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Viguera, un delantero versátil y rematador para el Athletic

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Presentación de Borja como nuevo jugador del Athletic. / Jordi Alemany

  • Aunque en Vitoria ha brillado por su facilidad en la definición, el riojano maneja un amplio repertorio ofensivo alejado del 'nueve' clásico

Borja Viguera ha sido sinónimo de gol las dos últimas temporadas. 18 en Segunda B y 25 en Segunda División. Un delantero letal en las inmediaciones de la portería. Un rematador versátil de confianza desbordante. Pero no es un ariete al uso, no es un punta de área. La afición de San Mamés no debe esperar un ‘nueve’ tipo Aduriz o Llorente, por citar los referentes ofensivos rojiblancos más cercanos en el tiempo. Se trata de un jugador polivalente que puede interpretar diferentes roles en función de las necesidades del ataque.

Su posición natural, en realidad, siempre ha sido la mediapunta, un segundo delantero, aunque su idilio con el gol le haya convertido en un ejecutor imparable en la categoría de plata. Reinventado en el Deportivo Alavés. A su llegada, Javier Zubillaga lo definió como más generador que finalizador, pero, tras un inicio irregular en este capítulo, ha hecho del gol su principal seña de identidad.

No es un ‘nueve’ clásico, pero domina todas las facetas del remate; no es un creador, pero sí un generador de caudal ofensivo. Un híbrido de compleja definición que se asocia en la línea de tres cuartos y define con asombrosa facilidad en el área. Un atacante completo que necesita estar en contacto con el balón. Que recibe bien de espaldas, protege, conduce y cae a bandas. El repertorio del riojano es amplio. Sabe dar pausa y vértigo al ataque en función de la demanda del partido.

Calidad, virtud y defecto

Sobre todo, vértigo. Entre todas sus cualidades sobresale un regate desequilibrante que rompe defensas, apoyado en su potencia en carrera, más rápida de lo que inicialmente hace parecer una manera poco ortodoxa de correr. En su virtud también reside su principal defecto, ya que en ocasiones ha abusado de la jugada individual imposible, en busca de huecos inverosímiles, en lugar de apostar por soluciones más sencillas.

Daños colaterales de una calidad innegable. Uno de esos futbolistas habilidosos especiales que puede enamorar y desesperar a la grada en la misma jugada. Mucho más lo primero que lo segundo en dos años esplendorosos en Vitoria, donde ha marcado goles espectaculares. Desde el primero que marcó en la pretemporada de 2012, en Haro, una vaselina desde el centro del campo tras un autopase de espaldas al defensa, hasta la antológica volea que firmó ante el Castilla en su último doblete. De apariciones decisivas, aunque a veces parezca que no está, y fiabilidad en la pena máxima.

Ahora su talento busca hueco en Primera y en el Athletic, alejado, a priori, del papel estelar que jugaba en Mendizorroza. Toca reinventarse otra vez. Futbolista de discurso pausado y cauto, Viguera se transforma en el terreno de juego, donde le gusta llevar la voz cantante. Como en el vestuario -enchufadísimo desde el primer entrenamiento en el Alavés- y en las celebraciones de equipo. Un jugador comprometido de cabeza bien amueblada que, tras conocer la cara más amarga del fútbol -lesiones-, ahora sabe disfrutar del éxito y las segundas oportunidades.