Promesas y realidades

El nivel del Athletic de Berizzo se verá en la cuesta arriba que le espera ahora ante Betis, Villarreal, Barça, Real, Eibar y Valencia

Promesas y realidades
JON AGIRIANO

Nada más lejos de mi intención que rebajar la alegría que se desató el sábado en San Mamés tras la actuación del Athletic ante el Real Madrid. Este tipo de satisfacciones, aunque no vayan más allá de un empate, hay que disfrutarlas a tope, apurarlas hasta la última gota. El Real Madrid y el Barça pueden permitirse el lujo de relativizar cada una de sus conquistas semanales, como si éstas tuvieran algo de ocioso y rutinario y su condición de aristócratas les obligara a posponer las verdaderas celebraciones hasta el cierre de campaña. El Athletic, en cambio, necesita exprimir cada una de sus pequeñas alegrías porque nadie sabe cuánto van a durar. Carpe diem, oiga. Para estar abatidos y sin consuelo, ya habrá tiempo. Y si no recuerden los últimos meses de la pasada temporada, con el equipo yaciendo de cuerpo presente. Fueron días duros. Sólo nos faltó ver a la Santa Compaña desfilando de noche por los pasillos de San Mamés.

Dicho todo esto, a los cronistas se nos plantea un pequeño dilema que nos obliga a andar con cuidado, como el carretero de la nitroglicerina. Sin aguar la fiesta, debemos recordar que la alegría del sábado no debe nublarnos la perspectiva. Seamos sinceros. Todos sabemos que firmar una buena actuación en casa ante uno de los grandes de la Liga no es algo que nos permita extraer grandes conclusiones sobre el futuro del equipo. Y donde digo una gran actuación digo también una muy mala. Estos clásicos, en fin, no sirven de referencia. Nunca han servido.

Esto algo que a los aficionados del Athletic se nos quedó grabado en algún momento de la adolescencia o de la juventud. En mi caso, fue en la temporada 1982-83. Era diciembre y el equipo de Clemente llevaba cuatro victorias seguidas. Quedaba mucha liga, pero ya soñábamos con el título que acabaría llegando en Las Palmas. Ahora bien, el Real Madrid ganó por 2-4 en San Mamés y lo hizo con goles de Isidro (2), Salguero y Gallego. Vamos, que no nos destruyó con la todopoderosa BBC, con el BBA de Lopetegui o con el MAL (regalo este acrónimo improbable a los compañeros madrileños para cuando jueguen Mariano, Asensio y Lucas Vázquez). De aquello han pasado 36 años y es cierto que tampoco hay que remontarse tan lejos. ¿Acaso el Athletic no logró la pasada temporada empatar en San Mamés con el Madrid? ¿Acaso no fue capaz de hacer un partido muy digno y levantarse de la lona en la que le había dejado tirado el Formentera unos días antes?

El verdadero nivel del Athletic lo conoceremos durante el próximo mes o mes y medio, cuando el equipo corone una parte de su calendario de Liga que puede considerarse un puerto de primera categoría: Betis, Villarreal, Barça, Real, Eibar y Valencia. Hasta el momento, los rojiblancos son más una promesa que una realidad. Hay algo positivo, aunque por el momento sólo tenga el valor de una intuición. Y es que los jugadores, a diferencia de lo que ocurría con Ziganda, parecen estar en sintonía con Berizzo. La plantilla ha visto en él un entrenador con mucha personalidad, serio y competente, capaz de protagonizar el cambio que necesita el equipo tras el fracaso de la pasada temporada. Esto es básico, una condición 'sine qua non' para que cualquier nuevo proyecto prospere. Por otro lado, el técnico argentino, dicen los que le conocen, está muy satisfecho con el nivel de compromiso de sus pupilos. En fin, que parece haberse establecido una sintonía mutua de lo más prometedora.

Ahora bien, tampoco podemos negar que Berizzo se encuentra todavía haciendo pruebas, en fase experimental. No es algo que un entrenador vaya a reconocer alegremente cuando lleva tres meses trabajando con una plantilla, pero es la realidad. Los cambios, las entradas y salidas de algunos jugadores, que han pasado de la titularidad a la suplencia o a quedar fuera de la convocatoria -y al revés- no son casuales. Un ejemplo es el de Beñat. Berizzo lo calificó el sábado como un futbolista «criterioso» con el balón. Lo que no explicó es por qué un futbolista de ese perfil puede servir contra el Madrid pero no con el Leganés o el Huesca en San Mamés. El mister, en fin, está intentando dar con la tecla del once al que le dará carrete. Y sus dudas saltan a la vista: el acompañante de Dani García en el medio centro, el interior izquierda -a Muniain le prefiere por dentro, pero le cuesta dejar en la suplencia a Raúl García- y el delantero centro, aunque por ahora se ha decidido a apostar por Williams.

 

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