Los redactores de los estatutos decían la verdad: la reforma de la reforma es posible

Jon Rivas
JON RIVAS

No todos los días las personas están inspiradas, por muy brillantes que sean. Hay jornadas extraordinarias en las que todo sale bien y otras que no tanto, y hasta las puertas del metro se te cierran cuando andas pillado de tiempo para llegar al trabajo. El día en el que se reunieron los miembros de la comisión que plasmó en un documento el proyecto de Estatutos Sociales del Athletic para redactar el artículo 11, sobre el ingreso de los socios y las socias de número, no estuvieron excesivamente inspirados. Tal vez cansados ya por una sentada larga y agotadora, no se dieron cuenta de lo que escribían, o creyeron que lo que redactaban estaba perfecto, pero en realidad no era así.

Los estatutos se aprobaron en la última asamblea extraordinaria que presidió Aitor Elizegi, que ya estaba con un pie en el estribo, aunque no con la acepción que le dio Miguel de Cervantes a la frase, que se la escribió al Conde de Lemos cuando sintió que su propio final estaba cercano: Puesto ya el pie en el estribo / con las ansias de la muerte / gran señor ésta te escribo.

De hecho, aunque el anterior presidente sí que pasó a mejor vida, ésta consiste en acudir a los partidos a su localidad de socio, trabajar en lo suyo, sacar los negocios adelante y no tener que escuchar el runrún de una oposición invisible pero ruidosa, que hubiera cuestionado en una asamblea hasta que Elizegi repartiera a los socios billetes de cien euros de su propio bolsillo. No digan que no es mejor vida.

Bueno: pues esa comisión que el propio Aitor presidía no tuvo su mejor día cuando redactó el apartado 2B en el que los legisladores se liaron y convirtieron en algo casi imposible transmitir el carnet de un socio fallecido, como se había hecho siempre, de padres a hijos, esposa, esposo y demás familia cercana. En el caso de un socio vivo, es fácil. Basta con acudir al club y solicitar el cambio, pero para traspasar la titularidad de alguien que ha muerto como socio es muy complicado. La redacción del documento exige actualmente que el finado lo indique expresamente en su testamento, o en documento oficial remitido al club. Ya me contarán.

Hay que hilar muy fino para que cuando estás redactando tu testamento, que ya es de por sí algo inquietante, tengas que ponerte a repartir, además del piso, las cuentas bancarias y demás pertenencias, el carnet del Athletic, que, además, igual la Hacienda Foral te aplica el impuesto de sucesiones y uno de cada cuatro partidos le debes ceder el carnet a un funcionario de la Diputación. Aparte, claro, de quienes fallecen sin hacer testamento, de forma repentina, en un accidente, por atragantamiento, o mientras nadan en el mar. Que no se lo deseo a nadie, pero puede suceder. Los estatutos no dan respuesta a esas tragedias.

¿Y qué ha sucedido? Pues que, en estos momentos, el club tiene paradas 97 solicitudes de cambio de titularidad, 72 de ellas llegadas antes de que se aprobaran los nuevos estatutos y que, desde agosto, están en un cajón porque la redacción del artículo 11 impide su tramitación. Ninguno de los 97 fallecidos había incluido en su testamento la transmisión del carnet. No lo vieron venir mientras seguían vivos.

Así que la nueva directiva, después de recibir una avalancha de sugerencias, ha decidido, gracias a una de las disposiciones adicionales de los nuevos estatutos –ese día sí que estuvieron inspirados los padres fundadores–, solicitar a la asamblea la modificación del dichoso artículo 11, aprovechando que según las nuevas normas que rigen el club, los cambios concretos de un artículo se pueden realizar en la reunión anual de compromisarios. Eso sí, necesitarán el voto favorable de dos tercios de la asamblea. Dentro de un orden del día kilométrico, esa probable modificación es una buena noticia, y como de morir nadie se libra, es de suponer que nadie se opondrá, digo yo, porque hay gente para todo.

Y queda clara una cosa: cuando los redactores de los estatutos reunieron a los periodistas y nos dijeron que los textos podían no ser perfectos, pero que podrían modificarse sin demasiados problemas, decían la verdad. La reforma de la reforma es posible. Fue una gran noticia que los compromisarios los aprobaran.