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Un hincha rojiblanco sigue un encuentro de la Supercopa junto a su hijo.
El primer título de una generación

El primer título de una generación

Miles de aficionados del Athletic jamás le habían visto alzarse con un título. El maleficio, por fin, se acabó

manuel arroyo

Lunes, 17 de agosto 2015, 21:51

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Los hinchas del Athletic menores de 31 años nunca habían visto ganar un título a su equipo. Sí los que tienen unos pocos años más (digamos que 35, o 37, incluso 40...), aunque la mayoría de ellos seguramente solo guardará en la memoria un puñado de retazos, dispersos fragmentos visuales de aquella Liga y aquella Copa conquistadas en 1984 de la mano de Javier Clemente. Imágenes tan parciales como lejanas en el tiempo. Felices recuerdos de niñez alimentados por el entusiasta y repetido relato de padres y abuelos, que, junto a las imágenes de televisión tantas veces observadas tiempo después, les han permitido reconstruir el puzle de una auténtica gesta que nunca olvidarán.

Toda una generación de rojiblancos ha mantenido, cultivado y difundido su pasión por unos colores sin haber disfrutado jamás de un título. Hasta ahora. Ese maleficio se acabó. ¡Por fin! Los miles y miles de niños que han lucido orgullosos la camiseta del Athletic incluso en los momentos más duros, los jóvenes y ya no tan jóvenes que presumen en cualquier rincón del mundo de los valores de un club sin igual ya han podido lanzar con toda su alma el grito tanto tiempo reservado en su garganta y en lo más profundo de su corazón: ¡Campeones! Txapeldunak!

De un equipo se es por sentimiento. Por una mezcla de admiración congénita difícil de explicar racionalmente, tradición, cercanía, 'herencia' familiar, historia... Las dosis varían en función de los casos. Del Athletic se es por todo eso y por mucho más: por su singularidad, por una filosofía que lo hace único, por su enraizamiento en un pueblo del que es uña y carne, por la identificación con el pulso de toda una sociedad... Desde luego, no por el tirón de supuestas megaestrellas ni -a la vista está- por su facilidad para ganar títulos.

Aun así, en un planeta futbolístico en el que el talonario y los gigantes globales (Barça. Madrid, Bayern de Múnich, Chelsea...) imponen su dictadura, para un equipo como el Athletic, obligado como nadie -por su propia idiosincrasia- a ganarse desde la cuna el cariño de los más pequeños, mimar la cantera y sembrar para el presente y el futuro, es una auténtica bendición un trofeo como el alcanzado este lunes en el Camp Nou ante el mejor Barcelona de la historia. No es una Liga. Ni una Copa como la que le han arrebatado los azulgranas tres veces en apenas seis años. Ni la Europa League que rozó hasta la infausta final de 2012 en aquella inolvidable temporada de estreno del 'Loco' Bielsa. Es la Supercopa de España. Un título de menor relumbrón. Sin tanto pedigrí. En el que nadie piensa cuando arranca una temporada. De acuerdo. Pero es un título oficial con todo el valor que eso tiene. Una mayúscula inyección de moral para potenciar la marca Athletic, para reforzar la validez de su filosofía, cuestionada por algunos sectores en épocas de 'vacas flacas'. Y un premio tan inesperado como merecido para toda una generación que siempre ha llevado en volandas a su equipo y que, 31 años después, -¡ya era hora!-, al fin le ha visto levantar una Copa. Un momento inolvidable.

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