26 de febrero de 2017. Iraola, ya retirado, entrega a Valverde una camiseta conmemorativa de los 292 partidos como técnico rojiblanco.

Valverde e Iraola, maestro y discípulo, frente a frente

Debutaron el mismo día en el Athletic, uno como entrenador y otro como futbolista. Este sábado libran su primer duelo como técnicos

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Pase lo que pase durante el Athletic-Rayo de este sábado, lo más probable es que la imagen del partido se produzca antes de que el balón se ponga a rodar en San Mamés. Seguro que los fotógrafos ya están imaginando la escena y preparándose para tomar la mejor posición, el ángulo más conveniente. Será el encuentro entre Ernesto Valverde y Andoni Iraola, maestro y discípulo aventajado, dos buenos amigos y leyendas rojiblancas que nunca se han enfrentado entre sí como entrenadores. Pero para todo hay una primera vez.

El mejor ejemplo de la estrecha relación entre ambos se vivió en el último encuentro que tuvieron en público. Fue el 26 de febrero de 2017, antes de un partido entre el Athletic y el Granada. Una semana antes, en Mestalla, Txingurri había sumado 291 partidos como técnico rojiblanco superando el récord de 290 que ostentaba Javier Clemente y el club le preparó un pequeño homenaje. Josu Urrutia le entregó sobre el césped una placa conmemorativa y, cuando Valverde se retiraba hacia su banquillo, se produjo la sorpresa. Retirado un año antes tras colgar las botas en el New York y comenzando ya su carrera como entrenador en los juveniles del Antiguoko, Andoni Iraola emergió del túnel de vestuarios con una camiseta del Athletic con el dorsal 292. Fue muy emocionante.

Nadie mejor que el exfutbolista de Usurbil para tener ese detalle con Valverde en nombre de todos los jugadores. Y es que con ningún otro había establecido un vínculo tan estrecho. Sus carreras, la de uno como técnico y la del otro como jugador, discurrieron casi en paralelo desde que sus destinos se entrelazaron cuando Iraola llegó a Lezama para ingresar en el Juvenil de Honor. Era el verano de 1999. Desde el primer momento, Txingurri sintió debilidad por aquel futbolista de aire tímido pero con mucha clase y personalidad dentro del campo. De manera que, cuando tras dos años en otras labores, primero como segundo de Txetxu Rojo y luego como ayudante de Andoni Zubizarreta, Valverde asumió el banquillo del Bilbao Athletic, lo tuvo muy claro: Iraola era indiscutible. Ejerciendo como interior derecho, lo jugó todo (37 partidos) y marcó 10 goles.

El debut, ante el Barça y en San Mamés

Al verano siguiente, el técnico de Viandar de la Vera se hizo cargo del primer equipo. Recién fallecido Javier Uria, la directiva presidida por Ignacio Ugartetxe, con Zubizarreta como gran valedor, apostó fuerte por él pese a su inexperiencia en Primera. Aunque a muchos les pareció un riesgo excesivo, pronto se reveló como un acierto total. Puesto a completar su plantilla, Valverde no tuvo ninguna duda de que el salto de Iraola al primer equipo era inaplazable. Es más, estaba secretamente convencido de que ese chaval, de 21 años recién cumplidos, podía ser un refuerzo importante. De manera que el 30 de agosto de 2003, ni más ni menos que contra el Barcelona en San Mamés, uno como entrenador y otro como futbolista, Valverde e Iraola debutaron con el Athletic.

Los rojiblancos perdieron aquel clásico. El equipo de Frank Rijkaard se adelantó en el minuto 11 con un gol de Cocú y no hubo manera de sobreponerse. Iraola, sin embargo, fue uno de los destacados y, desde su puesto de interior derecho, le dio muchos problemas a Van Bronckhorst, que también debutaba ese día con el Barça. Durante toda la Liga, el guipuzcoano jugó por delante del lateral. Tenía la total confianza de Valverde, pero aún así el técnico le dosificó mucho: durante la primera vuelta era raro el partido en el que no le sustituía antes de la hora. En la segunda campaña, Iraola pasó al lateral derecho, donde ya hizo el resto de su carrera, salvo algunas excepciones puntuales -es lo que tiene la versatilidad- como extremo o incluso medio centro.

Inteligencia y decoro

El futbolista de Usurbil acabó sumando 510 partidos, una cifra que bien pudo haber aumentado si no llega a tener la inteligencia y el decoro de irse antes de que alguien pudiera desearlo. Pues bien, casi un tercio de esos partidos los jugó a las órdenes de Valverde. También el último que disputó en San Mamés, doce años después de su debut y una semana antes de cortarse la coleta en la final de Copa ante el Barcelona en el Camp Nou, de triste recuerdo. Fue el 23 de mayo de 2015, en la última jornada de Liga. El Athletic ganó 4-0 al Villarreal, con gol de Iraola incluido. En la sala de prensa, Valverde no escatimó elogios a su pupilo. «Ha sido un gusto verle jugar todos estos años. Sabías que le dabas un balón y que el balón iba a salir mucho mejor de lo que lo recibía», comentó. En su fuero interno, siempre tuvo claro que Iraola acabaría siendo entrenador y que quizá algún día, por esas cosas de la vida, le tendría en el área técnica rival. Mañana es ese día.