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El Athletic en Copa de Ferias y UEFA (III)
17 de septiembre de 2009
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La piedra del Ferencvaros
Los aficionados no dejaron solo al Athletic en su desplazamiento a Budapest para enfrentarse al Ferencvaros, 'bestia negra' para los bilbaínos. / MANU CECILIO
JUANMA MALLO.-

La historia se repite. Era la tercera ocasión en la que el Athletic comparecía en la Copa de Ferias. Su participación, en cambio, se calcó a la primera; tres años antes. Adiós en cuartos. ¿El enemigo? También el mismo; el legendario Ferencvaros, ahora venido a menos, recién ascendido a la primera división húngara. Entonces, no. En el curso 1967-68, presumía de ser uno de los cuadros más potentes de Europa. Alzó, por ejemplo, el título en la primera campaña que dejó a los rojiblancos en el camino. Y en la temporada que nos ocupa arribó hasta la final liderado por el balón de oro Florian Albert. No ganó el trofeo. El Leeds United le superó por la mínima.

Antes de llegar a ese peldaño, el equipo de Piru Gainza apeó a dos rivales, el semiprofesional danés Frem y el Girondins de Burdeos. A pesar de lo que puede parecer por el pedigrí de los oponentes, los bilbaínos sufrieron para derribar a los gigantes de Copenhague. En cambio, se pasearon contra los franceses gracias al amplio marcador que conquistaron en la ida en el Lescure Parc (1-3).

El primer escalón llevó al Athletic a un país en el que fútbol no hacía ni fu, ni fa. La eliminatoria pasó casi desapercibida en un coqueto estadio, de reminiscencias británicas, en el que cuatro días antes se habían disputado tres partidos profesionales. De ahí que el césped azulgrana -así vestían los daneses- presentara un pésimo estado. Quizá por eso, los hombres de Gainza sólo colaron un tanto a Nielsen. O quizá fue porque los anfitriones no 'alimentaron' a los vizcaínos como querían. Cuentan las crónicas de la época que dos noches antes del encuentro, el 'maitre' del hotel en el que se alojaba la expedición casi se desmaya cuando le pidieron el menú: sopa, lenguado, un «hermoso» bistec y el 'necesario' postre. «¡Cuatro cosas, cuatro cosas!», se llevaba las manos a la cabeza el camarero.

Un paseo en Burdeos

Al final, no le quedó más remedio, cedió. De todos modos, los visitantes hicieron un juego ramplón. «El Athletic atacó muy lento. Lo pensaban mucho y siempre pasaban en horizontal», analizó el marqués de Romeral, embajador de España en Copenhague. A pesar de la derrota, el técnico danés vio opciones para la vuelta. «Le aseguro que ganaremos en Bilbao», se envalentonó. No lo consiguió, aunque en determinados momentos la clasificación rojiblanca corrió cierto peligro.

Al contrario de lo que ocurrió en el duelo de octavos. El Girondins era un rival de cuidado. Había humillado al Saint Patrick's irlandés con un global de nueve tantos a favor. Pero los galos ni inquietaron a los vizcaínos. «El Burdeos, un muñeco de pim-pam-pum en manos de los bilbaínos», tituló EL CORREO la crónica del encuentro. «Tres a uno -se puede leer de la mano de Pepe Sendeja- como pudieron ser cinco, seis o siete. Todos los que hubieran querido los delanteros si toman la cosa un poco en serio». Ese marcador convirtió la vuelta en San Mamés en un duelo insulso, sin interés. A cuartos.

La suerte esquivó al Athletic en ese peldaño. El bombo le emparejó con una de las bolas más calientes: el Ferencvaros. Aunque igual resultaron más duras las condiciones meteorológicas. Budapest les recibió con cinco grados bajo cero. Frío glacial en el Nepstadium. Y congelados comenzaron los bilbaínos, con un dos a cero en contra en el minuto treinta. Con esa renta se las prometían muy felices los anfitriones; incluso soñaron con cerrar la eliminatoria en su estadio. Pero no. El Athletic se calentó en unos vestuarios «cómodos, amplios y lujosos», atestiguó el enviado especial de EL CORREO. Premio a ese esfuerzo, Betzuen marcó un tanto que daba ilusiones a los vizcaínos y, de paso, encrespó a los magiares.

'Sólo' cuatro delanteros

Aunque lo peor para ellos fue viajar desde Budapest hasta Bilbao para disputar la vuelta. Todo estaba preparado para que, tras una escala en París, llegasen a la capital al aeropuerto de Sondika. El tiempo, sin embargo, les jugó una pésima jugarreta. Tuvieron que ir a Madrid. Y desde allí, en el expreso de las 9 de la mañana, desembarcaron en la estación de Abando un día antes del encuentro. «Ha sido agotador. Estamos espectacularmente cansados. La mayor parte de mis hombres no han podido dormir siquiera una hora esta noche», se quejaba el doctor Lakat, técnico de los húngaros.

Y el Athletic se conjuró para la remontada. San Mamés debía vibrar, arropar a sus hombres para lograr la machada. Betzuen, de nuevo, abrió el marcador. Uno a cero. Los bilbaínos estaban en la siguiente fase, en semifinales. Al minuto siguiente, en cambio, todo se torció. Branikovits empató y, más tarde, Fenyvesi sentenció. A pesar de que 'La Catedral' disfrutó de una noche mágica, los bilbaínos no culminaron la proeza. Y los periodistas, como Sendeja, apuntaron al entrenador. «Posiblemente Gainza se hubiera conformado con un 1-0 a favor, que resolvía la eliminatoria, y debió pensar que para un gol sólo bastaban cuatro delanteros -fíjese el lector actual en este dato-, a cambio de que Albert, el goleador, no marcase ninguno. Pudo ser así, y lo estaba siendo en ese minuto 24 de la segunda parte. Después vimos que no era bastante (alinear a cuatro delanteros)». ¿Qué ocurriría ahora si un técnico saca al campo a cuatro hombres de vanguardia? Pero aquella era otra época... Y el Athletic volvió a perder contra el Ferencvaros.

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