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Javi Martínez alcanzará ante el Getafe los cien partidos con el Athletic, una marca de precocidad sólo superada en los últimos lustros por Etxeberria
18 de febrero de 2009
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Un veterano de 20 años
Javi Martínez celebra el gol del domingo ante el Recreativo. / EFE
J. ORTIZ DE LAZCANO.-

Hay jugadores que parecen veteranos a los 20 años. Es lo que sucede con Javi Martínez, quien el domingo alcanzará el Getafe los cien partidos oficiales con el Athletic. Una barrera que cruzará a los 20 años y 174 días. No son muchos los antecedentes. Lo mismo pasó con Joseba Etxeberria, que a esa misma altura de la vida había jugado 105 partidos. A otro de los grandes mitos del Athletic, Julen Guerrero, le costó más. Con los mismos días sobre el mundo que Martínez había disputado 77 encuentros.

En noviembre de 2005, Txema Noriega, entonces coordinador general de Lezama, y Koldo Asua, que sigue en la factoría rojiblanca como responsable de la atención al jugador, acudieron al campo bilbaíno de Mallona. El cartel anunciaba un interesante Danok Bat-Osasuna de juveniles. En su lista había varios jugadores del conjunto bilbaíno, una entidad de trabajo prodigioso con la cantera. Querían ver a los chicos del Danok ante un desafío exigente, con un rival de potencial que les planteara un partido de alto voltaje.

De repente, Noriega y Asua se vieron dándose codazos el uno al otro. El que estimuló su entusiasmo era un jugador del equipo rival. Le sobraban dos cosas esenciales en el fútbol, calidad y corazón. A las pocas horas se redactó el primer informe sobre Javi Martínez, de 17 años en aquel momento. En el documento se resaltaban dos cualidades, la cantidad de campo que ocupa con inteligencia y su capacidad para robar balones. En los informes del club hay tres categorías: en observación, con dudas y fichable. Sin rodeos ni ambigüedades, el primer dossier sobre el futbolista recomendaba abiertamente que se le siguiera muy de cerca y que se le realizara una oferta posterior.

Unos meses después, en abril de 2006, Fernando Lamikiz, entonces presidente del Athletic; Juan Ignacio Bustamante, secretario de aquella directiva; Patxi Izco, todavía presidente de Osasuna; y Jaime Barriuso, en aquel momento presidente del Eibar, compartían mesa en el asador madrileño Imanol. Lamikiz, impulsivo y muy amigo de los golpes de efecto, lanzó a los postres a bocajarro a Izco ¿qué me pides por Javi Martínez, Raúl García, Monreal, Azpilikueta y Miguel Flaño? El asunto tiene su miga: ¿era una ocurrencia o hablaba en serio el presidente rojiblanco? Lo cierto es que, entre risas, Izco tasó al quinteto en treinta millones, pero advirtió de que si se le ocurría firmar esa operación, quedaba sentenciado. Aquella noche Izco supo que el Athletic iba a por Martínez, que para entonces ya había subido al filial de Segunda B.

Javier Clemente, en aquel momento entrenador rojiblanco, presionaba a Lamikiz para que firmara a Raúl García, medio centro del primer equipo navarro. Izco pidió 16 millones de euros al Athletic. En Lezama y en la junta se instaló un debate. Pagar por lo que había hecho García o por el futuro de Martínez. El primero aclaró el panorama cuando declaró en público que deseaba ir al Atlético de Madrid. Se había quitado de enmedio y dejaba vía libre a Martínez.

Las dudas seguían entre los dirigentes. ¿No era demasiado riesgo fichar por seis millones a un jugador que ni siquiera había debutado en Primera? Y algo más. ¿Podía la misma directiva que había perpetrado una chapuza terrible con Zubiaurre meterse en esta operación? Comenzaron las consultas. Una de las las opiniones que se pidió fue la de Luis Aragonés, entonces seleccionador absoluto y quien ante su círculo de colaboradores había hablado de un chico con proyección hacia el combinado A. El mismo diagnóstico repitió ante los emisarios rojiblancos que le consultaron.

Patxi Izco no cedió

Izco no dio su brazo a torcer cuando Lamikiz y José Miguel Lanzagorta, entonces vicepresidente, se presentaron en Pamplona dispuestos a ficharle. No bajó ni un céntimo de los seis millones de cláusula. Lo más que cedió fue recibir tres a tocateja y otros tantos un año después.

Lamikiz y Clemente ya habían tenido sus más y sus menos para entonces, pero el fichaje de Martínez embarró el campo. El entrenador, concentrado con el equipo en Benasque (Huesca), convocó una conferencia de prensa en la que denunció que el club «no ha fichado» a los jugadores que él había pedido. La última lista de Clemente, de la que ya había caído Raúl García, eran Iraizoz, Muñoz (con 12 millones de cláusula) y Sarriegi. Llegaron el último, Gabilondo y Martínez, a quien apodó el «chavalito» y del que dijo no conocer de nada. Pese a que estaba al tanto de los movimientos del club, no había encontrado un hueco para ir a verle entre noviembre de 2005, cuando se le detectó, y junio de 2006, cuando se le fichó. «Es como si pides pan y te traen nocilla», sentenció. A los dos días estaba destituido. Su ataque al fichaje de Martínez y la advertencia de Fernando Llorente de que quería ir cedido, aunque fuera a Segunda, si el entrenador seguía, sentenciaron al baracaldés.

Martínez llegó a Bilbao con su hermano Álvaro, que firmó por el Sestao y ahora juega en el Eibar. Y comenzó a mostrar la cualidad por la que más ha destacado, la firmeza de su ética de trabajo. Desde que llegó se ha comido el campo y se ha dejado la piel. Cada vez que ha tenido descanso, es porque se lo han impuesto. Cada vez que se lesiona, regresa antes de lo esperado. De hecho, la principal tarea que han abordado los técnicos con él es sujetarle las bridas para que no juegue como un caballo desbocado.

Cuando comenzó a correr la evidencia de que era pretendido por equipos de la Premier, una competición que parece hecha para él, Fernando García Macua reaccionó y le presentó una propuesta de renovación. Antes, tal y como había informado este periódico, el Everton ofreció seis millones por su fichaje. «No quiero saber nada de Inglaterra, lo que quiero es ganar un título con el Athletic», anunció con su entusiasmo juvenil cuando se conoció que renovaba hasta 2014. Quizá lo gane este mismo año.

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