Otra prueba de estrés en el Athletic

Otra prueba de estrés en el Athletic
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

En los tiempos más duros de la última crisis financiera tuvimos que familiarizarnos a la fuerza con un concepto hasta entonces reservado a los economistas: las pruebas de estrés. Recuerdo que, en un primer momento, algunos echamos a volar la imaginación. Fantaseamos con las grandes sedes de los bancos sufriendo terremotos, como si en las profundidades de sus cimientos forrados de billetes colisionaran dos fallas tectónicas. Incluso llegamos a fabular con los grandes banqueros del país sufriendo ataques de nervios por la volatilidad de los mercados y a miles de sus empleados cayendo sin remedio en crisis de ansiedad ante la acumulación de jornadas extenuantes. No era eso, claro. Se trataba, sin más, de una técnica de simulación cuyo objetivo era calibrar la estabilidad y fortaleza de los bancos sometiendo a sus carteras de activos y pasivos a una serie de pruebas.

Digo todo esto porque tengo la impresión de que, de un tiempo a esta parte –hablo de las dos últimas décadas, sobre todo– en el Athletic nos estamos acostumbrando a someter la filosofía del club a diferentes pruebas de estrés. La última ha sido el fichaje de Bibiane Schulze Solano, una joven alemana cuya familia materna es de Lekeitio y ha veraneado toda su vida en Ispaster. Formada en las categorías inferiores del FV 08 Neuenhain y futbolista ahora del Frankfurt, 'Bibi', como se le conoce, es biznieta de Patxo Belauste, jugador del Athletic en los años veinte, hermano del mítico José Mari Belauste y de Ramón, otro personaje de novela.

El fichaje ha provocado la polvareda habitual en estos casos. Seguro que se desvanece rápido. Ya ha sucedido otras veces con fichajes que exploran los límites de la filosofía rojiblanca, esa gran convención que algunos despistados todavía creen que está escrita, quién sabe si a fuego, como las Tablas de la Ley. Bibiane Schulze Solano, efectivamente, ni ha nacido ni se ha formado como futbolista en Euskalherria, aunque tampoco conviene olvidar que, siendo una niña, jugó una temporada en el Bizkerre, circunstancia que el club, con toda seguridad, pondrá en valor.

¿Se rompe algo con esta contratación? Pues sí, pero no. Me explico. A Bibiane le bastaría con jugar en el filial femenino para que, a su fichaje, le encontráramos precedentes similares en Bermejo, David López, Laporte o Diarra, por citar los cuatro primeros que me vienen a la cabeza. Con la ventaja de que esta chica es una Belauste, que eso en el Athletic debería equivaler a ser descendiente de Abraham Lincoln en Estados Unidos o de William Wallace en Escocia. ¿O es que en este club tan tradicional ya no se respeta a las grandes estirpes? Aún así, por supuesto, seguiría siendo una excepción, eso que algunos llaman «una trampa al solitario». Yo, sin embargo, no me preocuparía. Y no lo digo porque lleve años defendiendo, con el mismo éxito que los cantantes españoles en Eurovisión todo hay que decirlo, la apertura de Lezama y la creación de una cantera global. No. Lo digo porque todos sabemos que estas excepciones a la regla, estas pruebas de estrés cada cierto tiempo, ya forman parte también de nuestra filosofía.