Iñigo Pérez, con la ropa del Rayo Vallecano, junto a Andoni Iraola en El Sadar. / el diario de navarra

La nueva vida de Iñigo Pérez

Después de 401 partidos como jugador en siete equipos distintos, el exrojiblanco, de 34 años, ha colgado las botas para trabajar con la pizarra al lado de Iraola y este sábado estará en San Mamés

Robert Basic
ROBERT BASIC Bilbao

Al comienzo de la pasada temporada, Iñigo Pérez había llegado a un principio de acuerdo consigo mismo: sería su última temporada como jugador en activo. Llevaba tiempo pensando en colgar las botas y coger la pizarra, una inquietud que le venía de serie, incorporada en su intrínseco deseo de sentarse algún día en el banquillo y analizar el fútbol en todas sus vertientes. No lo tenía del todo cerrado, pero conforme avanzaba la campaña tomó la decisión de cambiar la camiseta por el traje. Con solo 34 años, el centrocampista navarro dijo adiós a su etapa como futbolista para incorporarse al 'staff' técnico del Rayo Vallecano en calidad de ayudante de Andoni Iraola. Dos hombres formados en Lezama, que jugaron juntos y comparten la misma visión de cómo debe estructurarse y expresarse un equipo: siempre protagonista, nunca especulador. Este sábado estarán en San Mamés, una sociedad que desprende aroma rojiblanco y huele a futuro.

Iñigo Pérez llegó al Athletic en 2002, con 14 años, en edad cadete. Permaneció bajo el paraguas rojiblanco durante 12 temporadas y acabó haciendo las maletas para disfrutar del fútbol en el Numancia y Osasuna, donde finalmente se retiró hace escasos cuatro meses. Jugó 79 partidos con el Bilbao Athletic y 58 con el primer equipo, donde coincidió con Iraola y se enamoró de las enseñanzas de Marcelo Bielsa. Si llevaba incorporado un entrenador dentro, convivir con el rosarino reforzó su determinación de dedicarse a los banquillos. ‘El Loco’ le marcó de por vida, un profesional y persona por la que siente una profunda admiración, y del argentino iba quedándose con cosas que más tarde incorporaría a su ideario como técnico. Ha aprendido de todos los preparadores que ha tenido, de algunos más y de otros menos, y ahora junto con Iraola trata de construir el fútbol del Rayo.

A mediados de mayo, el entrenador rayista contactó con Iñigo Pérez para proponerle que fuera su segundo. El navarro tenía varias ofertas encima de la mesa y al final optó por juntarse con una de las leyendas del Athletic. Incluso desde el Málaga le insistieron en que siguiera en activo y que se uniera a su proyecto –también le quisieron en el mercado de invierno–, pero el ya excentrocampista declinó la invitación de los costasoleños porque tenía claro que su época de jugador había llegado a su fin. En su última campaña con Osasuna, en la que disfrutó de pocos minutos, el navarro intensificó su trabajo de análisis, estudio y diseño de entrenamientos y partidos, una ‘masterclass’ que incorporó a su ya enciclopédico conocimiento del deporte que empezó a estudiar en los pupitres de Lezama.

Un Rayo vertical

Deshojó la margarita, mantuvo bajo control su impulso de seguir jugando después de 401 partidos repartidos entre siete equipos diferentes –sin contar las categorías inferiores– y dio la mano a Iraola. Ahora forman una sociedad que ha abierto bien la Liga, con el Rayo noveno clasificado después de medirse a clubes como Barcelona, Osasuna y Valencia, entre otros. Los dos, influidos por las enseñanzas de Bielsa y Valverde, comparten la idea de cultivar un juego vertical, presionar alto, recuperar cerca de la portería rival, pisar con frecuencia el campo contrario y llegar rápido al área, donde se ganan los partidos. Y, sobre todo, nada de especular con el balón y el resultado. Es una de las máximas de ‘El Loco’, quien pedía a los rojiblancos que siguieran atacando hasta la extenuación.

Los ojos de Andoni Iraola son los de Iñigo Pérez. El navarro, entre otras funciones, se encarga de armar las jugadas a balón parado y de analizar a los rivales. Ve sus partidos, elabora informes, saca punta a los detalles y presenta sus conclusiones para que el guipuzcoano actúe sobre el terreno acondicionado. En función de las características del contrario, desglosadas por su ayudante, el de Usurbil diseña los entrenamientos, conforma la táctica y el preparador físico adapta las cargas de trabajo. No es difícil concluir por tanto que estos dos exrojiblancos tienen perfectamente estudiado al Athletic. Ni los bilbaínos ni Valverde tienen secretos para ellos. Lo mismo le pasa a Txingurri, quien conoce a los dos a la perfección y también a su Rayo. Será un duelo especial, en la hierba y en los banquillos. Iñigo Pérez está a punto de vivir su bautizo en La Catedral como técnico. Dicen que va a llover.