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El Athletic en Copa de Ferias y UEFA (II)
16 de septiembre de 2009
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Una tarde negra en Belgrado
Koldo Aguirre era el capitán del Athletic en una Copa de Ferias que resultó fugaz para los rojiblancos. / MANU CECILIO
JUANMA MALLO.-

El Athletic partía como favorito ante el Estrella Roja, representante de un fútbol yugoslavo que estaba de capa caída. En la UVI, a tenor de las crónicas y comentarios de la época. «Nuestro equipo no debe encontrar grandes dificultades», profetizaba el enviado especial de EL CORREO a Belgrado horas antes del choque de ida de la primera y única eliminatoria de la Copa de Ferias que los bilbaínos disputaron en la campaña 1966-67. Pepe Sendeja se basaba en varios datos, como el hecho de que la selección balcánica no había acudido al reciente Mundial de Londres y que los jóvenes locales sólo habían ganado un encuentro de Liga de los seis que habían disputado. Incluso los directivos del cuadro anfitrión, no se sabe si en un arranque de humildad o en un intento por ocultar el potencial de su vestuario, aceptaban ese papel de víctimas. «Un empate es lo máximo que esperamos», se ilusionaban.

Aquel cuadro dirigido por Piru Gainza, sin embargo, se vistió ese traje de 'resucitamuertos' que tantas veces se puso en aquellos tiempos lejos de San Mamés y que, aún hoy en día, suele coger del armario en más de una ocasión para disgusto de sus aficionados. De esta forma, en un estadio de 35.000 espectadores, en el primer día del otoño de 1966, los rojiblancos -aquella jornada sólo de blanco- perpetraron «el peor partido en mucho tiempo». Sin ideas, sin nervio, planos, dormidos... Se fueron al descanso con un 2-0 en contra, producto de sendos despistes.

Pero el paso por la caseta de un recinto que tenía los asientos configurados al estilo de un tendido de una plaza de toros les dio brío. Saltaron como un morlaco al ruedo. Bravos. Con ganas. A remontar. En los primeros trece minutos, el Athletic gozó de varias oportunidades frente al desbordado grupo de Miljanich. Argoitia al palo y dos ocasiones de Arieta, la segunda un penalti claro por manos de un rival que Mr. Mirczak, árbitro magiar, se comió.

Sólo quedaba el milagro

En cambio, el fútbol dictó su sentencia: del 2-1 se pasó al 3-0 en la siguiente jugada. Suele ocurrir. En una rápida internada de un yugoslavo -el cronista de entonces obvia los nombres porque «todos acaban en 'ich' y naturalmente no dirán nada a nuestros lectores»-, Echevarría derribó a un oponente y el colegiado señaló penalti, pese a que su linier indicó córner. Tres a cero, el segundo de Dzajic - «el '11'» para los periodistas bilbaínos-, un interior izquierdo rápido, que mareó a Koldo Aguirre y a Gainza. Al borde de un ataque, el técnico le gritaba al de Sondika: «¡Estórbale!» Pero ni por ésas. El quinto llegó en el minuto 87, cuando la afición local ya quemaba en las gradas periódicos y todo tipo de papeles para festejar el triunfo contra el 'ogro' español, que llevaba dos años y medio sin encajar una 'manita'.

Una semana después, en Bilbao, sólo quedaba el milagro. Que el Athletic se agarrase a la épica, a esas habituales remontadas basadas en el ánimo de su afición y en el carácter aguerrido del plantel. No ocurrió. Desde el principio se vio que no, que el iluminado San Mamés -la luz artificial se había estrenado dos años antes y cautivó a los yugoslavos- no iba a presenciar un duelo histórico. Los balcánicos salieron a lo suyo, a defender y a aprovechar su velocidad en los contragolpes. Rozaron el gol, pero Iribar lo impidió. Con un 'once' remodelado -la parte izquierda del ataque estaba formada por dos juveniles (Estéfano y Lavín) y Argoitia y Orue se quedaron en el banquillo-, los vizcaínos ganaron la batalla en una 'Catedral' que estrenaba publicidad «en torno al terreno de juego» de marcas como Martini, Scweppes (así se recoge en la crónica).... Pero los bilbaínos perdieron la guerra, la eliminatoria, contra un Estrella Roja que cayó a la siguiente ronda frente al Valencia.

Este decepcionante periplo europeo, no obstante, dejó alguna buena noticia. A sus 19 años, Estéfano, que había debutado en Liga diez días antes, marcó los dos insuficientes tantos del Athletic. Y es que todo se había truncado en Belgrado, en una tarde negra, horrible, que estrenó una campaña que se selló con el subcampeonato de Copa; el Valencia, vengador en Europa, no se apiadó en la final.

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