susaeta, once años debutando

El estreno. El 2 de septiembre de 2007 Susaeta debutó contra el Barcelona en el Camp Nou. /EC
El estreno. El 2 de septiembre de 2007 Susaeta debutó contra el Barcelona en el Camp Nou. / EC
JON AGIRIANO

Titular indiscutible para Eduardo Berizzo, Markel Susaeta puede convertirse a final de temporada en el tercer jugador que más partidos ha disputado con el Athletic. En la actualidad es el sexto, con 484, pero si mantiene su regularidad de los últimos años batirá a Piru Gainza, que le supera en 10, y a sus excompañeros Iraola y Joseba Etxeberria, que le sacan 26 y 30, respectivamente. Es más, todo indica que, de aquí al final de su carrera, el guipuzcoano acabará superando la cifra de 541 partidos de Txetxu Rojo. Le faltan 57. Hablaríamos entonces de Markel Susaeta como el futbolista de campo que más veces ha vestido la camiseta del Athletic. Iribar seguirá en su pedestal (614), aunque quién sabe si, dentro de un par de años, tenemos que escribir que 'Susa' tiene a su alcance al Chopo y amenaza su récord.

Antes de que a algunos socios veteranos del Athletic especialmente sensibles y nostálgicos les de un pasmo pensando en que Susaeta va a ocupar ese lugar de honor, convendría insistir en una realidad que, por muy evidente que sea, parece que algunos olvidan. Me refiero a que esta estadística tiene un valor muy relativo, ya que ahora se juegan casi el doble de partidos por temporada –a veces, sin casi– que en los tiempos de las grandes figuras del Athletic. Y cuando digo el doble no lo digo de una forma vaga e imprecisa, con una laxitud veraniega, tan poco periodística, sino de lo más ajustada. Las campañas de Gainza eran de 26 o 30 partidos de Liga más lo que se jugaban de Copa. Y ahora pasan fácilmente de los cincuenta si se juegan las tres competiciones. La pasada campaña, por ejemplo, Ziganda dirigió al equipo en 54 partidos y eso que el paso por la Copa no pudo ser más efímero. Recuerden, por ejemplo, que Susaeta llegó a disputar 63 encuentros en la campaña 2011-12. No faltó en ninguno.

Aclarado queda para los sensibles y nostálgicos, quienes también se podrían consolar –se lo recuerdo encantado, ya que me cuento entre ellos– pensando en los partidos que hubiera jugado Susaeta en el Athletic de haber tenido en su posición a jugadores que estuvieron antes, en los tiempos gloriosos del club, como Lafuente, Iriondo, Artetxe, Dani... Casi nada. Dicho todo esto, toca elogiar al eibarrés por la enorme regularidad que viene demostrando desde que Joaquín Caparrós le subió al primer equipo en el verano de 2007. Es cierto que sigue teniendo sus detractores, aficionados a quienes se les indigesta sin remedio. Algunos le tienen incluso alergia. Ahora bien, mi impresión es que cada día es más reconocido por San Mamés, como si, a fuerza de verle jugar siempre, se hubieran ido descabalgando muchos de los prejuicios que suscita y se hubiera impuesto la evidencia de que algo tendrá el agua cuando la bendicen. Y a Susaeta, no podemos olvidarlo, le han bendecido Caparrós, Bielsa, Valverde, Ziganda y, al menos por ahora, Berizzo.

Soy de los que cree que es un deber valorar en su justa medida a este futbolista. No importa que a veces nos hayamos desesperado con él. Yo, por ejemplo, confieso que, tras verle fallar en el Sánchez Pizjuán aquel gol cantado que nos impidió alcanzar unas semifinales de la UEFA, tardé meses en superar mi deseo de organizar un plan para secuestrarlo. Iba a ser similar al del viejo Casale en el cuento de Fontanarrosa, pero con otro objetivo. Le acabaríamos introduciendo en la bodega de algún barco que estuviera atracado en el puerto de Bilbao y partiera con un rumbo exótico y lejanísimo, a Papúa-Nueva Guinea, las islas Cook... Algo así.

Con el tiempo, sin embargo, todo se va borrando, incluidos esos arrebatos, y se condensa algo parecido a la verdad. En el caso de Susaeta, la de un competidor febril, un futbolista incesante que nunca deja de ofrecerse a sus compañeros, un hombre que jamás escatima un esfuerzo. En este sentido, hablamos de un jugador ejemplar en el que harían muy bien en mirarse todos esos canteranos que suben al primer equipo y a los cuatro días ya se les baja la fiebre. Susaeta, en cambio, lleva once años debutando. Lo hace en cada partido.

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