Este contenido es exclusivo para suscriptores

Vive informado todo el año y que nadie te lo cuente. Tu suscripción anual por solo 49.95€

logo-correo-on2.svg
Acceso ilimitadoNuevas secciones y más contenidosNueva app exclusiva sin publicidadInteractúa con los periodistasNuevas newsletters de autorOfertas y eventos exclusivos

Siete años y cinco meses de lecciones

Josu Urrutia deja su cargo convencido del gran valor de su legado y, sobre todo, de haber mostrado la única forma verdadera y consecuente de ser presidente del Athletic

Siete años y cinco meses de lecciones
Ivan Mata
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

La noche del 7 de julio de 2011, desde las escaleras de Ibaigane, en sus primeras palabras a los socios tras haber sido elegido presidente del Athletic, Josu Urrutia quiso hacer una distinción a la que pareció dar mucha importancia. Nadie de los allí presentes lo esperaba. Realmente, fue algo extraño. En un momento de gran felicidad, el nuevo mandatario rojiblanco quiso prevenir a todos contra un equívoco que ni siquiera se había suscitado y aseguró que él «no era» presidente del Athletic sino «que estaba» de presidente. El mensaje tuvo un eco limitado en medio de otros más optimistas y efusivos, propios de la noche electoral. Sin embargo, no pudo ser más revelador. Urrutia empezaba a distinguirse él mismo de todos sus predecesores, que nunca sintieron la necesidad de hacer esa curiosa distinción entre el ser y el estar. De hecho, ni se la plantearon. Sencillamente, eran presidentes porque los socios les habían otorgado esa condición y estarían como presidentes hasta que concluyera su mandato.

 

Fotos