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LOS INOLVIDABLES (VIII) URIBE
«Me moriré con la espina clavada de no haber podido jugar el partido de Manchester»
13 de marzo de 2011
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Ignacio Uribe posa en su casa de Leioa, rodeado de fotos de su época de jugador
JON AGIRIANO MIGUEL GONZÁLEZ SAN MARTÍN | .-

Ignacio Uribe se cree más tímido de lo que es. Tiene la voz algo cascada, el hablar despacioso pero enérgico y la mirada escrutadora e inteligente. En cuanto se siente a gusto, tras comprobar que algunos silencios inevitables en el comienzo de la conversación se llenan con naturalidad con bromas y anécdotas, de antes y ahora, va cogiendo confianza y sus frases se vuelven más largas. Nunca demasiado, seguramente por esa buena educación de las personas en absoluto poseídas de sí mismas, a quienes se les hacen enseguida abusivos los propios discursos y buscan un atajo para decir lo sustancial, sin adornos, con palabras sencillas.

Uribe fue un interior fino y driblador, de los que disfrutaban conduciendo el balón mientras sorteaban rivales. Soltarlo siempre le dio un poco de pena. Ello le costó muchas heridas de guerra, una retirada prematura a los 29 años y dos prótesis en las rodillas que, felizmente, le han hecho olvidar las viejas cojeras. Llegó a jugar con Zarra y otros de aquel once mítico, pero su equipo fue, sobre todo, el de los once aldeanos que le ganaron al Madrid, al Barcelona, al Oporto, al Honved, al Manchester en San Mamés, en el mítico partido de la nieve, el equipo que ganó una Liga y tres Copas, que hizo doblete en el 56 y levantó su último trofeo ganando en el Bernabéu al Real Madrid de Di Stéfano y Puskas.

'Aldeano' de la Gran Vía de Bilbao, Ignacio Uribe terminó su carrera universitaria en La Comercial de Deusto. No era tan frecuente entonces, y mucho menos lo es ahora. Un futbolista de su época debía prepararse para la retirada. Era impensable que se jubilase millonario, como ahora. Unos ponían un negocio, una tienda, un bar, otros se ocupaban de vagos asuntos comerciales. Ignacio tenía su carrera. Trabajó en navieras y no se jubiló a la edad en la que lo hacen ahora las figuras del fútbol, como lo fue él, sino a los 63. Pese a todo, se siente muy afortunado. Su padre, Luis 'Volea' Uribe, ganó 2 Ligas y 3 Copas con el Athletic de Mister Pentland. Él no llegó a superarle en el palmarés, pero fue un futbolista superior que tuvo mucho más protagonismo en el equipo y, aparte de marcar 69 goles en 211 partidos, supo afrontar con éxito un reto histórico: ocupar el lugar de Panizo.

- Ignacio, háblenos de su padre. El suyo es uno de los pocos casos, en realidad el único junto al de los Cedrún, en que padre e hijo son campeones con el Athletic.

- Es verdad. A mi padre le gustaba mucho el fútbol y, cuando fue a estudiar a Madrid, comenzó a jugar en la Gimnástica, que venía a ser como el segundo equipo del Real Madrid, el Castilla de entonces. Luego le subieron al primer equipo y estuvo dos temporadas. Jugó con Santiago Bernabéu. Al volver a Bilbao le fichó el Athletic.

- Un Athletic espectacular.

- Sí. Mi padre tuvo la suerte, como la tuve yo, de coincidir con unos jugadores extraordinarios: Gorostiza, Cilaurren, Iraragorri, Chirri, Lafuente... Él jugaba de medio izquierda o de interior. Era un poco el comodín del equipo cuando faltaba alguno de los titulares.

El míster inglés

- ¿Le hablaba de Mister Pentland?

- Se llevaba muy bien con él, contaba que era un tío maravilloso, que se hizo enseguida al ambiente de Bilbao. Estaba encantado aquí. Volvió una vez, años más tarde, cuando yo jugaba. Tengo una foto en la que estamos mi padre, él y yo.

