Ponga un Williams en su banda

El sitio de los hermanos Williams, una saga de kilates, está definitivamente acechando las olas desde la cal

David Salinas-Armendariz
DAVID SALINAS-ARMENDARIZ

Sólo la censura franquista evitó que la obra maestra de Berlanga 'Plácido', comedia negra que relataba una Nochebuena de privaciones y costumbrismo, se titulara 'Ponga un pobre en su mesa', en referencia a la campaña buenista que el cineasta valenciano narra con corrosivo humor. Ese eslogan limpiaconciencias de las familias pudientes de la época era, a su vez, trasunto del 'Ponga un Vanguard en su vida', anuncio de televisores de la infancia 'boomer', como a mí sin piedad me llaman mis hijos.

A riesgo de ejercer de nuevo de batallitas, a propósito de los problemas actuales del Athletic con 'el 9 (que no con el gol, como parece demostrarse ahora, al menos a domicilio) voy a mirar atrás (no con ira, sino con gozo) para acabar por aplicar similar fórmula a la berlanguiana ante el elefante rosa que los athleticzales tenemos en la habitación y que algunos no terminan de ver: Iñaki Williams no es «nuestro» delantero centro. El mayor de los hermanos es un buen jugador, de los mejores que tenemos, quizás en exceso valorado (y lo digo literalmente). Más de uno dirá que sucesivos entrenadores no pueden estar todos errados cuando le adjudican tenazmente esa posición, donde se reparte el pastel. ¿Hay mejores opciones? Es opinable, pero respecto a Iñaki los números no engañan, ni lo que vemos (o no vemos) partido sí y partido también.

Yo no vi en acción, obviamente, a Rafael Moreno Aranzadi, ni a Agustín Sauto Arana, o sea, ni a Pichichi, epítome de goleador, ni a Bata, que metiera siete al Barcelona en la mayor goleada de la Liga (12-1). Tampoco pude disfrutar en San Mamés del mítico Telmo Zarraonaindia, aunque le conocí con mi aita en la tienda de deportes que regentaba en Bilbao. Y no llegué a presenciar la fuerza de Eneko Arieta, el torito, ariete de los once aldeanos, quizás el equipo más recordado de la historia rojiblanca. Sí en cambio a su hermano Antón, Arieta II, y al inolvidable Fidel Uriarte, a éste en su última etapa, cuando ya no se prodigaba como el enorme rematador que, siendo un «8», fue.

Por supuesto que recuerdo a Carlos Ruiz, el último pichichi zurigorri, hábil cabeza para el fútbol y para la medicina, con Dani a su vera, guerrillero del área y tremendo anotador desde el «7», que también coincidiera en el campo con la pantera rosa, Manolo Sarabia, un delantero centro de los de venir de atrás con calidad, no exenta de oportunismo. Para que luego le sucediera el Cuco Ziganda, que formó parte de un tridente realizador con Valverde y Julen Guerrero, la perla, otro «8» con llegada y gol que debutara hace ahora 30 años.

Si algún nombre merece recordarse como genuino centro delantero rojiblanco ése es Isma Urzaiz, demoledor por alto, del que cogió el testigo otra torre con hechuras, Fernando Llorente. Para llegar, por fin, al zorro Aritz Aduriz, el último de los grandes rematadores del Athletic, que mejoró como el vino y definió como ninguno el papel de killer. Con la derecha, con la izquierda, con la cabeza. De lejos o a quemarropa. Con finura o con potencia. Le seguimos echando de menos. Con su retirada se cerró una nómina de clásicos y destacados «nueves».

Quien ahora ocupa ese rol, y lleva un importantísimo número de partidos, batiendo incluso un meritorio record de continuidad, Iñaki Williams, se ha distinguido por sus propias cualidades, distintas al instinto asesino que caracterizó a aquellos grandes forwards del Athletic. Creo que muchos seguimos viendo que Iñaki, como su hermano Nico, tiene que ocupar posición de banda, por sus dotes de velocidad y de juego al espacio. Destreza en la resolución, la verdad, no la tiene. Ni tiene el claro arrojo para meter la pierna en el instante del bakalao, como el delantero de pedigrí que necesita el Athletic, demostrado que sí es equipo generador de ocasiones y, a la sazón, más definidor desde segundas líneas.

El sitio de los hermanos Williams, una saga de kilates, está definitivamente acechando las olas desde la cal. Nico cogió la onda buena en Elche, y oposita a hacer suyo un costado. Iñaki sufre un cierto estancamiento, ojalá no un tope en su evolución. Tampoco pasa nada si, de vez en cuando, su destino está en la banda, pero por fuera y en posición de sedestación. No sé si me explico.