Tarde de fiesta en San Mamés

Juan Carlos Latxaga
JUAN CARLOS LATXAGA

Como esos comensales que se suelen reservar para el postre, o eso dicen, el Athletic se dejó lo mejor para el final de la temporada en San Mamés. El personal se preguntaba en el descanso cuándo había sido la última vez que el Athletic había acabado el primer tiempo con tres goles de ventaja y nadie se sabía la respuesta. Tampoco importaba demasiado porque el personal estaba a otras cosas. Sonó el 'You'll never walk alone' por la megafonía y la grada se puso melancólica, rememorando quizá hazañas que últimamente solo puede disfrutar por televisión y por equipo interpuesto.

La canción iba dedicada a Bill McNeill, claro, porque la tarde estaba metida en homenajes. Y estas tardes festivas suelen tener su peligro, no crean. La gente se despista y no está a lo que se celebra y luego pasa lo que pasa. El partido contra el Celta venía envuelto en mucho ruido, demasiado. En Bilbao se había hablado a lo largo de la semana de muchas cosas menos de un encuentro que era obligado ganar para que la fiesta final sea de las de verdad.

Tampoco fue una buena señal la pancarta que intentaron desplegar en la Tribuna Este antes el partido. Debieron de usar material de marca blanca porque lo que debía de ser un llamamiento gráfico a la épica, no pasó de churro más bien penoso.

Puestos a buscar señales y metidos de lleno en la cosa esotérica, digamos que el Celta quiso tocarle un poco las narices al Athletic cambiándole de campo en el sorteo. Estos pequeños detalles que a la gente corriente le parecen una tontería, a veces suelen ser suficientes para incomodar a los futbolistas profesionales. Esta vez no hubo caso, porque lo del sorteo de campos fue el único gesto rebelde del equipo gallego durante toda la tarde. El grupo de Escribá solo tuvo la pinta de ser un equipo que se está jugando la vida durante los primeros diez minutos. El tiempo que los de Garitano necesitaron para centrarse en lo primordial olvidando lo accesorio.

Este Celta no tiene secretos para nadie. Es Iago Aspas y diez más. Y de los diez algunos son bastante prescindibles. Hablamos de un equipo que tiene cierto peligro en ataque si su estrella está inspirada, pero que se abre en canal cuando le toca defender.

En apenas minuto y medio el Athletic dejó resuelta la cuestión principal de la tarde, o sea que los tres puntos se quedaran en casa. Muniain provocó un penalti de esos que no necesitan VAR. Araujo le hizo una entrada que si la hace en la Gran Vía le detienen. Raúl García fue el ejecutor. Noventa segundos después Capa, Williams y Muniain trenzaron una jugada al primer toque que Raúl volvió a culminar en la red. En realidad, fue entonces cuando el personal empezó a hacerse preguntas en San Mamés. ¿Cuánto tiempo hacía que no se veía una jugada de ataque al primer toque que acabara en gol?

Los malos augurios, la prevención histórica que las gentes del fútbol suelen tener ante estos partidos con homenajes y asuntos varios que dispersan a los futbolistas, desaparecieron cuando apenas se había cumplido el primer cuarto de hora. El Celta no estaba para nada y el Athletic se sintió más cómodo que nunca.

Así que con el marcador más que resuelto después de que Williams aprovechara el regalo del portero, la tarde se puso un tanto vintage, con todos los partidos jugándose a la misma hora y la gente haciendo cábalas y cálculos. Antes a estas tardes se las llamaba tardes de transistor, todo el mundo con el aparato pegado a la oreja y atento al carrusel. Ahora, eso se ha cambiado por el teléfono móvil y las aplicaciones que te van dando información en tiempo real, pero en el fondo es lo mismo.

Si no llega a ser porque después del partido se oficiaba la despedida de Susaeta, Iturraspe y Mikel Rico las gradas se hubieran vaciado para el minuto 60. Había muy poco que ver si hablamos de fútbol, pero había mucho que aplaudir a tres futbolistas que nos han dado grandes momentos. Al final la tarde fue una fiesta. Bien está lo que bien acaba.

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