El día que Txetxu Rojo evitó que el banco desahuciara a Cañizares y su familia

El entrenador coincidió con el entonces joven guardameta durante dos temporadas en el Celta de Vigo

A. MATEOS

La historia de Txetxu Rojo va más allá del Athletic. En Bilbao hizo historia pero su legado futbolístico se extiende por todo el país. No solo los athleticzales lloraron su muerte -este martes fue su funeral en la basílica de Begoña- el pasado viernes, también las aficiones de Osasuna, Zaragoza, Rayo y Celta, entre otras. Equipos donde dejó un gran recuerdo tras su paso por los banquillos.

En el equipo gallego coincidió con un joven guardameta llamado Santi Cañizares. Aquel jugador todavía era un chaval de 22 años, pero ya apuntaba maneras. Txetxu Rojo llevaba un año en Vigo cuando 'Cañete' aterrizó en la ciudad después de dejarlo todo atrás. Llegaba a Galicia para demostrar su valía bajo los palos. En la capital de España se quedaban su familia y su club -el Real Madrid- que acordó con el Celta en el verano de 1992 una cesión de dos años.

Cañizares llegó a Balaídos con el oro olímpico y prácticamente sin haber realizado la pretemporada con el conjunto celeste. Pero Txetxu Rojo le mostró su confianza y le otorgó la titularidad en el primer partido de Liga. El 6 de septiembre, los vigueses perdieron el derbi contra el Dépor pero Cañete convenció, y se asentó como el guardamenta titular. Y así fue durante las dos temporadas que coincidieron.

Pero aquellos inicios no fueron fáciles para aquel campeón olímpico. Cañizares desveló en su autobiografía que aquel año su familia tuvo que hacer frente a un desahucio: «Recién llegado al Celta, en septiembre, tuve un problema de índole económico que suponía perder la casa familiar por una deuda de tres millones de pesetas (18.000 euros) y mi padre recurrió a mí. Pedí ayuda al club en modo de un adelanto para resolver el tema, pero no atendieron mi petición, aunque esta situación llegó a oídos de Txetxu Rojo». La leyenda rojiblanca, sin dudarlo, descolgó el teléfono y llamó al joven guardameta para tratar el asunto. 'Cañete' cuenta que «Txetxu, que apenas me conocía desde hacía unas pocas semanas, me ofreció un cheque suyo personal con la cantidad que yo necesitaba».

Semanas después, en octubre, el portero cobró la prima de la Federación por el oro olímpico logrado en agosto y con ese dinero pudo devolver el anticipo. Cañizares recuerda con especial emoción aquella anécdota: «Me dijo que no me quería tener en el equipo con problemas extradeportivos y que resolviera la situación. Lo hizo sin marcarme una fecha de devolución del dinero, pedirme documentación o hacerme firmar un papel», precisa.

La vida por aquel entonces de un futbolista no era como la actual. Por mucha etiqueta que tuviese de canterano del Real Madrid, su sueldo era ridículo comparado con el de las grandes estrellas. El salario de un juvenil podía rondar los 6 millones de pesetas (36.000 euros anuales) -cantidad que cobró Butragueño cuando debutó-, mientras Laudrup -fichaje estrella del Real Madrid aquel verano- firmó un contrato de 250 millones de pesetas anuales (1,5 millones de euros). Hacer frente a un pago de tres millones de golpe resultaba imposible para Cañizares.

Aquel gesto de Txetxu quedó grabado en la mente del portero, que siempre agradeció al rojiblanco su ayuda cuando el club le dejó tirado. En sus memorias recuerda al mito como «alguien especial, muy humano y un grandísimo deportista al que tuve la inmensa fortuna de cruzarme en mi vida» y asegura que «desde aquel momento, beso por cualquier sitio por el que deba pasar Txetxu Rojo».