- ¿Usted dónde empezó a jugar?

- En el colegio y en Lekeitio, los veranos. Luego, en el equipo de la Universidad de Deusto, en Regional, y en el Indautxu. Pero enseguida me fichó el Athletic.

- Seguro que su padre le llevaba de niño a San Mamés.

- Sí, me acuerdo de aquellos equipos argentinos que vinieron, el San Lorenzo de Almagro, el Racing de Avellaneda... Qué buenos eran. El fútbol nuestro era más de tipo inglés. Técnica también teníamos, claro que teníamos, lo que pasa es que destacábamos más por la velocidad y la fuerza.

- Fue un buen estudiante.

- Sí, fui buen estudiante, y tuve la suerte de empezar la carrera con 16 años. Así que para cuando debuté con el Athletic ya estaba en cuarto. Me quedaba poco y terminé como pude.

- ¿Cómo fue el fichaje por el Athletic?

- Estaba en el Indautxu. Los ojeadores nos habían estado siguiendo a un grupo de jugadores toda la temporada y prácticamente sabíamos que nos iban a fichar. Y así fue. Entramos Eneko Arieta, Mauri, Maguregui, Marcaida un poco antes

- ¿Qué le dijo su padre?

- Le pareció bien, pero me lo dejó claro. 'Si quieres jugar al fútbol, los estudios primero'.

- ¿Cómo recuerda el debut?

- Fue contra el Madrid, aquí. Debutamos Mauri y yo. Bueno, Mauri ya había jugado un partido fuera, pero debutaba en casa. En el primer tiempo jugué bien, y en el segundo, ya bajé. Pudo ser de los nervios. Perdimos 2-3.

- En aquel Athletic todavía jugaba Zarra.

- Sí. Recuerdo a Zarra como a un hombre maravilloso en todos los aspectos. A los jóvenes nos animaba mucho.

- Se reconoce tímido. Sin embargo, entró en un equipo que era una leyenda y lo hizo con toda naturalidad.

- Es que éramos buenos futbolistas. Teníamos mucha confianza. No teníamos miedo a fracasar.

- Usted retiró a otro de los grandes: Panizo.

- No, no. Él ya se iba a retirar. Coincidimos en la plantilla, pero cuando yo empecé a jugar de titular él ya no estaba.

- Panizo era un jugador de muchísima clase, pero tenía también sus detractores.

- Bueno, algunos decían que entraba poco al área.

- Pues marcó 179 goles, así que algo ya entró. Las críticas venían más porque Panizo era el único que, a veces, hacía la pausa.

- También, también.

- ¿Usted heredó esa división de opiniones?

- No, a mí la gente siempre me trató muy bien. Y ahora más. Parece que fuimos campeones del mundo, ja, ja. De todas formas, a mí me gustaba casi más jugar fuera de casa que en San Mamés. No es que el público se metiera conmigo, al contrario, era muy respetuoso, pero fuera no sentía esa responsabilidad delante de la gente. Me hubiera encantado verme por televisión al menos un partido. Igual entonces diría que no jugaba ni huevo. O que era bastante bueno. Lo que está claro es que entonces se jugaba de otro modo. Los medios e interiores corríamos el doble que los demás, los extremos estaban muy abiertos y el delantero centro no bajaba&hellip Mauri, Maguregui, Marcaida y yo recorríamos kilómetros y kilómetros, arriba y abajo, arriba y abajo.

- ¿Cuál fue la diferencia entre el equipo de los Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza, y el de ustedes, el de Carmelo, Orue, Garay, Canito...?

- Yo creo que la velocidad. Pero es difícil comparar.

- Carmelo nos dijo que el equipo anterior jugaba mejor en los partidos importantes, no tanto en campos secundarios.

- Puede ser. Puede que nosotros fuéramos un equipo más compensado. En el anterior, la delantera era apreciablemente superior al resto. El Athletic nuestro era más igual.

