El Athletic espanta a su público

El Athletic espanta a su público

El equipo de Ziganda vuelve a dar una imagen muy pobre en San Mamés y sucumbe ante un Levante liderado por Morales, que hizo el 1-3 con una maniobra antológica

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Puesto a plantearse objetivos menores con los que ir tirando hasta que baje el telón, el Athletic se impuso ayer el de romper su mala racha en San Mamés, que esta temporada se ha convertido en la casita de paja del hermano vago en el cuento de 'Los tres cerditos'. Un soplo del lobo y se viene abajo. Había que obtener la sexta victoria del curso y a ser posible con un fútbol agradable. Estas eran las esperanzas y esto es lo que, una vez más, incluso en un día talismán como solían serlo los lunes, saltó de nuevo por los aires en otro partido malo como la tiña de los rojiblancos. A este paso, el estadio acabará casi vacío. Ayer ya hubo menos de la mitad del aforo y esto sigue bajando. Normal. Es cierto que los que faltaron se perdieron un gran gol de Raúl García, pero es que el Levante hizo tres, dos de Bardhi de falta y el último, antológico, del gran Morales casi al final. Y no sólo eso. Es que los granotas fueron superiores, como lo fue hace dos semanas el Deportivo, al que ayer hundieron. Y venir al campo a sufrir y perder hasta el apetito tampoco es plan.

Lo cierto es que el partido no empezó tan mal. Es probable que los deprimentes espectáculos vistos a lo largo de la temporada nos hayan rebajado a todos el listón de la exigencia y ya nos conformemos con poca cosa, pero hay que reconocer que nos entretuvimos tras el pitido inicial. Los dos equipos querían jugar, el Athletic por orgullo y el Levante porque todavía no tenía hechos los deberes de permanencia. Y eso siempre es una buena noticia. En general, suele ser sinónimo de un toma y daca, de un fútbol dinámico, abierto, sin demasiado cálculos. El más eficaz de cara a portería suele imponerse en esos pulsos apretados y ayer el primero en golpear fue el equipo de Ziganda. Lo hizo con un impresionante crochet de derecha de Raúl García, que cada cierto tiempo saca el martillo y hace una demostración de cómo se pega a un balón. El golazo, aunque aquél fuera un tiro directo y éste cruzado, recordó a la maravilla de Riazor la pasada temporada.

Era el minuto 9 y fue obligado pensar que las cosas se le ponían bien al Athletic. Al fin y al cabo, ahora que no tiene sentido obsesionarse con la recaudación de puntos, es el momento de jugar sin ataduras, con libertad, casi por el puro placer de hacerlo. Al grupo de Ziganda, sin embargo, le chirrían los engranajes. Le faltan automatismos y, sobre todo en San Mamés, cuando no está Aduriz, sufre una barbaridad para coser sus jugadas de ataque. Williams sirve para muchas cosas, pero no como referencia. Ni como goleador puntual. ¿O alguien cree que es una casualidad que lleve toda temporada y parte de la anterior sin marcar en Liga en su campo? El caso es que los rojiblancos fueron decayendo en la misma medida que el Levante florecía poco a poco. Se pusieron a jugar con categoría los valencianos, escarbando muy bien por la banda derecha y aprovechando arriba la velocidad y la generosidad en el esfuerzo de Boateng y del comandante Morales, un futbolista ejemplar.

1 Athletic

Kepa; De Marcos, Unai Núñez, Iñigo Martínez, Balenziaga (Mikel Rico, m.82); Susaeta (Sabin Merino, m.75), Iturraspe (Muniain, m.62), San José, Córdoba; Raúl García y Williams.

3 Levante

Oier; Pedro López (Jason, m.78), Chema, Postigo, Luna; Coke, Jefferson Lerma, Campaña, Bardhi (Lukic, m.70); Morales y Boateng (Martí, m.83).

Goles
1-0, m.8: Raúl García. 1-1, m.42: Bardhi. 1-2, m.44: Bardhi. 1-3, m.90: Morales.
Árbitro
Munuera Montero (Comité Andaluz). Mostró tarjeta amarilla a los locales Iturraspe, Raúl García (m.53), y a los visitantes Bardhi (m.45), Lerma (m.55) y Jason (m.89).
Incidencias
Partido correspondiente a la trigésimo cuarta jornada de LaLiga, disputado en San Mamés ante 24.587 espectadores, según datos oficiales. La peor entrada de la temporada en lo que va de liga.

Kepa salvó el empate en el minuto 11, tras sacarle un mano a mano a Boateng. Poco después, Coke falló un gol inexplicable, solo y al borde del área pequeña, lanzando un tirito de chichinabo a las manos del portero de Ondarroa. Fueron dos avisos muy fáciles de interpretar para los pupilos de Ziganda. O volvían a apretar o iban a sufrir. Porque el Levante no sólo estaba vivo y coleando sino cada vez más a gusto en el campo. Su dominio se fue agrandando ante un Athletic sin ideas. O mejor dicho: sólo con una, buscar algún contragolpe de fortuna que no acabaron de encontrar. Lo cierto es que el empate, visto como un acto de justicia, se adivinaba en el horizonte.

Más información

Lo que nadie pudo imaginar es cómo iban a llegar los goles del equipo de Paco López. Porque no sólo fue uno sino dos, prácticamente seguidos en los minutos 43 y 45 y de la misma manera: dos libres directos, a la izquierda del área bilbaína, que Bardhi embocó con maestría. Sus golpeos fueron ambos magníficos, pero quedó la sensación de que Kepa pudo hacer más y, desde luego, que planeó mal la barrera. Que le sorprendiera el primero, pase. Que lo hiciera también el segundo, exactamente por el mismo sitio, ya fue más indigesto. Y es que a este Athletic tan pobre ya sólo le falta que Kepa le de también disgustillos. La gente, los 24.587 héroes que acudieron a La Catedral, llegó mosqueada al descanso, incapaz de entender las tremendas penalidades futbolísticas que le plantean a su equipo no ya los grandes sino los rivales más modestos.

El mal humor prosiguió durante la segunda parte. Los rojiblancos continuaron sin carburar, planos hasta la exasperación y con futbolistas importantes en una versión muy disminuida. Disminuida y desgraciadamente conocida, puntualicemos. Aparte de Williams, y en cierta forma en su descargo, hay que reconocer que las bandas fueron un erial. De Marcos y Susaeta aportaban poco o nada, bastante tenían con sufrir el tormento de Morales, lo mismo que Balenziaga y Córdoba, al que se le adivina una peligrosa tendencia a ser un jugador gaseoso, sin continuidad, de ratitos, de detalles. La salida de Muniain por Iturraspe aportó un poco de electricidad. Sin más. El Athletic se dedicó a meter centros al área. Lo de siempre. Raúl García y Williams pudieron marcar, pero no hubiera sido justo para un Levante que siempre fue mejor y se acabó coronando de la mejor manera posible: con un golazo antológico de ese crack que es Morales.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos