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'la roja' más rojiblanca
El delantero de 'La Roja' y el central de la 'vinotinto', que acabó expulsado, jugaron por primera vez en contra y apenas se rozaron
1 de marzo de 2012
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Amistoso entre Llorente y Amorebieta
Llorente trata de rematar tras ganarle la posición a Amorebieta. :: EFE
J. GÓMEZ PEÑA jgomez@elcorreo.com | .-

Dicen que un amigo es el que lo sabe todo de ti y, aun así, te quiere. Fernando Amorebieta, hijo de cesta-puntista, nació en Venezuela, creció en Iurreta y llegó a Lezama con diez años. Allí coincidió con Fernando Llorente, que había nacido también en 1985, pero en Pamplona y se había criado en Rincón de Soto. Tienen el mismo nombre y parecida talla -superan el 1,90- y comparten oficio: futbolistas, aunque uno es delantero y el otro defensa. Desde los diez años juegan juntos. Hasta ayer. Amorebieta ocupó el centro de la zaga en la selección de Venezuela y Llorente, el eje del ataque de España. Por primera vez estaban cara a cara. Y, claro, no olvidaron que son amigos. Al fin y al cabo, el partido era eso: amistoso. Ni un toque, ni un codazo, ni una patada. Las banderas no separaron a los dos jugadores del Athletic, rojiblancos ante todo.

Amorebieta, como se escuchó, ha aprendido a entonar el himno de Venezuela. Tras el trámite del protocolo y ya en el primer minuto del partido, Iniesta vio sobre un rebaño de piernas la cabeza de Llorente. Faro. Pase exacto. Y el delantero del Athletic que remata blando. Amorebieta, a un paso, hizo de testigo. Enseguida se comprobó que de Llorente, sobre todo, se iba a ocupar otro 'vasco', Oswaldo Vizcarrondo. Moreno, de pelo rizado y nacido en Caracas. Ahí hubo más contacto. Cuando Llorente entraba en el área por la zurda, allí estaba Vizcarrondo; cuando iba por la derecha, tenía cita con un amigo, Amorebieta.

Iniesta es como la punta de un compás. Todo gira a su alrededor. En el minuto 20 elevó la mira telescópica y volvió a encontrar a Llorente. Pasó lo mismo. Amorebieta le vio rematar a distancia. La presencia del poderoso ariete de Rincón de Soto maniataba a los dos centrales de Venezuela. Y por ahí, por los huecos que esa presencia intimidadora generaba, Silva, Iniesta y Cesc dibujaban sus pasillos y paredes. Iniesta y Silvan marcaron los dos primeros goles. Era una noche para 'bajitos'. No para Amorebieta y Llorente. Las torres, más que gemelas, eran amigas. Como el partido, sin pólvora. Un ensayo de fogueo.

Y sin presión ni agarrones, 'La Roja' es casi imparable. El 'toca y toca' que acaba carcomiendo la paciencia del rival. No es quizá el sistema ideal para Llorente. No hacía falta recurrir a su altura para llegar, pared a pared, hasta el área. Sin apenas juego aéreo tampoco se veía a Amorebieta. Venezuela, encima, apenas tocaba el balón. Y así, sin ni un roce entre ambos, se terminó la primera parte y, a la vez, el duelo sin sangre entre Amorebieta y Llorente. El riojano no salió en la segunda mitad. A su amigo venezolano aún le quedaban veinte minutos más, hasta que fue expulsado.

Gesto de decepción

'La Roja', ya con Soldado en la plaza de Llorente, acertó nada más salir del vestuario. Dos goles del delantero del Valencia: 4-0. Amorebieta no daba abasto. Se le vio alguna mueca de decepción. No le van estos partidos con bozal. Prefiere las peleas a los bailes. Pero ayer, en Málaga, era una noche de traje, de etiqueta. Un vals sin derecho a toque. Cuando, al borde del cuarto de hora de este periodo, Amorebieta tropezó con Piqué, el catalán le buscó para disculparse y chocar la mano. ¡Chas! Todos amigos. De eso se trataba.

Ni siquiera la expulsión de Amorebieta, en el minuto 64, resultó violenta. El central rojiblanco tuvo que agarrar a Soldado para que no fusilara el 5-0. Penalti y expulsión. La 'roja' para Amorebieta. Abandonó el campo con la mirada baja y cruzando manos con unos y otros, con los de la 'vinotinto' y con los de 'La Roja'. Amigos todos. Ha podido jugar con las dos camisetas. Llegó a estar convocado con España, pero no debutó. Y buscó hueco en su país casual, en Venezuela, donde nació porque su aita andaba allí trabajando en el frontón. Es venezolano de casualidad. Y esa casualidad le puso ayer por primera vez frente al otro chaval alto que llegó con él a Lezama cuando tenían diez años. Amigos para siempre.

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