abierto al menos una vez para guardar una nueva copa. Hasta entonces. Avanzaban los años sesenta y la sala de trofeos permanecía inalterable. Los niños de la época se estaban convirtiendo en adolescentes y jóvenes que no habían podido recibir a sus héroes cuando llegaban a Bilbao por Atxuri a bordo de un camión.

Pasaban los años y los entrenadores, hasta cinco en una sola década, y el Athletic deambulaba triste por la Liga sin encontrar consuelo en una Copa en la que ya había perdido dos finales, ante el Zaragoza de los magníficos y el Valencia. Hubo que esperar hasta 1969 para reverdecer los laureles marchitos. Aquella no estaba siendo precisamente una buena temporada. Empezó con la destitución temprana de Piru Gainza, un mito en el césped que no triunfó en el banquillo. Le sustituyó un compañero de línea, Rafa Iriondo, quien consiguió enderezar el rumbo dando confianza a un equipo joven al que incorporó a dos chavales que reavivaron la ilusión del alicaído San Mamés: Igartua y Clemente, fuerza y técnica que acabaron por redondear un equipo en el que ya llamaba la atención una delantera en la que alternaban futbolistas como Rojo, Uriarte o el pequeño de los Arieta.

Eneko (de pie) y Antón, los hermanos Arieta

Cómo estarían las cosas que, aunque Iriondo logró meter al Athletic en la final, la directiva ya había contratado a un nuevo entrenador para la siguiente temporada, un inglés, Ronnie Allen, que incluso vio aquel partido en directo.

El Elche había llegado a la final después de eliminar en un tercer partido de desempate a la Real Sociedad cuatro días antes. Ni el cansancio hizo mella en un equipo que dominó en muchas fases del partido a un Athletic que tuvo que emplearse muy a fondo, encomendado a una gran actuación de Iribar. Corría el minuto 82 y ya se pensaba en la prórroga cuando Antón controló con el pecho un balón suelto en el área, quebró a su marcador y largó un disparo duro que batió a Araquistaín. Once años antes, su hermano Eneko había marcado el primer gol en la final contra el Real Madrid. Ahora, el pequeño de los Arieta se convertía en el héroe de otra final que acuñó una nueva alineación para la historia: Iribar; Sáez, Etxeberria, Aranguren; Igartua, Larrauri; Argoitia, Uriarte, Arieta, Clemente y Rojo.

Cuatro años después, Antón repetiría encarrilando con un gol en el primer tiempo la final contra el Castellón. La siguiente sería su décima y última temporada en el Athletic, en el que jugó 358 partidos y marcó 83 goles.