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El Athletic en Copa de Ferias y UEFA (Y XVI)
30 de septiembre de 2009
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Un recuerdo agridulce
Gurpegui 'vuela' tras la entrada de un rival del Tranbzonspor. /JORDI ALEMANY
JON AGIRIANO.-

La Copa de la UEFA de la temporada 2004-05 dejó un recuerdo agridulce. El aficionado del Athletic echa la vista atrás y se enorgullece con la exhibición que realizó el equipo de Ernesto Valverde en Lieja. Aquel 1-7 es -y todo apunta a que lo será por mucho tiempo- la mayor goleada del Athletic en competición europea. También podría decirse que fue el momento culminante de un equipo muy atractivo, el último Athletic que ha ilusionado de verdad a sus aficionados. Frente aquella gesta, sin embargo, se interpone una tremenda decepción, la que se sufrió en San Mamés el domingo 27 de febrero de 2005 cuando el Austria de Viena, contra todo pronóstico, eliminó a los rojiblancos de una competición con la que en Bilbao ya se había empezado a soñar.

El golpe fue durísimo para todos. Pocos días después de la derrota, cansado de sus desencuentros con la directiva de Fernando Lamikiz, Valverde anunció que no continuaría en el club la siguiente temporada. Un magnífico proyecto deportivo se iba al traste y no es exagerado decir que el club todavía está pagando las consecuencias.

Aquella UEFA arrancó en Asia Menor, en Trabzon, a orillas del Mar Negro. Y arrancó con un susto de muerte. Ante un rival muy inferior, los jugadores rojiblancos estuvieron a punto de irse a casa a las primeras de cambio. En el minuto 69, perdían por 3-0 y nadie daba un euro por ellos. El equipo comenzó a desmoronarse tras un gol de Javi González en propia puerta y acabó flotando sin alma por la antigua Trebisonda. Cuando todo parecía perdido, dos zarpazos le devolvieron la vida. El primero lo dio Gurpegui, autor del 3-1 en el minuto 73. El segundo llegó al activarse una conexión que dio muchas alegrías en su momento: la conexión Zipi-Zape. Léase Yeste-Del Horno. El cielo se abrió para el Athletic con el gol del gallartino en el minuto 80. El 3-2 era un resultado perfectamente abordable en la vuelta y así se demostró. Firme desde el inicio y animado con un gol de Ezquerro en el minuto 5, el Athletic consiguió el pase a la liguilla con un 2-0 inapelable.

El sorteo de la liguilla acabó incluyendo al Athletic en una reunión de históricos: Parma, Besiktas, Steaua de Bucarest y Standard de Lieja. No era un grupo fácil, pero tampoco se le podía considerar de una complicación excesiva. Tras el primer partido, ante el Parma en San Mamés, esa convición se redobló. El Athletic se impuso a los italianos, sus verdugos diez años atrás, sin necesidad de grandes alardes. El 2-0 final se quedó corto en un choque sobre el que gobernó Carlos Gurpegui, colosal en el corte, la presión y en el remate. Suyo fue el 1-0 y suyo fue el partido. El siguiente compromiso tuvo otro cariz. Las visitas a Estambul nunca son fáciles y aquella no fue una excepión. Flojo en defensa, el Athletic sucumbió por 3-1 ante el Besiktas de John Carew, que dio una noche infame a Lafuente, Prieto y Karanka.

Un gran Iraola

El tropezón en el Inonu Stadium obligaba a vencer al Steaua en San Mamés y los rojiblancos se aplicaron con convicción a la tarea. Un gol de Joseba Etxeberria segundos antes del descanso decidió un partido que también tuvo un protagonista indiscutible. Si Gurpegui fue el héroe ante el Parma, ante los rumanos lo fue Iraola. El de Usurbil hizo un encuentro soberbio. Ni fue el primero ni sería el último que haría con Valverde en el banquillo. Tras la marcha del técnico de Viandar de la Vera, por desgracia, esas exhibiciones de Iraola se fueron espaciando hasta su práctica desaparición.

Sumada esa victoria, al Athletic le bastaba con empatar en Lieja para entrar en octavos. El equipo, sin embargo, no quiso especular en el Maurice Dufresne. Nunca lo hacía. Valverde apostó muy fuerte aquella tarde. Dejó en el banquillo a Urzaiz para que Ezquerro jugara en punta con Joseba. Y no sólo eso. Trasladó a Murillo al lateral derecho, retrasó a Gurpegui a la posición de central y escoró a Yeste a la banda izquierda. Tantos experimentos en un choque decisivo podían estallarle en las manos, pero el técnico rojiblanco lo tenía claro. Quería un partido dislocado, de ida y vuelta. Sabía que, en el intercambio de golpes, sus chavales acabarían imponiendo su mayor calidad y pegada. Su lectura fue perfecta. El 1-7 con 'hat trick' de Ezquerro es la mejor prueba de ello.

Era inevitable que un resultado así desatara la euforia en Bilbao. El Austria de Viena parecía pan comido, pero todo se torció. Primero con la suspensión del partido de ida por la nieve. Hubo que retrasarlo una semana y también entonces las condiciones del juego fueron penosas: a cinco bajo cero, el Ernst Happel estaba helado y cubierto con arena y una capa de gravilla. Imposible jugar. De este modo, el 0-0 se antojó una bendición. Tres días después, llegó el golpe bajo. Un durísimo gancho al hígado. Pese a adelantarse en el marcador con un penalti de Yeste, el Athletic estuvo desconocido. Jugó mal y acabó condenándose con dos errores defensivos garrafales que Sionko aprovechó sin inmutarse. Una pena.

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