Pequeño consuelo para Williams ante el Huesca

Williams buscó el gol durante todo el partido y lo intentó de todas las maneras posibles, pero no encontró la manera de batir a Werner./
Williams buscó el gol durante todo el partido y lo intentó de todas las maneras posibles, pero no encontró la manera de batir a Werner.

Tras una mala semana por temas extradeportivos, el atacante fue el '9' de Berizzo en sustitución del lesionado Aduriz; no marcó, pero dio dos asistencias de gol y se estrelló con los palos

ROBERT BASIC

Iñaki Williams recuperó anoche su acomodo como '9' por la ausencia del lesionado Aduriz. Es la demarcación que más le gusta, la de delantero centro, en la que empezó de «pequeñito» y con la que sueña cada vez que su entrenador le escora a uno de los costados. Ahí explota su velocidad, reta a sus defensores con carreras imposibles y busca el gol como el cazador busca su presa. Conseguir la pieza pasa por disparar con balas de verdad, ajustar la puntería, respirar y apretar el gatillo. El bilbaíno llegaba al choque ante el Huesca tras una mala semana, en la que salieron unas grabaciones lamentables en las que se le veía discutir con su pareja de una manera inapropiada y vulgar. Tenía ganas de saltar a San Mamés y en vez de pisar la hierba comérsela, de rabia y de ganas por agradar y pedir perdón en cierto modo por un comportamiento censurable. No hubo diana, pero el atacante dio las dos asistencias que Susaeta y Yuri subieron al marcador y se estrelló contra los palos en un par de ocasiones.

Williams miraba al cielo antes de empezar el partido y también en la recta final, cuando Ávila marcó un golazo ante el que nada pudo hacer Unai Simón. El delantero levantó la mirada y murmulló algo a las estrellas, que tampoco se alinearon a su favor unos minutos antes cuando su derechazo se estrelló en la base del poste derecho de la portería defendida por Werner. La madera volvía a cruzarse en su camino negándole el gol, como en los instantes finales del primer tiempo, justo cuando agonizaba. Entonces recogió un balón que venía de saque de banda, pasó por las botas de Raúl García y acabó en las suyas. Le defendía Pulido, pero el '9' sacó un buen disparo en media caída y vio cómo rebotaba en el palo izquierdo. Se mordió los labios y maldijo su mala suerte, que le mantiene casi dos años sin marcar en Liga en San Mamés.

No sería exagerado decir que Williams fue el mejor del Athletic a pesar de haberse quedado a cero. No paró de correr y de pedir que le dieran balones en profundidad, escuchó algún que otro silbido en el minuto 40 tras perder una pelota al borde del área y poco después arrancó un sonoro «uyyyy» a San Mamés en su primer encuentro con los palos. Derrochó esfuerzo y pese a sus desaciertos no dejó de buscar el premio del gol. No lo encontró, pero se lo dio a Susaeta, primero, y a Yuri, después, quienes agradecieron sus pases y los canjearon por aciertos. Y los celebraron con rabia, junto a él, abrazos al hombre que les regaló un par de buenas asistencias.

Justo después del tanto de Miramón Williams sacó una amarilla a Pulido y rozó el gol con otro poste. Encontró un pequeño consuelo como asistente en una noche en la que soñaba sueños de '9' y de un hombre que buscaba regalar a San Mamés la mejor versión de sí mismo.

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