Un Athletic ya conocido

Un Athletic ya conocido

El equipo de Berizzo continúa sin dar con la tecla de su juego y, pese a adelantarse por 2-0 en la segunda parte, acaba empatando ante un valiente Huesca

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Esta vez, los minutos finales no fueron fructíferos para el Athletic sino para su rival, un Huesca ejemplar que tuvo la personalidad de igualar un 2-0 y llevarse un empate de San Mamés al que no hay que ponerle ninguna objeción. Lo merecieron los aragoneses, que desnudaron las carencias que tiene todavía el equipo de Berizzo. De haber ganado, la lectura hubiera sido más positiva y benigna, pero la realidad hubiera sido la misma que con este empate decepcionante. Me refiero al hecho de que todavía no es posible encontrar una sola diferencia de cierto relieve entre el fútbol del Athletic de la pasada temporada y el de la actual. Por supuesto, el nuevo proyecto está dando sus primeros pasos y sería una indignidad empezar a hacerle cruces. Los cambios requieren tiempo. Pero el presente es el que es. Habrá que confiar en que el largo parón liguero, casi una nueva pretemporada para los rojiblancos tras las suspensión del partido contra el Rayo, sirva para que se visualice el cambio que tanto se demanda.

El plan era ayer el mismo que ante el Leganés y se trataba de mejorar su aplicación: más ritmo, menos pérdidas, más profundidad... Para intentar conseguirlo, Berizzo introdujo ayer dos novedades de enjundia en el once. Ausente Aduriz, Williams ocupó su lugar como delantero centro y Córdoba entró en la banda izquierda. Raúl García, por su parte, suplió a Unai López, que no debió convencer al técnico de Cruz Alta la semana pasada. Estos buenos propósitos, sin embargo, se quedaron en eso: en sanas intenciones. Y es que el juego rojiblanco volvió ayer rápidamente a los mismos derroteros grises del lunes anterior, algo no sólo decepcionante sino peligroso. Y es que el Huesca distaba mucho de ser un recién ascendido tímido e impresionable que visitaba San Mamés como pidiendo perdón. Lo dejó claro en el minuto 7, cuando sólo unos pocos centímetros impidieron que el 0-1 que había logrado Longo en una bonita jugada subiera al marcador.

2 Athletic

Unai Simón; De Marcos (Capa, m.81), Yeray, Nolaskoain, Berchiche; Dani García, Raúl García, Muniain; Susaeta (Guruzeta, m.84), Córdoba (Iturraspe, m.70) y Williams.

2 Huesca

Werner; Miramón, Pulido, Etxeita, Luisinho; Alex Gallar (Gürler, m.68), Musto, Melero, Moi Gómez (Ferreiro, m.61); Longo (Chimy Ávila, m.77) y Cucho Hernández.

Goles
1-0, m.47: Susaeta. 2-0, m.63: Berchiche. 2-1, m.71: Miramón. 2-2, m.86: Chimy Ávila.
Árbitro
Alberola Rojas (Comité castellano-manchego). Mostró tarjetas amarillas a Dani García (m.42) e Iturraspe (m.72), del Athletic, y a Pulido (m.71) y Musto (m.92), del Huesca.
Incidencias
36.818 espectadores en San Mamés, según datos oficiales, entre ellos alrededor de medio millar de seguidores visitantes. Antes de comenzar el partido el capitán del Huesca, Gonzalo Melero, cumplió con la tradición de depositar un ramo de flores en el busto de Pichichi con motivo de su primera visita oficial a San Mamés.

Esa tarjeta de visita de los aragoneses dibujó un panorama inesperado para el público rojiblanco. El partido iba a tener mucho más hueso del esperado. El Huesca era un equipo valiente y bien construido, uno de esos modestos que saben muy bien lo que hacen y que al Athletic se le llevan atragantando desde hace mucho tiempo. Demasiado. Tanto que el partido provocó enseguida una desazonante sensación de 'deja vu', de que estábamos volviendo a sufrir un mismo tostón ya de sobra conocido, viendo una nueva una mala película que primero nos hace bostezar y luego nos irrita.

Durante la primera parte, todo el peligro del Athletic se limitó a una bonita jugada en el minuto 27 -Nolaskoain dio un gran pase en profundidad a Berchiche, cuyo centro atajó Werner- y un disparo de Williams al poste el minuto 45. Eso fue todo y a nadie le extrañó porque el juego del equipo no tenía ninguna consistencia. La apuesta de Berizzo por Raúl García al lado de Dani García se reveló fallida. El navarro es lo que es dentro del área y sus aledaños y no tardó en sentirse desubicado, dudando si ir o quedarse en varias jugadas. La confusión le quitó hasta las ganas de protestarle al árbitro, algo casi milagroso. El Athletic, que tampoco encontraba caminos por las bandas, no funcionaba. Se limitaba a apretar, a insistir, como tantas otras veces. El Huesca tampoco es que creara mucho peligro hasta el descanso tras el gol anulado, pero daba la impresión de estar a gusto en el campo, satisfecho de cómo le estaban saliendo las cosas, con mucha fe en su guión.

Todo esto saltó por los aires en la segunda parte. Fue uno de esos extraños fenómenos casi atmosféricos que se producen en el fútbol, donde todo puede cambiar sin que nada sustancial del juego haya cambiado. Así sucedió. Nada más empezar, en una jugada aislada que comenzaron por la izquierda Nolaskoain y Córdoba, Susaeta hizo el 1-0 con un disparo cruzado a pase de Williams. Pasada la hora de juego, otro pase del delantero rojiblanco lo embocó Berchiche llegando desde atrás. La verdad es que había que mirar el marcador para creerse el 2-0. Sin embargo, ahí estaba, luminoso, obligándonos a los cronistas a escribir de la pegada del Athletic, superior a la del meritorio Huesca. Y a imaginar un bonito final de partido, quién sabe si con más goles. O al menos tranquilo. Iturraspe se supone que entró para eso en lugar de Córdoba.

Pues no. Por algo parecido a la justicia poética, los pupilos de Leo Franco acortaron distancias en el minuto 70 con un disparo lejano de Miramón que Unai Simón, tapado por la montonera de un córner, no vio. Y llegaron los apuros ante un rival que seguía a lo suyo, firme y ambicioso. La fortuna quiso premiar sus méritos y segundos después de que el poste evitara el 3-1 de Williams, Ávila hizo el 2-2 en una maniobra excepcional. Era el minuto 86. Quedaba tiempo, pero esta vez no sonó la flauta como ante el Leganés y volaron dos puntos que deben servir para reflexionar, para ver la realidad del equipo tal cual es, sin espejismos.

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