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El Athletic en Copa de Ferias y UEFA (VII)
21 de septiembre de 2009
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El año del orgullo
Rojo se interna por la banda izquierda en la 'paliza' del Athletic al Milan en San Mamés (4-1). / MANU CECILIO
JON AGIRIANO.-

Aunque en sus vitrinas no luce ningún título continental, el Athletic ha viv ido dos grandes momentos de gloria en competición europea: la Copa de Europa de la temporada 1956-57 y la Copa de la UEFA de la campaña 1976-77. En la primera, el Athletic de Daucik alcanzó los cuartos de final tras eliminar al Oporto y al Honved y caer ante el Manchester United. En la segunda, sólo la mala suerte impidió que el Athletic de Koldo Aguirre batiera a la Juventus en la gran final. En ambas ocasiones, el equipo dejó una imagen maravillosa y el nombre de Bilbao se escuchó con respeto y admiración más allá de nuestras fronteras. Para que se hagan una idea: lo contrario que en Tromso.

Se puede decir que la UEFA de la temporada 1976-77 fue el momento culminante de uno de los mejores Athletic de todos los tiempos. Sobre este tipo de apreciaciones se puede discutir lo que se quiera, pero si se hace una encuesta entre los aficionados rojiblancos de una cierta edad y se les pregunta cuándo han visto jugar mejor a su equipo durante el último medio siglo una mayoría contestará, con total seguridad, que en aquella Copa de la UEFA. Fue aquel un equipo breve que estalló en todo su esplendor al alcanzar el punto exacto de maduración un grupo de jugadores formidables, algunos de ellos llegados al Athletic en la llamada operación retorno, caso de Churruca e Irureta. Koldo Aguirre cosió con maestría las costuras de aquel grupo al que sólo se le podía achacar un defecto: una mentalidad dispersa que le llevaba a cierto acomodamiento fuera de San Mamés, algo propio del Athletic, por otra parte.

En su campo, por el contrario, el equipo era un rodillo. Aquel viejo San Mamés de palcos esquineros se convirtió en un desguace para los rivales del Athletic tanto en la UEFA como en la Copa del Rey. El Ujpest Dosza fue el primero en comprobar cómo se las gastaban los rojiblancos. Los húngaros llegaron a Bilbao haciendo cálculos optimistas sobre las posibilidades que les daba el 1-0 del partido de ida. Para cuando se dieron cuenta dónde se habían metido les habían caído cinco. En segunda ronda, ante el Basilea, el Athletic se trajo un prometedor 1-1 de la ida y no tuvo que forzar en la vuelta: 3-1.

Aquel penalti en San Siro

El tercer rival fue un grande de Europa: el Milan. Los italianos se adelantaron en San Mamés con un gol tempranero de Fabio Capello, pero a partir del 0-1 dejaron de existir, barridos por un Athletic colosal en el que Txetxu Rojo hizo uno de los mejores partidos de su vida. El 4-1 final se quedó corto. De hecho, el árbitro anuló a Carlos el 5-1 sin que nadie más que él supiera por qué. Lo cierto es que gol hubiera venido de perlas para evitar la agonía que se vivió en San Siro, donde el Milán dio la vuelta a la eliminatoria hasta ponerse 3-0 en el minuto 83. Todo parecía perdido, pero a dos minutos del final apareció Txetxu Rojo para robar un balón y forzar un penalti providencial que Madariaga, el hombre tranquilo, transformó con un zurdazo impecable.

Se habló mucho entonces de la justicia de aquella pena máxima, pero el genial extremo izquierda rojiblanca no tiene ninguna duda. «Fue clarísimo. Ellos estaban tocando la pelota para perder tiempo, porque quedaba muy poco. Le dieron el balón al lateral y se lo quité. Estuve a punto de tirar a gol desde lejos porque Albertosi estaba muy adelantado, pero el balón se me había quedado en la derecha y decidí seguir. Entré en el área y cuando me vino el defensa, le recorté y él me barrió. Luego me dijeron que le quemaron el coche», recuerda.

Memorable

En la siguiente ronda correspondió el Barcelona de Cruyff, al que se eliminó con solvencia. El Athletic ganó en San Mamés pero con una renta corta (2-1) y hubo que terminar el trabajo en el Nou Camp, donde se empató a dos con goles de Irureta. El Racing White, rival en semifinales, no se antojaba tan duro como el Milan o el Barça. De hecho, tras el 1-1 en Bélgica, todo parecía coser y cantar. Muy pocos esperaban el sufrimiento que se vivió en San Mamés ante los belgas. Atenazado por la responsabilidad, el Athletic no estuvo a su altura ante un rival correoso. El último cuarto de hora fue un infierno. Todavía hay aficionados que se despiertan por las noches recordando el balón que Lasa entregó a un delantero belga en un saque de banda y que no fue el 0-1 de milagro.

El caso es que el Athletic alcanzó su primera final europea. Enfrente estaba la Vecchia Signora con uno de los mejores equipos de su historia, una mezcla de subcampeones mundiales en México 70 y futuros campeones mundiales en España 82 como Zoff, Scirea, Cabrini, Gentile o Tardelli. Este último marcó en Turín un gol decisivo. Rojo no lo olvidará nunca. «Fue un churro. Scirea solía salir desde atrás por la derecha y centraba. Lo hacían muchas veces. Pero Tardelli remató con el hombro. Si remata con la cabeza la para Ángel. Pero le dio mal y le salió aquella parábola tan rara. Fue una pena porque les controlamos bien y apenas nos hicieron ocasiones», comenta. El que sí las hizo y de todos los colores fue el Athletic, memorable una vez más en San Mamés, pero no hubo manera. Aunque Irureta y Carlos remontaron el gol de Bettega en el minuto 7, el tercero no llegó. Lo impidieron Zoff y los astros, aliados aquella noche bella y triste con el equipo de Trapattoni.

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