¿Nos representan los jugadores del Athletic?

Parece que los jugadores no creen que representen a nadie. Sólo a sí mismos

Iñaki Williams será hoy titular ante el Huesca./Juan Echeverría
Iñaki Williams será hoy titular ante el Huesca. / Juan Echeverría
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Siguiendo la vieja máxima de que entre bomberos no hay que pisarse la manguera, los jugadores del Athletic han decidido arropar a Iñaki Williams. Nadie esperaba otra cosa, aunque es cierto que algunos confiábamos en que, vista la que se ha liado, la respuesta de la plantilla tuviera algo más de calidad. De Marcos, por ejemplo, podría haber reflexionado un poco sobre hasta qué punto dramático se puede estirar el ridículo «cosas de pareja» con el que calificó los hechos. Pero, en fin, sorpresas, ninguna. Había que dar por descontada la piña de los jugadores, que siempre cierran filas cuando uno de ellos se encuentra en apuros. En lo bueno y en lo malo. Lo mismo para raparse el pelo en solidaridad con Yeray cuando iba a comenzar su tratamiento de quimioterapia que para apoyar a Williams ahora que su imagen pública no es que haya quedado por los suelos sino que se ha ido directamente por las alcantarillas. En esto, los jugadores de un equipo funcionan con los códigos de un batallón de soldados.

No voy a entrar en ellos. No me preocupan. Mi curiosidad va por otro lado. Lo que me gustaría saber es si los jugadores del Athletic son conscientes de la trascendencia de sus actos y del deber de ejemplaridad que les impone el hecho de jugar en este club. Pienso en ello con frecuencia y, aunque le pongo mucha voluntad, la verdad es que nunca llego a buenas conclusiones. Mi impresión es que la mayoría no es consciente de nada de eso, lo cual tiene una gravedad enorme; tanta como para afirmar que los jugadores del Athletic, con algunas de sus actitudes, están poniendo en serio peligro la filosofía del club.

No estoy exagerando, ni creando alarmismo barato. Seguro que en Ibaigane hay algún lector encarnizado que lo piensa. Si por su gusto fuera, mandaría ahora mismo a los socios un sms denunciando la burda caída de este cronista en las fosas sépticas del sensacionalismo con el único objeto de vender periódicos. Pero no. No exagero. Si Josu Urrutia está tan dolido -y lo está- por lo que ha tenido que vivir este mes de agosto con Kepa, Remiro y Williams es porque conoce perfectamente el daño que hacen este tipos de casos, lo mucho que contribuyen a resquebrajar la adhesión a la idea romántica que ha diferenciado al Athletic durante más de un siglo. Que el presidente nunca hable de esto, que mantenga intacto su discurso esencialista, que no se canse de hablar de valores e insista sin cesar en que el Athletic es el mejor club del mundo y debería serlo para todos sus jugadores no significa que no conozca la cruda realidad.

Y ésta es que cada día son más los aficionados rojiblancos que dan por amortizada la filosofía del club tal y como la hemos conocido. La desafección aumenta a ojos vista entre unos hinchas cansados de sostener una idea cuyos máximos y casi únicos beneficiarios son unos futbolistas que no les dan satisfacciones y en quienes cada día se les hace más difícil sentirse representados. Esto último es fundamental. El Athletic ha podido ser diferente durante más de cien años porque sus hinchas han sentido que sus jugadores les representaban de la mejor manera, porque estaban orgullosos de ellos, de su actitud, de su saber estar, de los valores que reflejaban, de sus victorias, de su fidelidad. Porque les admiraban. Les admiraban tanto, de hecho, que les seguían venerando toda la vida.

Todo esto ha quedado barrido por los nuevos tiempos del fútbol global. No es fácil sentirse representado ahora por los actuales jugadores del Athletic. Para empezar, porque ellos mismos, por lo que se ve, no creen que deban representar a nadie. Sólo a sí mismos. Ni dan satisfacciones deportivas, ni se les ve un compromiso especial por el hecho de jugar en el equipo de su tierra, ni demuestran fidelidad -todo lo contrario: a la primera buena oferta del exterior salen corriendo-, y encima nos avergüenzan con actuaciones estelares como la de Williams en las fiestas de Bilbao. Eso sí, son los primeros que luego salen a defender como un solo hombre la filosofía del club, al fin y al cabo una gran bicoca que les elimina la competencia, les rebaja las exigencias deportivas y les permite cobrar muy por encima de su valor en el mercado. La verdad es que cada día cuesta más sostenerse en el alambre de las paradojas que vivimos en el Athletic.

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