Volver a la fábrica

Se debe aceptar que los jugadores con grandes ofertas se irán; por eso, el ritmo de producción de Lezama debe ser más rápido

Volver a la fábrica
MIGUEL GONZÁLEZ SAN MARTÍN

No siempre un gran jugador se convierte en entrenador de primer nivel. Hay ejemplos notables de los primeros, Cruyff y Guardiola, pero qué clase de jugadores fueron Mourinho y Lopetegui. Hay grandes entrenadores como Sacchi y Bielsa que fueron futbolistas mediocres, pero estudiosos incansables que crearon estilos inconfundibles. En el Athletic no hay un sólo entrenador de primer nivel surgido del mejor equipo que recordamos, el de los años ochenta. Zubizarreta y Noriega trabajaron en Lezama, De la Fuente entrena a la Sub'21, Goikoetxea y Sarabia entrenaron en Segunda, Liceranzu en Segunda B, Urtubi en Tercera. «¿No es raro que no me llame al menos un Segunda B?», me dijo Urtubi.

Del Athletic de los setenta salieron más entrenadores. Iribar, Sáez, Aranguren, Amorrortu, Irureta y Rojo I entrenaron al Athletic y a otros equipos de Primera. ¿Qué ha cambiado? El fútbol de ahora depende en buena medida de los representantes, que son a la vez personas físicas y jurídicas. Los fichajes de futbolistas y entrenadores pasan por la empresa tal o cual. El fútbol es un mero pretexto para el negocio, en manos de intermediarios y gestores que mueven el mercado pensando en sus intereses.

Es muy difícil llegar a ser un gran futbolista. Ya a los catorce años muchos se van quedando por el camino. Para el Athletic es decisivo acertar en esa criba colosal. Ya sé que es muy difícil, pero de ese acierto depende, cada vez más, que el equipo se mantenga en una posición digna en una Liga cada vez más mercantilizada. Todos los antiguos futbolistas que he citado fueron extraordinarios, y su suerte empezó cuando pasaron esa selección. Fue fundamental que algún entrenador de las categorías inferiores se fijara en ellos, les viera posibilidades, les diera oportunidades, no les consintiera venirse abajo. ¿Por qué no tuvieron suerte como entrenadores? La criba es aún más dura, pero es llamativo que los entrenadores de los equipos punteros no fueron jugadores extraordinarios. Valverde fue bueno, Lopetegi flojo, combativo Simeone, del montón Marcelino. ¿No es raro?

El Athletic tiene en su singularidad su fuerza y su flaqueza, lo que no sirve es la nostalgia de los buenos tiempos perdidos, hay que adaptarse a los nuevos. ¿Qué hacer? Aceptar que los jugadores con grandes ofertas se irán, por lo que el ritmo de producción de la fábrica de Lezama debe ser más rápido, hay que producir buenos jugadores en un periodo más corto de tiempo. Hay que invertir en recursos humanos y medios, darle la mayor importancia a la tarea de los ojeadores y los entrenadores de Lezama. Bielsa y Griffa recorrieron Argentina de arriba abajo buscando futbolistas para el Newell's, al que pronto hicieron campeón.

En su muestrario de paradojas, se le quedaron a Jon Agiriano en el tintero, en un artículo reciente en el que mostraba su preocupación por el futuro del Athletic, dos muy significativas. La primera es que hay aficionados tan escarmentados por las espantadas de jugadores, que prefieren que tal o cual jugador no meta demasiados goles, o no se luzca demasiado, no vaya a ser que se lo lleven. La segunda es que a veces prefieren que el Athletic no juegue en Europa, es decir, no quede ni siquiera el séptimo en la clasificación, porque la siguiente temporada se les hace a los jugadores demasiado larga. No me digan que no son paradojas extraordinarias, expresiones subconscientes de pesimismo.

Berizzo fue uno de aquellos muchachos que salieron campeones, como dicen los argentinos, con Newel's. Es muy pronto para juzgarle, pero ante el Huesca los jugadores corrieron sin parar, la primera exigencia de Gonzalo Beitia a aquellos juveniles que llegaron a ser campeones.

En general el Athletic tocó rápido y bien, pero hubo desajustes, acumulación de jugadores en las áreas por exceso de celo, vacíos repentinos en el centro que convertían en peligrosas las contras del Huesca. El Athletic fue mejor que con el Leganés y sin embargo empató. Es el fútbol.

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