- Usted guarda una gran lealtad a Fernando Daucik. ¿Cómo recuerda su llegada al Athletic?

- Era cuñado de Kubala. Vino con el Hungaria. Le recuerdo con mucho cariño. Además, me ponía siempre. Llegué a jugar un partido, el año en que ganamos la Liga, en el que el martes no podía tocar una pelota de goma. 'Tienes que jugar', me dijo Daucik. Y jugué el domingo. Aquel año sólo perdimos cuatro partidos.

Una volea histórica

- Háblenos de la final del 55 contra el Sevilla. Su gran día.

- Metí el gol. Tuve suerte, lo pudo meter cualquiera. Tiré desde lejos, medio de volea y entró.

- De volea, una suerte que le gustaba mucho a su padre.

- Sí. A él le llamaban Luis 'Volea'. Fue casualidad. El partido estuvo muy igualado y el ambiente, fenomenal. Como siempre, vino todo Bilbao a la final. No estaba muy nervioso, pero algo siempre hay que estar. No hay que relajarse demasiado. Lo bueno que tiene el fútbol es que como juegan once, aunque seas tímido como yo, pues no se nota.

- ¿Cómo fue la celebración?

- Recuerdo que por la noche a Urizar y a mí se nos ocurrió ir a la Puerta del Sol. Qué fue aquello. En cuanto me vieron, me cogieron entre cuatro y me dieron una vuelta por toda la plaza. ¡Qué vergüenza! Uno me llevaba a hombros, como a los toreros. Casualidad, muchos años después, mi hijo, trabajando, se encontró con ese señor: '¿Tú eres el hijo de Uribe?', le preguntó. 'Pues yo le llevé a tu padre a hombros por la Puerta del Sol'.

- Y Daucik prometió el doblete para el año siguiente. ¿Lo creían posible? Porque la Liga llevaban 13 años sin ganarla.

- Empezamos mal. De cuatro partidos perdimos dos, con el Celta y el Madrid. Pero, a partir de ahí, sólo perdimos otros dos, con el Valencia y el Murcia. Ganamos la Liga con un punto sobre el Barcelona, con una media de 2,4 goles por partido.

- ¿Cree que el Athletic hubiera podido ganar aquella Copa de Europa?

- Aquí al Manchester le ganamos 5-3. Fue el partido de la nieve. Yo jugué de delantero centro, no sé por qué. Estaría Eneko lesionado. Luego tuve la mala suerte de lesionarme antes del partido de vuelta. El entrenador me llevó por llevar, como premio. Me moriré con la espina de no haber podido jugar el partido de Manchester. Salió Etura de delantero centro, claro, para jugar más atrás, en medio campo. Nos ganaron 3-0. 'Magu' estuvo a punto de meter un gol. Carmelo jugó mucho rato lesionado, porque entonces no había cambios. Os voy a decir una cosa, y no quiero que suene a fanfarronada. Yo creo que sin toda esa mala suerte, hubiéramos eliminado al Manchester.

- Por cierto, ¿cómo vivieron el accidente de avión del Manchester y la muerte de tantos de aquellos futbolistas?

- Nos impactó muchísimo. Lo pasamos muy mal. Habíamos jugado dos partidos contra ellos y, aparte de grandes futbolistas, vimos que eran unos grandes chavales, muy sanos, muy majos. Buena gente. Me dio muchísima pena.

- Daucik perdió la simpatía de la afición por algunas genialidades, como poner a Carmelo de delantero.

- Me quitó a mí. Estaría jugando mal. Pero yo me quedo con las cosas buenas. Por ejemplo, que fuimos el primer equipo que le ganó a un equipo inglés en las islas, el West Bronwich Albion, que iba líder de la Liga inglesa.

- Tras la final del 58 les llaman los 'once aldeanos'. ¿Les pareció bien el nombre?

- De maravilla. Yo era de la Gran Vía...

- Un señorito.

- No, no. Señorito no he sido nunca. Yo estaba encantado de que me llamaran aldeano. Nosotros éramos aldeanos y amigos.

