El Correo
Athletic Club

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Los jugadores del Athletic celebran el tanto de Herrera. / Borja Agudo

Un Athletic de Champions

  • La contundente victoria contra el Málaga catapulta a los rojiblancos a la máxima competición continental, con seis puntos de ventaja con sólo quince en juego

La música de la Champions ya se acerca a San Mamés. Está ahí. Llamando a la puerta. "Toc-toc, ¿se puede entrar?", parece decir esa tonadilla mágica de una competición que todo futbolista sueña disputar con su club, que todo aficionado desea disfrutar. Y los jugadores del Athletic y esa hinchada siempre entregada, fiel, única, cuentan con las máximas posibilidades para alcanzar la gloria, el primer puesto de la Liga de los humildes. Este equipo es de Champions. Casi propietario de la cuarta plaza tras superar a un Málaga superado por el alto ritmo decretado por los rojiblancos. A mil. Nada ni nadie le detiene. Ni ese acoso infernal al que le está sometiendo el Sevlla. Ni eso inquieta a una escuadra firme, que confía en sus posibilidades, que sólo se mira a sí misma. Que se preocupe el resto. Un grupo que cree con toda su fe, que sabe que vive una ocasión única para pasear el nombre de un club centenario por las mejoras plazas del Viejo Continente. Faltan cinco jornadas para el final de una temporada nunca imaginada, y los hombres de Ernesto Valverde sacan seis puntos a su más inmediato perseguidor, que tiene que pasar por una Catedral casi indestructible. Vamos, que está a punto de mandar ese billete que le permitirá disputar la previa.

Sólo queda el último empujón. El esprint final. Esa brazada para tocar la pared. Un suspiro para que este Athletic, con Morán en lugar del lesionado Rico, escuche un himno codiciado y deseado. Y lo ha hecho con rapidez, como si tuviera urgencia para demostrar que es el mejor equipo en esa competición en la que pelean 17 conjuntos. Minuto 4. Gol de Aduriz. Poco más de 30 segundos de la segunda mitad, otra diana del donostiarra, en racha, 'on fire'. Dos golpes tempraneros, dos mazazos para un Málaga que nada pudo hacer ante el ímpetu vizcaíno, con Ander Herrera para cerrar el marcador. Había que ganar porque el Sevilla está al acecho, y cumplió con su misión un conjunto que goza con la colosal racha de un ariete en estado de gracia, que está cerrando la campaña de un modo espectacular, el segundo máximo artillero de la segunda vuelta por detrás de Messi. Los problemas de pubis que le persiguen otra vez no le impiden cumplir a la perfección su papel: matar al oponente.

Comenzó el Athletic a tope. Sin freno. Dijo Valverde el sábado que este equipo se mueve mejor con la presión y lo demostró desde el pitido inicial en una primera mitad en la que el cuadro de Schuster ni siquiera se acercó a Iraizoz. Puñetazo en a mesa. Sin tiempo para que algún espectador se sentara en su localidad, Aduriz ya había superado a Caballero. Córner desde la izquierda. Y el donostiarra se aprovecha del error de marcaje de Angeleri y también del despiste del meta argentino. Por delante. Y sin freno. Porque no se conformó el cuarto de la Liga, que ya suma 62 puntos, una marca impresionante, 17 más que al término del deprimente curso pasado. Presión asfixiante. Sin dejar pensar a un equipo andaluz superado, sin ideas, en el que sólo se veía a un Eliseu, lateral derecho, descolocado por Iker Muniain. Por cierto, se las tuvieron tiesas. Picados. Se buscaban. Pero la sangre, por suerte, no llegó al río. Menos mal. Y casi surge, eso sí, el segundo del Athletic.

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  • Un paso de gigante

Falló Aduriz de forma sorprendente en el minuto 24. Centró Balenziaga desde la izquierda, la peinó Morán -se fue encontrando mejor a medida que pasaban los minutos-, y el guipuzcoano, solo delante de Willy, falló. Fuera. Tiró con demasiado fuerza. Más tarde la tuvo San José, titular en el centro de la defensa junto a Laporte. Solo, de cabeza, la envió al muñeco. Había que matar el partido, aunque es cierto que el Málaga no inquietaba a Iraizoz. Pero no se producía esa diana con efectos calmantes. Anestésica. Bueno, sí, brotó nada más iniciarse la segunda parte, aunque antes Laporte la rozó. Pero esa diana fundamenta la firmó, cómo no, Aduriz. Una jugada de tiralíneas. De calidad, de equipo grande. De un grupo que gusta y se gusta. Y 2-0. Y la diana número 15 del donostiarra este curso. Pudo anotar un par más. Pero se quedó con las ganas.

Y llegó el tercero

Sí acertó Ander Herrera en el minuto 62. Bueno, entre el bilbaíno y Caballero, que se comió un disparo del rojiblanco desde fuera del área. Explotó La Catedral con esa diana después de unos instantes de cierta inquietud, con alguna aproximación con una pizca de peligro, por medio de Darder, de los de la Costa del Sol. Ilusión. Alegría. Alborazo. "¡Oé, oé, oé!", tronaba la grada. Bufandas al viento. "¡Athletic, Champions League!". Una gran noche con unos colosos, en busca de una goleada, sin bajar el ritmo, que no se conformaban con tres tantos. Se encendió la chispa: la de la ilusión por la cercanía de la Champions, que se toca con los dedos;,de la felicidad de la grada, por ver que su equipo le permitirá cumplir un sueño; del orgullo, por una escuadra que, con ingredientes propios, lejos de las multinacionales del fútbol actual, estará entre la élite del Viejo Continente. Porque este Athletic ya es de Champions. A lo grande, incluso pudo haber algún tanto más, por ejemplo, si se pita un penalti sobre Muniain de Eliseu. Pero ya era suficiente. La cuarta plaza se huele. Son seis puntos de renta con quince en juego. Casi en el bolsillo. La Liga de Campeones es una tarta a la que sólo le falta poner la guinda. Y hay varias oportunidades para colocarla. Satisfacción, alegría... El sueño está aquí. Ya toca a la puerta de La Catedral.

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