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Aduriz y Herrera celebran el tercer gol. / Luis Ángel Gómez

La Champions viste de rojiblanco

  • Un superior Athletic doblega al Sevilla y ya está a tres puntos de sellar su billete para la Liga de Campeones

La Liga de Campeones se ha coloreado en San Mamés de rojiblanco. Por fin. Sólo separan tres puntos al Athletic de recaudar el billete para la máxima competición continental, para ese torneo que sólo disputan un puñado de privilegiados. Era una final el duelo contra el Sevilla, al acecho en la tabla, y, al contrario de lo que sucedió hace dos años, la escuadra de Ernesto Valverde la ha ganado. Puede ser en Vallecas, el viernes (21 horas), donde la escuadra vizcaína selle su pasaporte para viajar en clase business. Acertado en ataque, con una eficaz defensa, el grupo rojiblanco ya se siente de Champions, gracias al magnífico tanto olímpico de Susaeta, la espectacular diana de Muniain, y el gol de cabeza, el definitivo, de Ander Herrera ante un cuadro que roza la final de la Europa League y que presentó un 'once' con algunas variaciones con respecto a lo habitual. Pero lo importante es que los bilbaínos ganaron, y ahora cuentan con tres balas para montarse en el avión de la Liga de Campeones. Ocurre dieciséis años después.

  • La afición vibró con el equipo

Se le ha puesto al cuadro local el encuentro de cara muy pronto. Situación soñada. Ideal. Vamos, que si le dicen a Valverde cómo deseaba que arrancase el duelo (con menos intensidad de la prevista, es verdad), hubiera dicho que, más o menos, de esta forma: con una diana de Markel Susaeta en el minuto 4. Gol olímpico. Impresionante. Beto, las cosas como son, pudo hacer algo más en el disparo desde la izquierda del guipuzcoano, que celebraba con ese tanto su partido 300 como rojiblanco. Era un día para recordar para el eibarrés, y qué mejor forma que enmarcarlo con una diana que era la primera piedra para una victoria de Champions. Lo celebró La Catedral volcada, a tope, que había recibido a su equipo con el primer mosaico de su historia. Rojiblanca la grada. El corazón a mil. A por todas.

Y por delante 240 segundos después de que Álvarez Izquierdo diera por estrenado el duelo. Se adelantó el cuadro vizcaíno. El primer paso estaba dado. Pero había que matar a un adversario con dos delanteros letales, un martirio: Bacca y Gameiro. El francés, de hecho, no llegó por poco a un centro desde la izquierda. Ni él, ni tampoco antes Carriço. Menos mal. Alivio en un encuentro en el que los andaluces estaban echando en falta a Rakitic, su faro, su hombre. Les costaba conectarse, pero cuando lo hacían existía cierta sensación de peligro, aunque Laporte e Iraizoz estaban ahí, atrás, seguros, para elevar un muro delante de la meta local. A resguardo la ventaja.

En ataque, casi todo el juego de la tropa de Txingurri se volcó por la izquierda en la primera parte. Con Muniain en la línea de los últimos duelos, activo. A pesar de los problemas en la espalda, el navarro -vaya definición en el segundo tanto- quería echarse liderar al bloque. Los andaluces lo vieron claro: era el oponente a frenar. Y le dieron bastante. Faltas constantes (tres contra trece al final de la primera parte), golpes, algunos para hacerle daño. Pero el internacional Sub’21 se levantaba y seguía. A lo suyo. No había grandes ocasiones, por otro lado. Un tiro lejano de Ander Herrera, un contragolpe bien llevado por Muniain, pero mal seleccionado el último pase...

Pero no llegaba la tranquilidad definitiva. Iraizoz, por ejemplo, se tuvo que esforzar para robar al balón de pie a Gameiro dentro del área. También para rectificar un mal despeje de Laporte. Y en esas surgió una jugada de tiralíneas, magnífica, iniciada por el francés, continuada por Rico. El centrocampista abre a la banda para Iraola, que saca uno de sus centros medidos. Y Aduriz, de tacón, roza la diana. En el segundo palo, Muniain no toca el balón por poco. Una pizca. Casi. ¡Uy! "Athletic, Athletic, Athletic!!!!", tronaba La Catedral. Al descanso, por delante.

Faltaban 45 minutos para la Champions. Para casi sellar ese billete, para el que sólo restan tres puntos (siempre y cuando los hispalenses ganen todos sus encuentros), que se puede cerrar en Vallecas, un campo amable para el Athletic. De todos modos, sólo una diana de ventaja ante una escuadra cargada de amarillas -los mediocentros defensivos, la zaga-, con dos fieras en punta (aunque se notaba la ausencia de un Rakitic que salió en el 65), es escasa renta. Y apareció Muniain para anotar el segundo. Espectacular, tanto el centro de Iraola desde la derecha, como la culminación del navarro, que pega a pierna cambiada, para superar a Beto. 2-0. Ilusión, alegría. Tímidos acercamientos del Sevilla. Emery, ya casi con el partido perdido, metió a Rakitic y a Vitolo, pero nada. Los andaluces no parecían, ni de lejos, esa escuadra que se había presentado en San Mamés con nueve victorias en diez encuentros. Minimizada por el Athletic. Con Herrera para cerrar el marcador. De cabeza. 3-0. Cerca. Faltaban 18 minutos para clausurar el encuentro. Marcó Gameiro. 3-1. Diez minutos. El cuadro visitante, por cierto, estaba con diez: Diogo le preguntó al árbitro si estaba loco. Y a la calle.

El tanto del galo fue un pequeño susto. Los sevillanos se animaron. Pero estaban rotos. Nadie bajaba: Rakitic, por momentos, ejercía de central. Los minutos pasaban... Y la Champions cogía color. Un poco más. Rojo y blanco. El del Athletic. El de un equipo que, hace un año, sufría y padecía. Ahora, disfruta y goza. Igual que sus aficionados. Que ya se sienten de Champions. En Vallecas, en pleno puente de mayo, se puede sellar. Por fin. El himno de la Liga de Campeones tronará en San Mamés.

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