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El Athletic en Copa de Ferias y UEFA (VIII)
22 de septiembre de 2009
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La maldición del viento
Dani, siempre batallador, marcó el gol del honor ante el Aston Villa. / MANU CECILIO
JON AGIRIANO.-

La herida de la derrota ante la Juventus no se había cerrado, pero el fútbol continuaba y el balón volvió a rodar. A la vuelta del verano, el Athletic regresó a la Copa de la UEFA. Lo hizo con sentimientos encontrados. Había ilusión por volver a intentarlo, por supuesto, pero también la certeza de que iba a ser muy difícil repetir un torneo tan extraordinario como el que había realizado la temporada anterior. Sea como fuere, el subcampeón de la UEFA tenía una imagen que cuidar y un status competitivo que mantener. Al fin y al cabo, los grandes equipos se miden por las obligaciones que se imponen.

Los suizos del Servette fueron los primeros en encontrarse con los rojiblancos aquella temporada. La eliminatoria dejó una inevitable sensación de 'deja vu'. No en vano, fue una experiencia calcada a otras vividas con anterioridad frente a rivales de bajo calibre: derrota por la mínima fuera -1-0 con gol de Barberis en el minuto 24- y remontada bastante sufrida en San Mamés con goles de Dani y Amorrortu.

Algo similar sucedió en la segunda ronda, ante un viejo conocido como el Ujpest Dozsa. Los húngaros se habían enfrentado al Athletic la temporada anterior y sabían perfectamente a lo que se atenían. Ninguno de ellos había olvidado su paso por San Mamés. Y no era para menos. Los leones, con Txetxu Rojo y Dani en papeles estelares, se los comieron por 5-0 en una noche antológica de fútbol. Tras esa experiencia traumática, los pupilos de Paul Varhidi se volvieron muy recelosos. No les hizo ninguna gracia enfrentarse de nuevo al Athletic, ni siquiera por aquello de la revancha. Sabían que necesitaban una renta amplia para acudir a Bilbao con alguna garantía. En este sentido, el 2-0 obtenido en el Ujpesti Magien con goles de Toroksic y Wiczko no les pareció ni bien ni mal, sino todo lo contrario.

Pese a todo, era un buen resultado. Los jugadores del Athletic lo sabían bien. Remontar no iba a ser tarea fácil. Y no lo fue, desde luego. De hecho, a falta de 21 minutos para la conclusión, el marcador seguía 0-0 y el futuro del Athletic se perfilaba de lo más negro. Tuvo que ser Dani, letal siempre, hasta dormido, el que forzara la prórroga con dos goles. Tirapu en el minuto 107 hizo el 3-0 definitivo. Nunca se había visto en otra así el navarro. Ahí es nada marcar un gol y encima que sea el decisivo y en la prórroga.

Esperanzas

La nueva gesta extendió una sensación de invulnerabilidad, como si en San Mamés el Athletic fuera capaz de todo. Y a esa esperanza se agarró la hinchada rojiblanca cuando su equipo, en tercera ronda, se vino del Villa Park de Birmingham con un inquietante 2-0 tras una floja actuación de Iribar. Humano al fin y al cabo, el Chopo tenía 35 años y ya comenzaba a declinar. Koldo Aguirre recuerda bien la eliminatoria. «Pese al 2-0 teníamos mucha ilusión porque el resultado era engañoso y porque ese mismo verano, en el torneo Villa de Bilbao, habíamos jugado contra ellos y les habíamos ganado bien por 2-0. Pero sabía que iban a ser muy duros de pelar y que iban a jugar en Bilbao con la misma mentalidad que en Inglaterra», rememora Koldo Aguirre.

El técnico de Sondika acertó en sus previsiones. Los jugadores de Raun Sanders salieron al campo con el colmillo perfectamente retorcido. Sabían que sólo una respuesta contundente les permitiría salir vivos de La Catedral y se aplicaron a ello. El Athletic, en cambio, no fue el mismo de otras veces. Era algo que muchos temían, no sólo los agoreros de guardia. Ocurría que, aquella víspera de la Inmaculada de 1977, había al menos dos razones de peso para estar preocupados. A las bajas de Rojo y Argote, que obligaron a recomponer la banda izquierda, se le unió un factor decisivo: el viento sur, que comenzó a soplar con fuerza por la tarde, tras una mañana extrañamente calurosa. Sabido es que, en el vocabulario rojiblanco, viento sur es sinónimo de empanada. Una maldición, por tanto. «Siempre nos ha sentado mal y aquella noche, también», recuerda Koldo Aguirre, para quien la eliminatoria se decidió en el minuto 44, cuando Gidman lanzó un centro envenenado al corazón del área y Mortimer, dibujando en el aire los dos tiempos del cabezazo perfecto, logró el 0-1.

El segundo tiempo fue una demostración de impotencia por parte del Athletic. Los jugadores rojiblancos salieron a todo trapo, pero las burbujas les duraron poco y acabaron dejándose ir, convencidos íntimamente de que aquella vez la remontada era imposible. Bien cerrado, serio y expeditivo, el Aston Villa acabó pareciendo infranqueable. Sólo Dani siguió batallando con su espíritu indomable de siempre hasta rascar el gol del empate -y de la honrilla- en el minuto 85.

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