Iñigo Martínez, uno de los mejores en Getafe, se dirige a los aficionados rojiblancos en el Coliseum. / Athletic

Teoría del runrún que pone nerviosos a los futbolistas del Athletic

Tal vez considera Marcelino que las crónicas y artículos deben ser voluntaristas repitiendo el mantra de que si no las enchufan ya las enchufarán

Miguel González San Martín
MIGUEL GONZÁLEZ SAN MARTÍN

El Athletic prescindió ante el Getafe del menor escrúpulo futbolístico y volvió a instalarse en la vulgaridad, con la desoladora falta de juego y de imaginación que le viene caracterizando cuando se enfrenta a los colistas. Tras jugar un gran partido con el Madrid volvió a la más ramplona mediocridad, que le dio justo para empatar, de nuevo a cero, con el Getafe. Y gracias. Habría salido derrotado de no ser por las tres paradas de Unai Simón, la última extraordinaria, en la que puso la mano como si fuera una barra de hierro.

Poco más se puede decir. El partido fue un tostón, en la estela decepcionante de los jugados ante el Granada, el Levante y el Cádiz, que no son precisamente unas luminarias del fútbol mundial. El balón llegaba más o menos a trompicones al centro del campo y una vez allí languidecía por falta de imaginación, de manera que los delanteros estuvieron desasistidos, y las pocas que tuvieron, como el gran pase de Nico Williams a su hermano, las desperdiciaron. No se puede meter goles sin chutar siquiera, sin acierto cuando las oportunidades abundan, como en el día del Madrid, sin generar apenas alguna, como ante el Getafe. Las limitaciones técnicas son cada vez más evidentes, incluso en cosas tan básicas como el control del balón o la devolución de paredes.

Está bien que el entrenador defienda a sus jugadores, pero no sé si hasta el punto de insinuar, y lo ha vuelto a hacer Marcelino, que el bajísimo porcentaje de acierto ante el gol, lo que no es una opinión sino una mera estadística, que se viene repitiendo inexorable año tras año, se produce por la exigencia de la crítica, que pone nerviosos a los futbolistas. Esta vez habla de runrún y no creo que se refiera a los aficionados desplazados a Madrid, confiemos en que no solo para ver un partido tan deslavazado, que estuvieron animando, incansables, hasta el final. Tal vez considera que las crónicas y los artículos de opinión deben ser voluntaristas hasta el optimismo milagrero, repitiendo el mantra de que si no las enchufan ya las enchufarán. Serían entonces condescendientes, miopes, tan poco verosímiles como los elogios exagerados del entrenador.

Zarraga jugó constreñido pegado a la banda, no mezcló tan bien con De Marcos como en el partido anterior. Por la izquierda, Nico Williams volvió a dejar destellos de clase, si bien discontinuos. Los medios centros repitieron el partido de siempre, voluntarioso, entregado, irreprochable en el empeño, pero con poca chispa, sin elaborar despliegues creativos, sin filtrar pases con ventaja para los delanteros.

El Getafe regó concienzudamente, en el descanso, tan solo la zona que iba a ser su frente de ataque. Nadie pareció darse cuenta de ello, y los defensas del Athletic se resbalaron en varias ocasiones de manera inquietante.

Los cambios llegaron más tarde de lo habitual, y no aportaron nada reseñable. Pareció más bien que se produjo cierto desajuste, como en la jugada que pudo decidir el partido, con el futbolista del Getafe rematando solo y a placer. Menos mal que tenemos a Unai Simón.