«Ojalá más clubes sigan la senda del Athletic»

Malin Moström y sus dos hijas lucen las bufandas conmemorativas del primer One Club Woman ayer en Lezama durante el entrenamiento del Athletic femenino. /FERNANDO GÓMEZ
Malin Moström y sus dos hijas lucen las bufandas conmemorativas del primer One Club Woman ayer en Lezama durante el entrenamiento del Athletic femenino. / FERNANDO GÓMEZ

Malim Moström, que ha asistido al entrenamiento de la primera plantilla femenina rojiblanca en Lezama, califica el One Club Woman que le ha concedido el Athletic como un gesto «muy importante para las mujeres que juegan al fútbol»

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

«Me encanta la filosofía del Athletic. Es importante lo que está haciendo. Un gran trabajo no sólo de cara al deporte. Espero que más clubes decidan tomar la senda de este club». Así ha agradecido Malim Moström, exjugadora del Umea IK sueco y elegida para el 'All star mundial en 2003, el galardón One Club Woman que Ibaigane le ha concedido por su fidelidad al equipo donde compitió entre 1995 y 2007. El club rojiblanco ha brindado a la centrocampista escandinava el mejor homenaje que podía hacerle. El aplauso de su primera plantilla femenina, que cuerpo técnico incluido, y con el presidente Aitor Elizegi a la cabeza, han asistido a una rueda de prensa en Lezama. Acompañada por su marido, un exjugador de hockey hielo, y sus dos hijas, dos niñas futbolistas, Molström, ha reconocido que desconocía el premio del Athletic, pero ahora que ya lo tiene, y que es la primera mujer en recibirlo, lo ha calificado de «honor» y ha asegurado que es un gesto «muy importante para las mujeres que juegan al fútbol».

 

A sus 43 años, economista de profesión, campeona de liga y copa en su país, mundialisa y olímpica, la exfutbolista profesional ha asegurado haberse quedado «sin palabras después de lo que he visto en Lezama». El club le ha mostrado las instalaciones de su 'factoría' y aseguró que «ya me gustaría jugar en este equipo, aunque estoy un poco mayor». Pero aunque hubiera recibido una 'oferta imposible' del Athletic nunca la habría aceptado, porque ella nunca pensó en otro equipo que no fuera el Umea IK. «Tuve oportunidades de irme, pero no era una opción. Fue muy fácil quedarme». Y con esos colores, en esa entidad que según indicó Moström, sitúa a las jugadoras en primer lugar, disfrutó «sus mejores momentos», ganando seis ligas suecas, cuatro copas y dos Champions entre 2000 y 2007. «Fue un orgullo jugar con la selección, aunque perdimos la final del Mundial de 2003. Pero fue muy positivo para el fútbol sueco».

 

A la homenajeada le han planteado si sus hijas recorrerán el mismo camino que ella en el fútbol profesional, pero en ello ha sido muy clara, mientras las dos niñas la han escuchado, en inglés, con un traductor que las jugadoras del Athletic no han necesitado para entender lo que decía. «Yo no puedo tomar la decisión por ellas. Juegan las dos, pero nunca se sabe». Malim tampoco podía saber que, retirada del balompié, siendo una institución deportiva en Suecia, la llamarían de Bilbao para recibir el próximo sábado (13 horas) el homenaje de San Mamés, en el descanso del partido de mañana contra el Alavés. «Es un honor estar aquí. Lo recordaré siempre», ha repetido varias veces, visiblemente impresionada por la acogida que le han dispensado en Lezama, donde el Athletic femenino se fotografió en pleno con ella y entrenó mientras la invitada seguía los ejercicios de las rojiblancas. «¿Hay alguna internacional?», ha preguntado Malim.

 

«No es una situación justa»

Más adelante, ante los periodistas, ha roto una lanza a favor del reconocimiento profesional de las mujeres en el fútbol de competición. Lo ha hecho al ser preguntada sobre qué opinaba de que el 5% de los ingresos de la FIFA procedan del fútbol femenino, pero ese organismo revierta sobre las competiciones de mujeres menos del 1%. «Es un tema candente en la actualidad. No es una cuestión fácil. Pero mi punto de vista es que no es una situación justa. Las mujeres entrenan igual, ponen su alma y su corazón en su trabajo y en cómo juegan. No entiendo la diferencia que existe».

 

Aitor Elizegi ha aprovechado el ejemplo de Malim Moström para recordar que, décadas atrás, ya había jugadoras profesionales, «pioneras», que creían en el proyecto de lealtad a unos colores. En el caso de la futbolista sueca, recordó el presidente, «cuando ya estaba retirada regresó a su club para echar una mano porque la plantilla estaba mermada». Elizegi se inspiró en Moström para defender la forma particular de entender el fútbol de San Mamés, y más en una época de desencuentros entre los gestores del balompié y de mercantilismo. «Acabar tu carrera en el mismo club no parece muy sencillo hoy», ha proseguido el presidente. Pero, ha continuado, el perfil que ofrece Malim Moström es la demostración de que esa filosofía «merecía la pena, ella es un orgullo para todos nosotros».