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Una noche de prodigios

Una noche de prodigios

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Viernes, 3 de febrero 2023

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Era un partido «vital», según definición del propio Valverde, y el técnico decidió enmendarse a sí mismo volviendo a su planteamiento original del comienzo de la temporada. Le ha costado al entrenador dos meses largos volver a la idea inicial que tan buenos réditos le reportó y tan misteriosamente desechó de la noche a la mañana, para entrar en una espiral que empezó a girar primero en una serie de partidos deficientes disimulados por el marcador y acabó en el vértigo de cinco jornadas consecutivas sin conocer la victoria.

La rectificación era obligada porque el Athletic llevaba muy mal camino en la Liga y ni siquiera la perspectiva de la semifinal de Copa hubiera sido un paliativo suficiente de sufrir otro contratiempo. Así que la visita del Cádiz adquirió inesperadamente tintes de final cuando la temporada doblaba su ecuador. Ya se sabe, el fútbol y sus urgencias.

Si rectificar es de sabios, Valverde podría entrar en el equipo de los siete sabios de Grecia. Anoche lo tuvo que hacer dos veces: una de manera voluntaria antes del partido; la segunda, obligado por la expulsión de Yuri a la hora de juego, entre absurda y exagerada porque la primera amarilla la vio el lateral en una acción con Fali que no fue ni falta. El técnico tuvo que retirar a toda prisa a Berenguer para que Lekue ocupara el sitio del expulsado. El colegiado Pizarro Gómez se guio más por la aparatosidad que por lo que ocurrió realmente, pero ya se sabe que en esto del fútbol la liebre, o la tarjeta, saltan cuando menos te lo esperas.

La expulsión del lateral complicó lo que hasta entonces estaba siendo un partido irregular, disputado a tirones por los dos equipos, pero que el Athletic estaba controlando con cierta comodidad en el terreno y, sobre todo, en el marcador.

La salida antes de tiempo de Yuri no fue el único hecho ajeno a la normalidad anoche. Hubo otros acontecimientos insólitos que, afortunadamente, favorecieron al Athletic. El más notable sin duda, el hat trick de Sancet, un año y un mes después del que consiguió ante Osasuna. El navarro abrió pronto el marcador, deshizo el empate momentáneo diez minutos después del único tanto gaditano, y marcó el cuarto gol que cerraba definitivamente el partido cuando los andaluces empezaban a creer que el milagro podía ser posible contra diez.

Antes de que Sancet culminara su gran partido, Yeray protagonizó otra de las noticias de la noche marcando el tercer gol a balón parado, prodigio que esta temporada solo había ocurrido una vez, cuando Vivian cabeceó a la red una falta botada como ayer por Muniain, en el 3-0 al Valladolid a comienzos de noviembre. No fue menos notable el regreso de Raúl García al eje del ataque, colaborando decisivamente en dos de los cuatro goles.

Pero la noche estaba metida en prodigios, así que todavía nos quedaba asistir a otro, y por partida doble, cuando Morcillo y Capa comparecieron en el campo en los minutos finales. Para entonces el Cádiz ya había entregado la cuchara y casi nadie se acordaba de que el Athletic estuvo jugando casi todo el segundo tiempo en inferioridad numérica.

Fue una noche de prodigios, lo que no significa necesariamente que fuera una noche prodigiosa. La eficacia de Sancet y la expulsión de Yuri condicionaron el relato de un partido en el que durante algunos momentos de la primera parte el Athletic sufrió más de la cuenta ante un Cádiz que sorprendió por su valentía y su ambición, pero terminó ajustándose a su libreto de equipo condenado a pelear por la supervivencia.

Habrá que esperar a próximas citas para comprobar si la rectificación de Valverde tiene continuidad. Sancet le agradecería mucho que persistiera en una idea que le viene como anillo al dedo; Vesga quizá le tendría que reclamar algún ajuste para no verse tan solo en el pivote. Si algo dejó claro el partido de ayer es que la plantilla tiene registros suficientes para encontrar soluciones diferentes a los problemas de siempre.

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