nada, pues eso...

Este Athletic necesita una regeneración urgente. Es hora de abrir las ventanas, airear el ambiente en el banquillo y en el vestuario y empezar un nuevo proyecto

San José sorprende a Kepa y marca en propia meta el 0-1./
San José sorprende a Kepa y marca en propia meta el 0-1.
JON RIVAS

Nada, pues eso... Está claro que este Athletic necesita una regeneración urgente. Es hora de abrir las ventanas, airear el ambiente en el banquillo y en el vestuario y empezar un nuevo proyecto. Habrá que agradecerle a Ziganda los servicios prestados, devolverles el pasaporte a unos cuantos futbolistas y decirles que se tendrán que buscar las alubias en otro escenario, posiblemente más inhóspito en el que seguro que hace mucho frío. Así de claro. Y tengan contrato en vigor o no. Lezama es un lugar muy cómodo para los jugadores que quieren acomodarse, que también hay de los otros, todo hay que decirlo.

Tendrá el club que olvidar esos temores recurrentes a perder futbolistas por el camino. Es cierto que algunos necesitan ser amarrados por el Athletic, pero puede que no haya que tener tanto miramiento con la clase media. Los contratos largos pueden llegar a ser contraproducentes en algunos casos. Una cosa es que sea un club diferente, otra distinta que se cree una especie de funcionariado en Lezama. Esto es fútbol profesional, y así deben de entenderlo también los jugadores.

Ni el folklore montado en torno a Iñigo Martínez, ni los billetes de 500 euros con su rostro, ni los silbidos cada vez que tocaba la pelota. No hablemos de eso. Fueron meras anécdotas. Que la afición donostiarra le tenía ganas al Athletic, es indudable, y tenían sus razones, pero ni uno solo de los aficionados que se acercaron a Anoeta disparó a puerta, ni se metió en el área a defender, ni influyó en el resultado, más allá del empuje que dieron a sus jugadores. No hay excusas posibles.

El partido que perpetró el Athletic hasta el 3-0 volvió a ser infame. Una vez más, un desastre sin paliativos ni excusas posibles. La falta de concentración que se plasmó en dos goles en propia meta y otro más en un contragolpe que sí, empezó después de una falta a Iturraspe, pero en el que a Lekue sólo le faltó decirle a Oyarzabal que eligiera sitio para rematar -llueve sobre mojado-, hizo que a muchos nos hubiera apetecido que la granizada del descanso consiguiera suspender el partido con ese 2-0 que no era tan malo.

Tres goles marcó la Real sin apenas esforzarse, porque el Athletic sólo se metió en el partido después del tercero. Acortó diferencias, se embarró el partido, pudo hacer otro, pero ya iba muy a remolque. Tuvieron suerte los seguidores rojiblancos de que la Real no les vendiera entradas por eso de las obras que han reducido el aforo. Se libraron del viaje, de las obras de la autopista, de los peajes, de la granizada, de los olés de la afición local -y eso que en Donostia son antitaurinos-, y se libraron sobre todo del Athletic, que en su peor versión parece abocado a que alguno de los rivales del Deportivo le pellizque un punto al equipo de Seedorf y salve a los rojiblancos en una temporada vergonzosa en la que no parecen capaces de hacer las cosas por sí mismos.

Nada, pues eso. Cuando un compañero de profesión me advirtió un mes antes de que comenzase la temporada, que iba a ser una campaña muy dura para el Athletic, le tildé de exagerado, de agorero, pero está claro que tenía razón y que sabe bastante más que yo de todo esto. Una lástima de año tirado a la basura y que todavía puede ser peor, con un equipo arrastrándose sin rumbo, sin ni siquiera echarle lo que hay que echar en un derbi. Y todavía queda otro. Que Dios nos coja confesados. Ya tengo ganas de que llegue la última jornada para empezar a olvidar.

Por cierto: consejos vendo y para mí no tengo. No me libré del viaje, ni de las obras de la autopista, ni de los peajes, ni de los olés de la afición donostiarra, ni del Athletic. Incauto de mí, escribo estas líneas desde Anoeta.

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