- Tras Daucik y Albéniz, llegó el brasileño Martim Francisco, un personaje especial.

- Era un poco nervioso y se tomaba un montón de cafés al día, pero era buen entrenador. De hecho, tuvimos con él una racha extraordinaria. Metimos 33 goles en cuatro partidos. Merodio diez, y yo, que no solía meter muchos goles, nueve.

- Bueno, eso de que no metía muchos goles hay que matizarlo. Hizo 69 en 211 partidos. En fin, que ahora sería usted un centrocampista de 13 goles por temporada. Casi nada.

- Visto así no está mal.

- Al Real Madrid le hizo un 'hat-trick' en San Mamés.

- Sí. Jugué de delantero centro y tuve suerte.

- Quizá podría haber sido usted un buen '9'. Las veces que jugó allí, contra el Manchester o contra el Madrid, lo hizo muy bien.

- Eso nunca se sabe. Coincidió. De todos modos, Eneko era mucho mejor delantero centro que yo.

- Volvamos a Martim Francisco, a sus peculiaridades.

- El problema que tenía es que estaba obsesionado con la alimentación. En las concentraciones sentaba a la misma mesa a quienes nos bautizó como 'El club de los gordos': Eneko Arieta, Mauri, Koldo Aguirre, yo y alguno más que no recuerdo. Nos medía hasta el agua. Una vez sacaron fruta en un bol de agua con hielo y Mauri se la bebió, ja, ja. Con Daucik, en cambio, cuatro horas antes del partido, comían merluza, solomillo y un vaso de vino.

- No jugó usted muchos años, diez tan sólo.

- Tuve muchas lesiones, ligamentos, menisco&hellip Ahora estoy bien, pero hubo un tiempo en el que no podía ni andar.

- ¿Cómo fueron las lesiones?

- Yo tenía un defecto: me gustaba mucho regatear. Y dejaba la pierna. La primera lesión fue una rotura de ligamentos. Me lesioné el mismo domingo que Rial. Salté, pero dejé el pie. Tac. Se me iba la pierna de la rodilla para abajo, se movía para cualquier parte. Daucik me puso de extremo izquierdo. 'Haz lo que puedas', me dijo. ¿Os acordáis de aquello del gol del cojo?

- Un disparate.

- Sí, ahora que lo piensas&hellip Te quedabas para estorbar. No había cambios... Antes había tenido otras lesiones por mi culpa, primero del tobillo, por regatear. 43 días con la escayola. Luego, rotura de ligamentos, tres meses parado. Después, la de menisco que me impidió jugar en Manchester... Al final tenía hasta artrosis. Lo pasé muy mal.

- Supo que iba a retirarse pronto.

- Ya con 27 años no era el mismo. Y no vas a salir al campo sabiendo que no puedes. Me retiré con 29.

- Y con el dinero ganado como futbolista no se podía vivir el resto de la vida.

- No me habléis de dinero. No es que no se pueda comparar con el que ganan ahora, ni siquiera con lo que ganaban los jugadores del Madrid o el Barcelona, es que mis compañeros que se retiraron en el Huelva, en Segunda, ganaron entonces más que en el Athletic.

- ¿Y eso por qué?

- Bueno, por un lado estaba el derecho de retención. Y eso que entonces no había Lezama ni nada y no podían decir que te hubieran formado. San Mamés era uno de los campos más baratos. Cuando me fui a examinar a Valladolid, que tenía el equipo en Segunda, las entradas de general costaban 25 pesetas, y las del Athletic, 15. La administración se llevaba bien, pero los jugadores ganábamos poco. Lo que no puedes compararte es con los de ahora. Es un disparate que un jugador gane seis millones de euros al año. Pero lo que no tenía sentido es que, en mi época, ganara más cualquiera del Español, del Zaragoza o del Sevilla, cualquiera, que uno del Athletic. Mi mujer me suele decir que hubiera protestado entonces, no ahora, y tiene razón.

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