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Iñaki Williams remata y marca en fuera de juego en el partido de miércoles ante Osasuna en El Sadar. Ignacio Pérez
Una trayectoria peligrosa

Una trayectoria peligrosa

Que el Athletic tenga sus opciones intactas no significa que no esté atravesando una seria crisis de juego y de consistencia

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Jueves, 2 de marzo 2023, 22:36

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Como el Athletic mantiene intactas todas sus opciones tanto en la Liga como en la Copa, expresar las dudas y reconocer la preocupación que provoca el rendimiento del equipo parece algo incorrecto, propio de mentalidades cenizas o disolventes. Y, sin embargo, tal y como están las cosas, se antoja una obligación. Porque lo cierto es que el Athletic de Valverde ha entrado en una trayectoria peligrosa que, de no corregirla, puede acabar arruinándole esa temporada que, hasta el regreso de la competición tras el Mundial, parecía de lo más excitante y prometedora.

Se podrá decir que los dos últimos partidos ante Girona y Osasuna han sido tan pobres y decepcionantes que han ensombrecido todos los análisis. Iluminarlos, la verdad, no los han iluminado, pero la cuestión no han sido estas dos derrotas sino estos dos últimos meses. En los catorce partidos anteriores al Mundial, el Athletic sumó 25 puntos, un 59% de los que disputó. En los nueve siguientes, ha recaudado ocho, un 29%. De irse de vacaciones en zona de Champions ha caído hasta el noveno puesto. En este ciclo negativo se le han escapado, quizá sin remedio, quienes eran sus principales rivales antes de la cita de Qatar: el Atlético le ha sacado diez puntos, la Real, nueve, y el Betis, ocho.

El dato

7 remates

a portería ha sumado el Athletic en los tres últimos partidos, saldados con derrotas. Dos ante el Atlético, tres contra el Girona y otros dos el miércoles en El Sadar.

Estas estadísticas son de sobra conocidas, como lo es la que nos indica que el Athletic, llegada la jornada 23, suma dos puntos menos que la pasada temporada (32 frente a 34). Es decir, se encuentra en una situación similar a la del año pasado. Sin olvidar, por supuesto, que ayer mismo, un 2 de marzo pero de 2022, los rojiblancos quedaron eliminados de la Copa tras perder en Mestalla y ahora, en cambio, todavía están con vida en su torneo favorito. Ahora bien, de un año a otro se ha producido una diferencia muy curiosa que conviene resaltar porque hace un retrato profundo del equipo.

Estadística

El equipo ha pasadode sumar el 59% de los puntos antes del parón a un 29% después de Qatar

Veamos. A estas mismas alturas, el Athletic de Marcelino había ganado al Real Madrid y al Barça en la Copa, al Atlético de Madrid en la Supercopa, había empatado con Barcelona y Atlético en la Liga, había ganado y empatado los dos partidos contra la Real y había superado también al Betis. Esta campaña, en cambio, sólo ha acumulado derrotas contra esos equipos de grueso calibre, salvo un empate en el Villamarín. Contra rivales de la parte baja de la tabla, por el contrario, la tropa de Valverde está siendo bastante más fiable que la de Marcelino. De haber sumado en la jornada 23 un total de 14 puntos en los nueve partidos contra los siete últimos clasificados, ha pasado a 23.

Caminos distintos

Por supuesto, no se trata de ninguna casualidad. Hace un año, los rojiblancos eran un equipo más sólido y consistente en defensa. Sólo habían encajado 17 goles frente a los 26 actuales. Es decir, eran un hueso más duro de roer para los grandes. Pero también eran más asequibles para los pequeños, ya que tenían menos profundidad y gol (llevaban 23 y ahora ya han marcado 33). Dicho así, se podría decir que el equipo estaría más o menos en el mismo lugar, pero por caminos distintos.

El problema del Athletic, sin embargo, no es el lugar en el que está sino su trayectoria, la dirección descendente que se le aprecia. Su fútbol cada vez resulta más deslavazado y carente de equilibrio, algo muy peligroso en un momento de la temporada en la que los equipos están muy rodados y, por una razón o por otra, juegan con el cuchillo entre los dientes. Los últimos cuatro partidos han sido una buena demostración de ello. En Valencia se ganó de churro gracias a las paradas salvadoras de Unai Simón y ante Atlético, Girona y Osasuna no sólo se ha perdido sino que el equipo, aparte de un fútbol muy pobre, ha dejado una estadística de escalofrío: siete remates a portería sumando los tres encuentros.

Los delanteros

El Athletic echa de menos más fortaleza defensiva y más regularidad y eficacia por parte de sus atacantes

La impresión es que Valverde, dicho de un modo coloquial, se está haciendo un lío con una plantilla realmente compleja de armonizar, como se ha visto en los últimos años con otros entrenadores. A cada opción le ve un anverso y un reverso. ¡Y es que lo tienen! Su apuesta más común es situar, por delante de Vesga, que tampoco es precisamente Mauro Silva a nivel defensivo, a Muniain, Sancet, los Williams y Berenguer, de los cuales sólo este último se faja sin balón. Y, claro, el riesgo es evidente ante rivales de envergadura. Porque, además, estos jugadores citados tampoco son una garantía en ataque. Tienen sus días. Y a dos de ellos, como Muniain, que no marca en Liga desde hace casi once meses, e Iñaki Williams, que no marca desde hace cuatro, se hace difícil recordarles el último bueno.

Para paliar esa debilidad defensiva en los partidos de más voltaje, Txingurri ha caído varias veces en la misma tentación que sus predecesores: la elección de la pareja Vesga-Dani García. No parecen haberle importado los precedentes, lo cual demuestra que los entrenadores, aparte de su librillo particular, también viajan a los equipos con un punto inevitable de adanismo. Lo decimos porque los precedentes eran de una rotundidad tremenda. Garitano consiguió con ellos una victoria en diez partidos. Marcelino utilizó poco la combinación, pero lo suficiente para que la pasada temporada le diese tres disgustos de campeonato: las derrotas contra Cádiz y Mallorca en Liga y la derrota contra el Valencia en la semifinal de Copa. Con Valverde tampoco ha funcionado: cuatro partidos sellados con un empate ante el Betis y tres derrotas ante la Real, el Atlético y Osasuna el pasado miércoles.

Parece evidente que Valverde se haya atrapado por el dilema que el legendario Elba de Padua bautizó como el de la manta corta. No encuentra una que le cubra los pies sin dejarle al aire la cabeza. Y viceversa. Que Herrera se haya pasado la temporada en la enfermería, que Vencedor no cuente para nada y que Zarraga haya desaparecido por razones misteriosas, no ayudan desde luego a solucionar este problema tan comprometedor.

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