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El Athletic en Copa de Ferias y UEFA (XIV)
28 de septiembre de 2009
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Grandes emociones
Julen Guerrero y Cuco Ziganda se quejan de forma desgarrada ante el colegiado Elleary por 'robar' un penalti. / EL CORREO
JON AGIRIANO.-

Después de seis años de forzada abstinencia en competiciones europeas, en el verano de 1994 el Athletic se preparó para disfrutar de una nueva aventura en la Copa de la UEFA. El club vivía momentos convulsos. José María Arrate acababa de alcanzar el sillón de Ibaigane tras imponerse a José Julián Lertxundi en unas elecciones a cara de perro. La confrontación electoral había dejado muchas heridas abiertas. Algunas, de hecho, no han cerrado del todo tantos años después. Javier Irureta ocupaba el banquillo rojiblanco y eran muchos los que le miraban como si fuera un okupa. La sombra de Jupp Heynckes era muy alargada. En medio de esa atmósfera de ceños fruncidos, el sorteo de la UEFA dibujó una sonrisa general. Al Athletic le tocó en suerte un modesto equipo chipriota, el Anorthosis. La gente no tardó nada en bromear sobre la debilidad de aquel rival con nombre de infección.

Las bromas y la condescendencia suelen ser muy peligrosas en el fútbol. El Athletic lo comprobó en el estadio Antonis Papadopoulos de Larnaka, donde recibió una cura de humildad de las que no se olvidan. Ante un Anorthosis lastrado por las bajas de tres de sus piezas básicas -Assiotis, Nicolic y Maghti-, la tropa de Irureta encajó una derrota indigna (2-0) que comprometió muy seriamente su permanencia en la competición continental. El Athletic recibió un gol en el minuto 7 -lo hizo Gogic, un serbio nacionalizado chipriota que todavía se le aparece en pesadillas a Genar Andrinua- y a partir de ahí se desmoronó. No reaccionó en los noventa minutos, así que el 2-0 final -Punas marcó el segundo tanto poco antes del descanso- se antojó un mal menor dentro del desastre.

Quince días después, en el partido de vuelta, el Athletic se jugaba algo más que el pase a la siguiente eliminatoria. Se jugaba el crédito, la honra, el prestigio, el honor, el rosario de su madre... Lo que usted quiera. Caer ante el Anorthosis era una afrenta intolerable; quizá el mayor ridículo europeo del Athletic en toda su historia. No es extraño, por tanto, que los rojiblancos salieran a morir en busca de la remontada. Para el minuto 22 ya habían igualado la eliminatoria con goles de Guerrero y Goikoetxea y San Mamés rugía. Todo parecía encarrilado. El 3-0, sin embargo, se hizo esperar. ¡Vaya que si se hizo esperar! Las lesiones de Lakabeg y Guerrero en los minutos 37 y 39 rompieron el ritmo del abordaje rojiblanco. En la segunda mitad, las expulsiones de Panayiotou y Panayi allanaron el camino, pero la falta de puntería estuvo a punto de abocar a los bilbaínos a la prórroga. Lo evitó Andrinua con un gol de cabeza a pase de Goikoetxea en el minuto 88.

Dos huesos

El susto ante el Anorthosis fue de tal calibre que la afición casi celebró que el bombo deparara al Athletic uno de los peores rivales posibles para la segunda ronda: el Newcastle de Kevin Keegan, líder de la Premier. Era una reacción lógica. El que conoce la historia del Athletic sabe que de este equipo puede esperar cualquier desafuero ante un rival menor y cualquier hombrada ante un enemigo superior. La eliminatoria contra las urracas de Saint James Park iba a demostrarlo una vez más. El equipo de Jabo Irureta se presentó en Newcastle con bajas importantes (Lakabeg, Urrutia, Goikoetxea y Guerrero). Aún así, supo competir con grandeza, sin arrugarse ante un equipazo armado en torno a Fox, Beardsley, Cole y el belga Albert. Hubo un momento en que todo pareció perdido. Cuando Cole marcó el 3-0 en el minuto 57, era inevitable temerse lo peor. El Athletic, sin embargo, reaccionó con casta. Irureta retiró a Tabuenka y sacó en su lugar a Suances, un chaval al que había hecho debutar en Larnaka. El getxotarra nunca olvidará Saint James Park. En los 22 minutos que estuvo en el campo dio el pase del 3-1 y marcó de cabeza el 3-2 a diez minutos del final.

No hace falta decir que San Mamés fue el volcán Kilauea dos semanas después. En el Día de todos los Santos, San Mamés fue un cementerio para el Newcastle. Le enterró, tras una dura batalla a mandobles, un gol de Ziganda en el minuto 67. ¿Quién ha olvidado aquel zurdazo un poco chungo que se coló tras tocar en Beresford y Smicer?

Al líder de la Premier le siguió en el bombo otro escualo: el líder del Calcio, el Parma de Nevio Scala. Era un escuadrón temible. De hecho, acabaría siendo el campeón del torneo tras vencer en la final a la Juventus. Para conseguirlo tuvo que pasar por encima del Athletic y lo hizo a duras penas. Los italianos perdieron por la mínima en San Mamés, donde Dino Baggio, Zola, Couto y compañía no es que deslumbraran precisamente. Y en su estadio, el Ennio Tardini, necesitaron de los regalos defensivos del Athletic y de un capotazo final del árbitro para seguir adelante. Fue un partido entretenido. Los rojiblancos volvieron a ponerse 3-0 abajo como en Newcastle y, como allí, ante 4.000 seguidores que les animaban sin desmayo desde el fondo sur, supieron reaccionar. Óscar Vales, el mejor rojiblanco sobre el césped, hizo el 3-1. Couto marcó el 4-1, pero Guerrero replicó con el 4-2. Corría el minuto 73. Un gol clasificaba al Athletic. Lo sabía bien el árbitro inglés David Elleary, que no quiso ver un penalti flagrante a Andrinua a cuatro minutos del final. De haberlo señalado, quién sabe qué historia estaríamos contando ahora de aquella UEFA de grandes emociones.

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