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El delantero serbio, militar durante los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia, es el arma principal del Racing; cedido por el Valencia, ha hecho 11 goles en 14 partidos
25 de abril de 2009
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Zigic vuela muy alto
Zigic saluda al recreativista Aitor tras un partido en el Nuevo Colombino. / EL CORREO
ROBERT BASIC.-

Él estuvo allí. Mientras llovía el plomo, las bombas de uranio empobrecido, las de racimo, los misiles Tomahawk. Ardían edificios, fábricas, hospitales... Los puentes se venían abajo, las carreteras amanecían con cráteres, los aeropuertos escupían fuego. Ya no había chavales jugando al baloncesto en el patio del colegio. Bueno, sí los había, pero menos. El basket es el basket. Eran tiempos en los que andar por la calle significaba mirar al cielo. Nadie buscaba el sol, sino al proyectil. Dicen que si lo oyes venir pasará de largo, otro destino, porque el que mata viene en silencio. De repente. Sin avisar. Nikola Zigic (Backa Topola, 1980) era un adolescente cuando la OTAN inició los bombardeos sobre la antigua Yugoslavia. En realidad, Serbia. Su casa. Un hogar en llamas. De aquel infierno salió un delantero gigantón para encontrar la paz en el Racing. Y los goles.

Zigic luchó contra los prejuicios desde que era un imberbe. «¡Vete a jugar al baloncesto!», le criticaron más de una vez desde las gradas. Una torre en la zona del '9'. Apretó los dientes y siguió trabajando. Quería ser futbolista. Se estiró hasta los dos metros y dos centímetros y, en la actualidad, es uno de los delanteros más altos del mundo. Sucesor de Jan Koller, se apresuraron a definirle los buscadores de tópicos -el checo milita ahora en el Krylya Sovetov Samara-, pero el serbio tiene mucha más pericia con el balón en los pies. Esta temporada está firmando unos números maravillosos para el gozo de la afición santanderina. 'Ziga', apodo por el que se le conoce en su país, es el arma más mortífera del conjunto cántabro, que mañana estará en el césped de San Mamés.

El Racing decidió pescar en el caladero balcánico y, en 2006, se trajo a Nikola Zigic. El delantero forjado en el AIK Backa Topola, su localidad natal, peregrinó por los clubes menores hasta recalar en el Estrella Roja. Un grande. Estuvo tres temporadas en el equipo de Belgrado y marcó 66 goles en 99 partidos, entre Liga, Copa y competiciones europeas. Los rectores de la entidad cántabra hicieron el negocio del siglo: pagaron seis millones de euros por el acorazado serbio y, una campaña más tarde, le vendieron por dieciocho al Valencia. Antes, en su primer año con la zamarra racinguista, marcó once tantos e impresionó con su movilidad, potencia y capacidad de remate.

Lleva más de dos años en España y apenas habla castellano. Los goles son el idioma planetario, su forma de comunicarse. Que nadie se lleve a engaño: Zigic es mucho más que un portento aéreo. Después de pudrirse en el banquillo del Valencia -«no necesito a ese jugador», repetía una y otra vez el cesado Koeman-, el presidente Francisco Pernía logró la cesión del futbolista en el mercado de invierno y, de nuevo, dio en la diana. El serbio ha marcado once goles en catorce partidos -en el Sardinero se están frotando los ojos- y tan sólo tres han sido de cabeza. Tres. El resto, con el pie, incluido uno de penalti.

Tiempos de guerra

Una década antes, el 24 de marzo de 1999, la OTAN atacó Yugoslavia. O lo que quedaba de ella. Zigic apenas tenía dieciocho años y vestía ropa de camuflaje. Aprendió a controlar el miedo. «Cuando iban a bombardear Novi Sad y Belgrado, los aviones sobrevolaban mi casa. Fueron 90 días sin dormir. No había luz ni agua. Fue muy duro y eso te endurece mucho. Yo estaba en la mili y me pudo tocar ir a la guerra», recordaba el punta. Por 'suerte', sólo tuvo que vivirla y no combatir. Y no fueron 90 días sin dormir, sino 79. Suficientes como para parecer una eternidad.

En el Racing se están frotando las manos con el rendimiento de Zigic. En el Valencia se marchitaba y tuvo que regresar a Santander para florecer de nuevo. El jueves, en el Sardinero, los cántabros destrozaron al Atlético. 5-1. La 'manita'. El serbio se apuntó a la fiesta y marcó en el minuto 87. Cabeceó a la red un medido centro de Colsa y firmó la defunción colchonera. El Athletic se enfrentará mañana a un delantero en racha, un tanque con recursos que pondrá a prueba la solidez de los centrales rojiblancos.

Casi con toda seguridad le acompañará Tchité en la punta de ataque. Otro par de ojos que contemplaron horrores de la guerra. Aprendió a jugar al fútbol en medio del genocidio ruandés. Prefiere olvidarlo. Dos guerreros a los que el fútbol ha cambiado la vida. Zigic fue padre el año pasado. Su mujer, Sanja -en serbio, ' la que sueña'-, le dio una hija: Milica. Y algo más: tranquilidad y estabilidad. En Santander lamentan que la niña vaya a crecer en Valencia. Los contratos obligan. Hasta entonces, su 'viejo' seguirá haciendo goles para el Racing.

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