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El Athletic en Copa de Ferias y UEFA (VI)
20 de septiembre de 2009
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Ingleses y alemanes
Uriarte acosa al portero Martin en el Athletic- Southampton (2-0) disputado en San Mamés. / MUSEO ATHLETIC
JON AGIRIANO.-

Acostumbrada a disfrutar de los partidos con aroma continental gracias a la Copa de la UEFA, en la temporada 1971-72 la afición rojiblanca se preparó para paladear la nueva competición creada por el máximo organismo del fútbol europeo: la Copa de la UEFA. El sorteo obligó al Athletic de Ronnie Allen a estrenarse ante el Southampton. Los rojiblancos eran superiores hombre por hombre, como bien diagnosticó su técnico inglés, pero iban a tener que demostrarlo en el campo. Y eso no iba a ser tarea fácil. Nunca lo es ante los bravos equipos británicos.

Las previsiones sobre la dificultad de la empresa se cumplieron. El Athletic, tras adelantarse en el marcador con un gol de Arieta al comienzo de la segunda parte, acabaron cayendo por 2-1 ante un Southampton desmelenado. Muy desmelenado. Demasiado. A falta de grandes virtudes técnicas, los pupilos de mister Bates se dedicaron a repartir estopa para delirio de las gradas del viejo The Dell.

Su dureza impresionó e indignó a los enviados especiales de la prensa bilbaína. Un tremendo párrafo extraído de la crónica de Carlos Barrena, el cronista de este periódico, lo deja bien claro. «Puedo decirles sin exageración de ningún género que los jugadores del Southampton son, en general, los más violentos, sucios y malintencionados que he conocido en mi vida. Salvo dos o tres excepciones -léanse los nombres de Channon, Martin y Paine- los restantes son peligrosísimos. No se trata de virilidad, no, nada de eso. Lo de ayer fue mala intención, ir al jugador, como fueron contra Arieta, contra el propio Iribar, contra Rojo II... a partirles una pierna al menor descuido. Pues bien, contra estos hombres otros hombres -once aldeanos de mi tierra-supieron responder con mayor corrección, con hombría, con entereza, con verdadera y ejemplar gallardía. Los jugadores del Atlético de Bilbao dieron un ejemplo de buena educación a los mal intencionados ingleses. Pero sepa el lector que en ningún momento acusaron temor -bildurre, que diría alguno- y supieron siempre atacar con desmayo y defender con entereza».

En el partido de vuelta, el Athletic acabó imponiendo su mayor calidad. Eddy Mercks y Luis Ocaña, que hicieron juntos el saque de honor, lo comprobaron en directo. Los ingleses se defendieron con fuerza, aunque dentro de los límites del reglamento. El árbitro mister Schiller no les permitió las licencias que se habían tomado dos semanas antes. Derribarles, eso sí, no fue tarea fácil. A los rojiblancos les costó Dios y ayuda. De hecho, tardaron 69 minutos en batir a Martin, un gran portero. El autor del 1-0 fue Josu Ortuondo, que sólo llevaba seis minutos en el campo tras haber salido en lugar de Argoitia. El gol de la victoria se hizo esperar. Llegó en el minuto 89 y en una jugada clásica. Txetxu Rojo se internó con velocidad por la banda izquierda hasta sacar un centro medido, de esos que vuelan gritando gol. Arieta cabeceó a la red.

Contra pronóstico

La aventura del Athletic en aquella primera Copa de la UEFA terminó, contra pronóstico, en el siguiente escalón. El Eintracht de Braunschweig fue el verdugo de los rojiblancos; algo que nunca hubieran imaginado los jugadores bilbaínos tras el partido de ida disputado en Alemania. Fue un choque malo, lleno de imprecisiones y barullos. En la segunda mitad, tras un fortísimo aguacero, prácticamente no se pudo jugar. Y en la primera tampoco se vio gran cosa más allá de los goles. El Athletic se adelantó al activarse de nuevo la conexión Rojo I-Arieta, pero no supo defender su renta. Brundi igualó un minuto después y, pasada la media hora, el mismo jugador firmó el gol de la victoria al transformar un penalti por manos de Etxeberria.

Aunque los alemanes partían con la ligera ventaja del 2-1 y el Athletic sufría como un bellaco en la Liga, incapaz de encontrar un cauce a su juego, San Mamés estaba convencido de la remontada. Los cronistas, de hecho, auguraban una «victoria rotunda» del Athletic. Su previsión saltó por los aires. Otto Knefler, el técnico teutón, planteó un partido hermético con cinco defensas y un medio centro como Habermann sin otra misión que anular a Fidel Uriarte. Los jugadores del Eintrach se pusieron a la tarea con la aplicación marcial que ha hecho famosos a sus paisanos. El Athletic no tardó en sentir la gran piedra que tenía en el zapato. Nunca se sintió cómodo. Y mucho menos después de que Erler adelantara al Eintracht en el minuto 25 en una contra. El gol acabó de confundir a los rojiblancos. Ni siquiera importó que Uriarte empatara antes del descanso. El Athletic veía borrosa la portería de Franke y recibió la puntilla en el minuto 80, a manos de Brundi. Poco importó que Rojo II firmara en el último minuto, de un bello remate de cabeza en plancha, el 2-2 definitivo.

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