Ziganda, cada día más cuestionado

Ziganda saluda a Raúl García, que pasó prácticamente desapercibido, al ser sustituido en Marsella. /MANU CECILIO
Ziganda saluda a Raúl García, que pasó prácticamente desapercibido, al ser sustituido en Marsella. / MANU CECILIO

Entrenador y plantilla se enfrentan de nuevo mañana a una afición crispada por el pobre espectáculo de Marsella y que está a punto de estallar

Juanma Mallo
JUANMA MALLO

El penoso espectáculo que ofreció el Athletic el jueves en Marsella ha supuesto un nuevo golpe bajo a la cada día más reducida credibilidad de José Ángel Ziganda, cuestionado por un importante sector de la junta directiva y de la afición y sólo sustentado en su cargo por la confianza que el presidente Josu Urrutia aún mantiene en él. El exfutbolista se resiste a destituir al técnico por el que apostó para reemplazar a Ernesto Valverde, a sabiendas de que no era del agrado de José María Amorrortu, director deportivo, y de algunos miembros destacados de su equipo de trabajo. El máximo dirigente del Athletic sabe que cuando ya comienzan a circular algunos nombres de posibles aspirantes al sillón de Ibaigane y su imagen atraviesa por el peor momento desde que ganó las elecciones en 2011, un cambio en el banquillo serviría en bandeja argumentos a sus críticos para apoyarse en una supuesta crisis institucional y forzarle a adelantar los comicios, que tiene previsto convocar a final de año, aunque no estaría obligado a hacerlo hasta marzo de 2019.

El rostro desencajado de Urrutia en el palco al término del partido ante el Olympique era fiel reflejo del enorme enfado del presidente con el rendimiento del equipo y con su entrenador. Sin embargo, fuentes consultadas por este periódico insisten en el mismo mensaje que transmitieron cuando en el último trimestre del pasado año la figura de Ziganda comenzó a perder peso: el presidente le mantendrá hasta final de campaña. Sin embargo, esta vez sí se atreven a dibujar un escenario que le podría obligar, muy a su pesar, a cambiar de opinión: un mal resultado mañana ante el Leganés y la eliminación europea el próximo jueves. Estos medios sostienen que, además del aspecto deportivo, Urrutia está enormemente preocupado por las relaciones plantilla-técnico. Cree que se trata de un pilar básico para poder afrontar las dificultades. Sin embargo, algunas decisiones técnicas de Ziganda -como la alineación del pasado sábado en el Sánchez Pizjuán- y, sobre todo, la estrepitosa caída en Copa ante un conjunto de Segunda B, como el Formentera, abrieron una herida que ha distanciado a futbolistas y entrenador, sobre todo a algunos de los pesos pesados de la plantilla.

Al mismo tiempo, el técnico de Larrainzar se muestra profundamente decepcionado con el rendimiento de ciertas piezas de su ensamblaje, que considera que pueden aportar al equipo mucho más de lo que están ofreciendo. No es ningún secreto que se trataría de futbolistas como San José, Lekue, Saborit y en menor medida Raúl García, entre otros.

Pasan las jornadas y no encuentra el rumbo Ziganda para este equipo quizá superado por la envergadura de la empresa de dirigir a un club con un enorme peso social como el Athletic, del que como futbolista fue un emblema y en el que como técnico ha tenido que escuchar «con pena», según personas de su entorno, «Cuco vete ya».

El público y la paciencia

En estas circunstancias, el vestuario y el preparador se encontrarán mañana con una hinchada que ve desbordarse el vaso de su paciencia. Y no sólo ellos. La junta directiva teme que un nuevo tropiezo vuelva contra el palco un posible estallido del público, un hecho, esta vez sí, que le colocaría a Urrutia y su grupo de trabajo en el centro de la diana de las críticas. Por eso, el mensaje interno que los dirigentes hacen llegar a Ziganda es que tienen que hacer todo lo posible para reconducir la situación, conscientes de que sólo un buen partido ante el Leganés y una noche épica frente al Olympique que dé al equipo la clasificación para cuartos de final supondría un respiro para los dirigentes. De lo contrario, sólo quedaría ver pasar las hojas del calendario a la espera de que termine una campaña penosa.

Así lo dejó caer el propio Aduriz al término del partido en Marsella. Peso pesado en el vestuario y una de las voces más autorizas de la plantilla, no se mordió la lengua cuando se puso ante los micrófonos de la televisión. Fue un mensaje de hastío por el comportamiento de los jugadores sobre el césped. «No ha sido un buen partido nuestro. Ellos han sido bastante superiores. Es un resultado muy difícil. Habrá que intentar hacer lo que podamos en San Mamés. Vamos a ir con todo; ha sido un mal día», arrancó su análisis el artillero, para luego bajar una pizca el nivel de censura y apelar a la remontada. «Vamos a pelear hasta el final. Ellos van a sufrir a San Mamés».

Apelación a la heroica. Igual que Ziganda. Tocado por el resultado, porque la última carta de su baraja está a punto de romperse, el técnico habló de que todavía hay vida. Sin argumentos de peso. Y lanzó el habitual mensaje hacia la caseta: «Esta plantilla merece un voto de confianza porque nunca se rinde. De ahí no me apea nadie», subrayó sobre un Athletic que solo ha ganado tres encuentros en 2018 de los 13 disputados; malos números en ese deseo por la voltereta y por estar en el bombo de cuartos de final dentro de una semana.

 

Fotos

Vídeos