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El Athletic en Copa de Ferias y UEFA (IV)
18 de septiembre de 2009
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Aquellas ocasiones de Ibáñez
JUANMA MALLO.-

Europa se convirtió en un bálsamo, en la vía de escape para una Liga tortuosa, en la que San Mamés estaba de uñas con su equipo y con el técnico 'Piru' Gainza, que acabó destituido en octubre. El enconado conflicto venía de lejos, de aquella noche de marzo de 1968 en la que el Athletic disfrutó de un gran ocasión para eliminar a su 'ogro' Ferencvaros, pero se quedó en eso, en una buena oportunidad. Desde entonces, con un verano que no calmó los ánimos, el 'feeling' se evaporó. El cuadro vizcaíno se encontraba sumido en una crisis de identidad. «Me temo que los hinchas 'atléticos' están de morros con los suyos», opinó uno de los cronistas de EL CORREO tras el primer encuentro de esa Copa de Ferias.

Ese estreno fue en San Mamés, ante el todopoderoso Liverpool de Bill Shankly. Los vizcaínos ganaron de forma ajustada (2-1), sin dos bastiones como Fidel Uriarte y Arieta. Pero la afición no ovacionó a los futbolistas. Hizo lo opuesto. Les despidió «con una pita final similar a la que cerró la Liga con el empate del Sabadell».

La ventaja era exigua. Un gol de los 'reds' en su estadio tumbaba al Athletic. De hecho, pocos creían que los vizcaínos iban a salir vivos de la 'guarida' de Liverpool. Más bien nadie. Los ingleses acababan de marcar seis goles a domicilio y los bilbaínos llegaban de perder en Málaga (4-0). Malos presagios. El equipo, en cambio, dio la cara en un campo repleto, con casi 50.000 espectadores que rugían desde horas antes de que arrancase el encuentro. Argoitia, en cambio, les calló a la media hora. Parecía todo resuelto.

El cartón de la suerte

Entonces, la locomotora roja comenzó a carburar. Oleadas contra la portería visitante, que Iribar defendió como un jabato. «El ángel volador», le definieron los medios de comunicación británicos. Y los diarios bilbaínos escenificaron su magistral actuación con una viñeta del guipuzcoano en la que rompía una guitarra en la cabeza de Los Beatles. Aún así, los locales marcaron dos tantos e igualaron la eliminatoria. En la prórroga se mantuvo la igualdad y hubo que proceder al sorteo. El invento de los penaltis llegaría años más tarde. La suerte estaba en un cartón (ya no se empleaba la moneda). O verde o rojo. «Aguirre eligió el rojo. Y el otro le dijo que 'no', que los 'reds' eran ellos. Así que Aguirre le respondió 'pues qué más da, el rojo para tí'», recuerda Iribar. Y salió verde. A la siguiente ronda.

Tocó el Panathinaikos griego. La ida, en Atenas, fue mala. Sólo un empate a cero en un duelo en el que los bilbaínos no ofrecieron precisamente su mejor versión. En Bilbao, fue peor. «Parecía un equipo de Tercera; asustado, sin control, sin juego, sin ligazón», describió José Ramón Basterra, cronista de este periódico. Pero un gol de Rojo I colocó a los vizcaínos en octavos frente al Eintrach de Fráncfort.

Era un oponente de cuidado. Había eliminado a la Juventus y representaba al fútbol alemán, «el mejor de Europa» para la biblia 'France Football'. Bajo la atenta mirada del doctor Toba, seleccionador español, el Athletic superó a los germanos en San Mamés por 1-0. Ese único tanto de desventaja permitió a los teutones pensar que la remontada no sería complicada. De hecho, consideraban la vuelta un simple trámite antes de viajar a Glasgow para medirse al Rangers en cuartos de final. ¡Qué mala es la euforia! Lotz les adelantó a los cinco minutos. No sirvió de nada. De inmediato, empató Igartua y el marcador ya no se movió. Ibrox Park vería a los bilbaínos.

Pero se encontró con una versión un tanto disminuida del equipo. La nieve de marzo acompañó el aterrizaje del avión del Athletic, que comandaba Iriondo acompañado de Allen, técnico del siguiente curso. Eso les dejó helados. «El Glasgow Rangers les ha hecho puré», apuntó el enviado especial de EL CORREO. Tras un inicio arrollador, dos a cero en los primeros treinta minutos, un soberbio gol de Clemente recortó diferencias. Los protestantes se volcaron a por otra diana... Y consiguieron dos, en los minutos 86 y 87 (4-1).

Un recital ante el Rangers

Como contra el Liverpool, nadie pensaba en el que el Athletic podría comprometer siquiera el casi seguro pase de los escoceses. Con varias bajas, los vizcaínos ofrecieron un recital, uno de esos encuentros que sirve para reconciliar al vestuario con la grada, para marcar un punto de inflexión -en junio de 1969 los bilbaínos ganaban su 22 título de Copa-. Primero marcó Estéfano. Le siguió, a poco de la reanudación, Ibáñez. Sólo quedaba un tanto. Uno. Pero no llegó. El joven Ibáñez, en su único partido europeo con el Athletic, tuvo dos ocasiones magistrales; una por falta de reflejos y el barro que se había acumulado al lado de la raya de gol, como recuerdan las crónicas, impidieron el «milagro». La historia se acabó en cuartos, como una temporada antes.

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