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Muniain cierra con un gol de pillo un partido en el que se convirtió en el punto de mira de los hinchas de su ciudad natal
18 de abril de 2011
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Enemigo del Reyno, héroe de 'La Catedral'
Gurpegui, ensangrentado, se retira a los vestuarios tras su violento encontronazo con Monreal. :: EFE
JAVIER ORTIZ DE LAZCANO jolazcano@diario-elcorreo.com | PAMPLONA..-

El presagio no podía ser peor. Veinte hinchas osasunistas que tomaban una consumición en uno de los dos bares situados en los bajos del Reyno de Navarra mientras escuchaban a Barricada, el grupo estandarte del sonido Txantrea, abandonaron a la carrera el local en cuanto dobló la esquina el autobús que ayer estrenó el Athletic. Agolpados en la puerta, sus gargantas enrojecieron. Y desde ese momento quedó claro cuál era su blanco preferido: Iker Muniain, un pamplonés al que, por lo visto, en el estadio de su ciudad no pueden ver.

Patxi Izco lo dijo en tono solemne el viernes. «Gurpegui ha calentado el partido. En la ida lo hizo Muniain. Son dos navarros que nunca han estado en Osasuna». Se refería el dirigente pamplonés a las declaraciones del centrocampista en las que indicó que el Athletic se lleva tantos navarros porque su club «no controla» el fútbol base de la comunidad foral y a las manifestaciones del de La Txantrea en el sentido de que «mis amigos me piden que les demos caña a Osasuna».

Pese al tono de herida profunda que quiso presentar Izco, a nadie se le escapa el gozo que le produce meterse con el Athletic. La duda de la tarde era ver con quien la tomaban los hinchas del Reyno de Navarra, con Gurpegui o con Muniain. Había una tercera alternativa, David López, quien en 2007 llegó fichado al Athletic y que hasta ayer llevaba a sus espaldas toda la hostilidad que sienten los más radicales de Osasuna por los rojiblancos. Con Orbaiz, que también jugó en el club rojillo, no hay problema. Fue aplaudido en su cambio.

Los padres de Muniain se situaron en las gradas que ocuparon los 1.500 aficionados rojiblancos que acompañaron al equipo a Pamplona. Muy cerca suyo, Ibai Gómez. Los progenitores de Iker sabían a lo que iban, a ver como el campo se volvía contra su hijo, aunque al menos se sentían protegidos por los seguidores del cuadro de San Mamés.

Muy alejados de ellos se ubicaron miembros de Herri Norte. Alrededor de cincuenta de ellos fueron desalojados por la policía en la primera parte tras mantener enfrentamientos verbales con Indar Gorri. Aparentemente, se les hizo salir porque algunos de ellos se movieron de sitio.

Lesión de Gurpegui

Muniain se quedó sólo enseguida en el punto de mira de la afición rojilla. Antes de tocar siquiera una pelota, Gurpegui ya estaba en el suelo ensangrentado. En un salto con Monreal, sus cabezas chocaron de manera brutal. El rojiblanco se llevó la peor parte. Fue retirado del campo, se le aplicaron doce puntos en la zona «parietal derecha» y fue trasladado a un centro hospitalario en el que se le realizaron «pruebas complementarias». El resultado fue tranquilizador. Gurpegui regresó con sus compañeros en el autobús.

El joven jugador rojiblanco ha permanecido en silencio esta semana. Sin embargo, el clima en Navarra es de queja constante. Cada vez que el Athletic se mide a Osasuna se hace un puntilloso inventario de los presuntos agravios que se reciben desde Bilbao. Y la frase de Muniain sobre sus amigos aparece una y otra vez. El Athletic no quiere que sea triturado por los silbidos de las gradas de su ciudad. Joaquín Caparrós no le ha dejado hablar a lo largo de la semana y tampoco se lo permitió ayer al acabar el partido.

Y eso que había motivos para que Iker Muniain se colocara anoche ante los periodistas. Su gol del último minuto tiene un altísimo valor en la carrera que el Athletic mantiene hacia Europa. Fue un tanto que conjuga sus grandes cualidades. Tuvo pillería para desplazar a Nelson y provocar que chocara con el guardameta Ricardo. Puso clase para colocar en la portería una pelota desde 35 metros. Pero sobre todo, mostró talento para tomar la decisión inesperada, disparar y no correr con el balón hacia la portería, y convertir una jugada banal en un golazo, marca de futbolista especial.

Emoción

Al acabar el partido, su padre levantó el pulgar en la grada. A nadie se escapa la importancia que el coche de Pamplona encerraba para su hijo. Es uno de los partidos que marcan una carrera. Muniain es consciente de que en el Reyno se ha convertido en el enemigo público número uno, pero que a la vez es el nuevo héroe de La Catedral.

Quizá por eso celebró su gol con una carrera por todo el fondo del Reyno de Navarra ocupado por Indar Gorri, con la mano en la oreja, y llegó hasta el banquillo rojiblanco, donde le esperaban alborozados sus compañeros. Soriano y Kike Sola corrían tras él afeándole su conducta. Se besó el escudo. Le costó una tarjeta que le deja sin derbi ante la Real Sociedad, pero que trae a la afición rojiblanca una alegría descomunal, de las que valen Europa.

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