Objetivo cumplido con más sudor que brillo

En un duelo complicado, el éxito del Athletic fue lograr que el pronóstico se cumpliera sin sobresaltos

JUAN CARLOS LATXAGA

Fue Caparrós quien acuñó aquella metáfora de la visita al dentista después de encajar un 7-0 en el Camp Nou cuando dirigía al Levante. Siguiendo con la idea del técnico andaluz, cabría decir que estas eliminatorias tempranas en la Copa, como la de anoche en Las Llanas, son para los equipos de Primera como una cita en la consulta de aquellos sacamuelas de los westerns, que anestesiaban a sus pacientes con un trago de whisky.

El guion se repite como en una de esas series turcas que están de moda: un equipo grande que tiene todo que perder y nada que ganar, se juega una crisis de aquí te espero frente a un pequeño que comparece en la tesitura inversa. El escenario es siempre el mismo: campo pequeño, piso irregular, rival intenso y entusiasta dispuesto a jugar su partido del año y público volcado deseoso de vivir una noche histórica.

En estas circunstancias, si el grande quiere evitar complicaciones, necesita liquidar el partido cuanto antes, sin conceder al rival la mínima oportunidad de creérselo. Para conseguirlo, necesita imponer su autoridad desde el minuto uno, plasmando sobre el césped la enorme diferencia que sin duda debe existir entre los contendientes. Eso implica un buen manejo del balón, un control de los tiempos y la pegada suficiente para noquear al rival en el primer asalto.

Nada de eso fue capaz de desarrollar el Athletic en Las Llanas. Al contrario, el River entró mejor en el partido y consiguió imponer el ritmo más incómodo para los rojiblancos. Los de la Margen Izquierda desplegaron un bonito abanico de argumentos que explican su brillante trayectoria en la Liga. Con intensidad, buen manejo de la pelota y un entusiasmo previsible equilibraron la superioridad del Athletic, anunciando un partido ingrato para los de Valverde, uno de tantos que se suelen ver en este tipo de eliminatorias, sean quienes sean los protagonistas. No pasó apuros, ni mucho menos, de hecho, entre el gol de Raúl García y el paso de los minutos, el impulso inicial del Sestao no pasó de la media hora inicial.

El problema para los rojiblancos fue que no consiguieron liquidar el choque con un segundo gol. Un marcador apretado siempre deja el partido al albur de una jugada suelta, de un mal rebote o de una acción de fortuna. Los de Valverde tuvieron ocasiones para ampliar el marcador, pero la falta de puntería o de precisión en los metros finales, les volvió a condenar a jugar con un ojo en el retrovisor.

Y no se le puede achacar al técnico del Athletic ninguna veleidad ni exceso de confianza. Plantó en el campo una alineación muy reconocible que, sin embargo, no terminó de funcionar del todo. Después de más de seis semanas de inactividad tampoco se puede exigir demasiada finura pese a la buena imagen de los amistosos.

Al Athletic le faltó autoridad para imponerse y pegada para liquidar el duelo. Tuvo que pagar la penitencia de llegar al último minuto con todos los jugadores salvo el portero local en el área rojiblanca esperando el saque de una falta. El triunfo del River fue conseguir mantener la incertidumbre hasta el último aliento. El éxito del Athletic fue lograr que el pronóstico se cumpliera sin sobresaltos, aunque fuera con más sudor que brillo. Estas eliminatorias suelen ser así, y así hay que tomarlas.