Pelé, Rojo... un fútbol que se desvanece, ¿o no?

Era otro fútbol el que jugaba Rojo, que por su longevidad futbolística hizo la transición hacia otra época diferente, y el de Edson Arantes, que, sin embargo, era a la vez el mismo fútbol

Jon Rivas
JON RIVAS

Muere Pelé, unos días después de que se anunciara también el fallecimiento de nuestro Txetxu Rojo, y a quienes tenemos ya cierta edad, parece que se nos viene el mundo encima, porque empieza a derrumbarse aquel fútbol que vivimos, en blanco y negro, en los resúmenes de los lunes en televisión, el de Ortiz de Mendibil manejando la moviola, una especie de VAR retrospectivo, a 25 fotogramas por segundo, que parecía entonces el no va más de la modernidad; el que leíamos en la Hoja del Lunes, cuando los periódicos diarios no podían salir el primer día de la semana, con las fotografías granuladas de sus páginas que todavía se imprimían con planchas de plomo y en el que los linotipistas tecleaban en unas máquinas inverosímiles, las crónicas que los periodistas dictaban desde el teléfono de un bar o la habitación de un hotel.

Se va olvidando ese fútbol de cada quince días, a las cinco de la tarde, de los balones blanquísimos de la marca Royal que rodaban sobre el brillante césped de San Mamés, o aquellos de pentágonos negros y blancos en otros campos, o los marcadores simultáneos que nos avisaban que en el partido que patrocinaban las camisas Suybalén se había producido un penalty porque aparecía un disco rojo o que en el Pontevedra-Levante, que anunciaba Calzados Eya, la flecha amarilla indicaba que se estaba jugando la primera parte. Estábamos fastidiados si asomaba en el tanteador del edificio de la calle Luis Briñas, el signo de las barras blancas y negras: quería decir que no podíamos conocer lo que pasaba en el Córdoba-Sevilla porque se había producido una avería telefónica.

Ese fútbol empieza a desvanecerse en la memoria, aunque todavía queda algún reducto para los nostálgicos. Podemos ver en youtube los resúmenes que British Pathé va colgando de las finales de la Copa inglesa y los partidos de las selecciones británicas, en los que podemos constatar, entre otras cosas, que tenían mucho mérito aquellos futbolistas que jugaban con camisas y pantalones pesados y tacos de madera en unas botas durísimas, y también que los porteros anteriores a los años sesenta del siglo pasado eran bastante malos. Tampoco es que tuvieran el reglamento a favor, porque se les podía cargar cuando tenían el balón en sus manos, e incluso meterles a empujones en la portería, y debían andar esquivando los achuchones.

También la página oficial de la FIFA ofrece las películas oficiales de las copas del Mundo desde la de 1954, que se titula 'Gigantes alemanes'. En 'Goal!', la que resume el Mundial de 1966, se observa la dureza con la que se empleó Portugal para neutralizar a Pelé, que volaba con cada patada de sus contrincantes, en una época en la que las expulsiones eran inusuales, y la del argentino Rattin contra Inglaterra, en cuartos de final, se convirtió en un escándalo que obligó a la creación de las tarjetas amarillas y rojas para la siguiente cita mundialista. Alegaba el jugador que no entendía lo que le decía el árbitro alemán, que luego puso en el acta que, «me miró con mala intención, por eso me di cuenta de que me había insultado».

En fin, era otro fútbol el que jugaba Txetxu Rojo, que por su longevidad futbolística hizo la transición hacia otra época diferente, y el de Edson Arantes, Pelé, que, sin embargo, era a la vez el mismo fútbol. No sé si los lectores han tenido la oportunidad de observar otro vídeo en el que se afirma que todo lo que hicieron después otros grandes futbolistas, lo había hecho muchos años antes él. Es muy interesante. Se ven jugadas brillantes de Cruyff, de Maradona, de Messi, de Cristiano, de Zidane, de Iniesta o de Mbappé y otros más, y después de cada una de esas genialidades, otra idéntica protagonizada por Pelé, que las hizo todas y alguna más que nadie pudo imitar. Así que, tal vez, esa afirmación inicial de que empieza a derrumbarse aquel fútbol que vivimos no es tan rotunda, y, simplemente, lo que sucede es que lo que vemos ahora cada día en un campo es la repetición de lo que sucedía hace años, aunque más rápido, en color y alta definición.