El nuevo Ibai

El extremo superó una depresión, mejoró su estado físico y apostó por una dieta diferente. Ahora regresa al Athletic convertido en un nuevo jugador, más fuerte, menos frágil

Robert Basic
ROBERT BASIC

El Ibai Gómez que abandonó con lágrimas Lezama en el verano de 2016 y el que regresa al Athletic dos años y medio después no tienen nada que ver. El de ahora es un Ibai nuevo en el aspecto personal, renovado en su fútbol y en su estado de ánimo, fuerte como un roble después de superar una profunda depresión con la que convivía en su última campaña en Bilbao. Un par de temporadas en Vitoria le han bastado para encontrarse a sí mismo, recuperar su mejor versión y dar un paso al frente claro y contundente, que le devuelve al club de su vida. En el Alavés superó sus miedos y volvió a reconocerse en el espejo, a brillar en el césped, una luz que deberá mantener encendida en San Mamés, donde su historia empieza a escribirrse de nuevo.

Ibai ha sufrido mucho para volar alto. Tanto que en su última campaña en el Athletic atravéso por una fuerte crisis que le anuló como futbolista y le impidió mostrar su mejor fútbol. «No era no era yo ni como persona ni como jugador», confesó en una entrevista con este periódico el pasado año. El futbolista de Santutxu no disfrutaba sobre el césped. Incluso deseaba no salir a jugar. «He pasado por no querer salir al campo por sentir una presión difícil de superar. No te ves bien, no te ves capaz... Y no le vas a decir al entrenador que no quieres jugar, pero por dentro estás sintiendo que no estás al nivel para salir y lo pasas mal». Escuchar ese día a Ibia era poner rostro y voz a una persona que había recorrido un camino lleno de obstáculos, superados gracias a su familia, a su mujer. Solo había que dejarle hablar, escucharle y comprenderle.

– ¿Prefería que no le pusieran?

– La gente dice ¿por qué no has trabajado así cuando estabas en el Athletic? He buscado 500.000 soluciones para mi cuerpo en balde hasta que di con la tecla. No sabe lo difícil que es. Salir al campo y ver que no vas, que no puedes, se pasa fatal. Y entiendo que la gente te exige al máximo porque tu trabajo es dar el máximo y cobras por eso. No me veía capaz de dar el máximo.

– ¿Y cómo se iba a casa?

– Mi mujer lo sabe. Yo he llorado mucho en casa, he pasado muchas noches sin dormir. He tenido la suerte de tener la mujer que tengo. Me ha ayudado muchísimo. Y mis padres también. Por suerte tengo un entorno muy bueno. Lo pasé mal.

– ¿Lo habló con Valverde, su entrenador?

– No porque a este nivel te da un poco de miedo hablarlo.

– Es terrible que confiese que cuando el entrenador daba el once y no estaba en él le hacía un favor.

– Totalmente. Y estar en el banquillo en San Mamés y pensar es que no quiero salir porque no les voy a poder dar lo que debo darles, que es el máximo. No te sientes al nivel. Quieres pensar que estás preparado, pero realmente no lo estás. Y tampoco vas a ir a decírselo al entrenador. Para eso te vas a casa.

– ¿Cuál era el problema, se presionaba usted mucho o era la presión del entorno?

– Cuando juego para un equipo soy jugador, pero también aficionado de él. Que personas con las que compartes afición te critiquen es duro. Te piden que des más nivel y lo entiendo. Algunos lo llevan mejor y otros peor. A mí me costó superar eso y aprender a llevarlo.

– ¿Recibió algún tratamiento?

– No. Mi entorno me ayudó muchísimo. El entorno y cambiar fueron claves. Pero que quede claro que entiendo a la afición. Sé que en el campo tengo que dar el máximo, que no lo podía dar y que era normal que me criticaran. Miras a la grada y piensas: «Es normal que estén decepcionados». El último año del Athletic no lo merezco, no estaba al nivel.

– ¿Cuál fue el peor día?

– Recuerdo dos o tres partidos en San Mamés en los que se me escaparon controles que no se me han escapado en la vida. Estar en la banda y no querer el balón. Pensaba 'estoy perdiendo la confianza de todo el mundo y realmente la gente no sabe lo que me pasa'. Lo peor es que lo llevas a casa, que ellos no se merecen pagar los platos rotos, sobre todo mi mujer, pero ella me ha sabido ayudar mucho.

– Llega al Alavés y todo cambia.

– A falta de dos o tres meses para acabar aquella temporada ya comencé a tratarme con el fisio y a sentirme mejor. Empiezo a ver la luz. Pero sabía que en el Athletic había perdido mi posición. Hablo con Valverde, al que tengo un aprecio terrible y es el entrenador más completo que he tenido. Le digo que entiendo que lo tengo complicado y que quiero salir porque me veo preparado para jugar en otro sitio. Sentía que debía dar un cambio en mi vida. Me gustó este proyecto y vine a jugármela. Sólo tengo palabras de agradecimiento al club y a la afición. Soy un alavesista más.

Desde entonces, Ibai es otro. Un jugador renovado y con la confianza blindada. Cree en sí mismo, ahora sí, sin fisuras en su estado de ánimo. No solo ha trabajado su mente, sino también ha dedicado mucho tiempo a su físico y a la alimentación. Entrenamientos individuales al margen de las sesiones del equipo, un esmerado trabajo de fortalecimiento y prevención, una cuidada dieta, fisioterapia particular... Dedicación exclusiva para rebelarse contra su propia naturaleza y disfrutar como nunca de su gran pasión, el fútbol. Ahora regresa a su casa con la firme determinación de dar lo que no pudo dar años atrás y rehabilitarse a los ojos de una afición que, al fin y al cabo, recupera a uno de sus hijos.

 

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